En mil pedazos

Le estalló el corazón en mil pedazos.

Había acudido a su cita mañanera, como siempre.

Se sentó frente al mar y buscó una respuesta en el infinito.

Dicen que quien busca encuentra, y también para ella se cumplió aquella frase profética.

Quiso recomponerse a la vista de los viandantes, ocultar sus ojos bajo aquellas gafas azules, viejas y desgastadas que se habían vuelto parte de su piel.

Como quien hace un dibujo en el aire, marcó una cruz en su corazón y se acurrucó en la palabra “siempre”, porque cuando algo es verdadero quizás se transforme, pero en ningún caso puede acabar.

El sol se estaba desperezando, aunque ya brillaba alto.

Algunas gaviotas picoteaban en el rebalaje restos de alimentos.

Unos y otros, familias, gente solitaria, todos iban y venían, supongo que con algún destino concreto.

Ella permanecía impávida, hierática… ¿inerte?

Volvió con la mente a la oscuridad de la noche, volvió a escuchar aquella voz amiga, volvió a sentir la grandiosidad de lo inexplicable.

Abrió los ojos y contempló de nuevo el mar.

Si pudiera-expresó en voz alta-hacerle entender que cuando Dios enciende una luz en el alma, nunca se apaga;  que cuando Dios crea un espacio, ese espacio permanece para quien fue creado; si pudiera decirle cuánto amor siento,pero …

No podía.

Lentamente recogió sus cosas, se secó las lágrimas y siguió caminando.

Yo la vi.

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2 thoughts on “En mil pedazos

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