Molinos de viento

Los molinos de viento, esos gigantes cabezudos, no andan por la meseta castellana.

El problema no es el gobierno, ni la amenaza nuclear, ni siquiera el fanatismo religioso.

Para esta guerra no hacen falta ni escudos ni escuderos.

Sí es importante el valor, el humor y la sencillez suficiente para entender que no viajamos en compartimentos estancos, que nos necesitamos, que cuando nos queremos nos ayudamos, que la vida es breve y el esfuerzo largo, que hay dolor, pero también muchísimas alegrías, que nuestros gigantes no son de piedra, ni de barro, ni hay que buscarlos…

El enemigo está dentro y desde dentro hemos de luchar, sabiendo que hay días buenos, regulares y  malos.

Pero…¿Qué pasa cuando nos cansamos? ¿Qué pasa cuando pensamos que no merece la pena, que no queremos seguir sufriendo, que no podremos superar tal situación, tal defecto, tal problema? ¿Qué pasa entonces?

Entonces…no pasa nada.

Hasta el día que llegue la muerte. Hasta ese instante hay que combatir nuestros molinos de viento, porque tirar la toalla antes sería de torpes, cobardes o necios.

Molinos de viento.

Los personales.

Cada cual busque en su alma.

Un beso cariñoso desde el Sur de España.

Fdo: Luisa.

 

 

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