Solos, muy solos

Querido Juan Pablo II: vivir la fe en el pueblo no es lo mismo que vivir la fe en la ciudad. Y sé muy bien por qué lo digo.

Esta mañana, me he levantado temprano para asistir a la Sta. Misa y he encontrado la puerta del templo cerrada (solo faltaba un rótulo que dijese: “Cerrado por descanso del personal”).

Igual que yo, otro grupo de personas se arremolinaban en la puerta con cara de pasmo y cierto malhumor. Una mujer que estaba a mi lado, ha empezado a alejarse mientras decía para sí “la mijititilla de fe que tenemos, nos la van a quitar”.

Y yo pensaba: y el mal no descansa nunca, y las ofertas para todo tipo de vicios y descaminos están “abiertos 24 h…”, y nosotros, en vez de “aumentar la oferta” hacemos recortes y “reducimos mercado”. Alguien tendría que dar unas clases de marketing a los sacerdotes de mi pueblo.

¿Puedes echarnos un cable desde tu posición privilegiada? No me entiendas mal. No es mi intención criticar a nadie, pero sí denunciar ciertos hechos. Por lo demás, seguro que hay una buena razón para este “portazo en las narices”, y una vez que la descubra, me sentiré culpable por estas líneas.

O quizás la reflexión final de todo esto, es que culpables somos todos y sálvese quien pueda. Tenemos obligación para con nuestros sacerdotes. Tenemos que apoyarles con nuestra oración, también con nuestro cariño .¿No será que están muy solos? …

Me despido como siempre, con todo mi cariño y gratitud.

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