El GATITO RONY(I)

Su casa era un barquito de papel. El problema eran los días de lluvia.

Se pasaba todo el rato achicando el agua que quedaba en cubierta y además la corriente le llevaba tan lejos que luego necesitaba días y mucha ayuda para volver a su parcelita.

– ¿Por qué no te haces una casa como todo el mundo? -le preguntó su amiga la Ardilla.

– Muy sencillo, porque no quiero ser como los demás.

– Eso está muy bien, pero un día de estos te vas a hundir.

– No será un problema. He comprado unas rosquillas cubiertas de chocolate que sirven perfectamente de salvavidas.

– Bueno, pero…

– No insistas amiga Ardilla, esta es mi casa y aquí me quedo- dijo muy decidido Rony.

Rony era un gato muy singular. De todos es sabido el miedo que tienen los gatos al agua, pero a él, le encantaba nadar y tirarse de bomba en los charcos que se hacían en la calle después de un buen chaparrón. ¡Se había hecho un pequeño trampolín con una cucharita de café!

– Hoy estás de malhumor, Rony-dijo la Ardilla


– Puede que tengas razón, es que hoy todavía no he comido. La lluvia se lo ha llevado todo ¡Vamos a ver qué encontramos!

Y la pequeña Ardilla y el travieso Rony se alejaron del barquito de papel, saltando de árbol en árbol y cantando a pleno pulmón aquello de “ matarile rile rile matarile rile ron”

– ¡Mira Rony, qué casa tan bonita y qué grande! Seguro que tienen una enorme despensa.

– Corre, ¡salta al camión que está entrando!

Y así, los dos agazapados en la cuneta del camión, atravesaron las enormes y señoriales rejas negras de aquella casa, que más que casa era una mansión, con seis perros y dos piscinas (una para personas y otra para perros)

– Tenemos que tener mucho cuidado, sobre todo yo-dijo Rony cuando vió un perro del tamaño de un elefante.

– No te preocupes, dijo Ardilla, si te cojen, lloraré mucho y te haré un bonito funeral, je,je.

– ¡No seas aguafiestas! No pienso ir a ningún funeral ¡y menos al mío!

Después de la lluvia el Cielo se había abierto y se había maquillado de un azul precioso y las nubes muy coquetas se habían puesto sus mejores trajes blancos, y todo estaba muy iluminado. El sol había secado la hierba y las sombras que hacían los cuerpos de Rony y Ardilla eran difíciles de esconder.

Saltaron y volvieron a saltar y al llegar al 6ª árbol descubrieron una ventana que estaba abierta y a la que podrían llegar con poca dificultad, que para eso eran campeones de saltos en las Olimpiadas que se hacían cada año en su Ciudad.

– ¡Muy bien! ¡Esa es nuestra entrada! ¿Preparada Ardilla?

-¡Preparada Rony!

Y tomando impulso desde la rama, la corrieron muy aprisa, dieron un gran salto y…aterrizaron en el pasillo de la Mansión.

Eso sí, cayeron de culo y acabaron con el pompi dolorido. Pero estaban muy contentos ¡Lo habían conseguido!

– ¡viene alguien, corre escóndete!-dijo Ardilla.

Y como son gato y ardilla y de correr saben mucho, los dos se lanzaron a una veloz carrera que les llevó dos pisos arriba por una preciosa y curva escalera alfombrada y allí, escondidos tras una maceta grande como un árbol gigante, decidieron “pensar”

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