El cementerio, punto de encuentro

Es lo que tiene la vida, que llega la muerte.

Durante diez, veinte, treinta años-que se dice pronto-no hay tiempo para quedar, la vida pasa y nos morimos.

Entonces sí, entonces podemos parar el tiempo, aparcar las obligaciones y llegar al cementerio de la ciudad que sea.

Es el momento de los reencuentros, del cruce de conversaciones, de abrazos, de puesta al día.

El muerto ya lo está y poco le importa que vayamos a despedirlo; mejor habría sido quedar cuando había tiempo para charlar…pero apuramos la copa y dejamos correr los años hasta que ya es demasiado tarde.

Qué absurdo ¿verdad?

Pensando en mi propia muerte, y en todos aquellos a los que quizás ya nunca vuelva a ver, he creído oportuno aclarar que una vez muerta, les libero del compromiso de enterrarme. Para eso ya están los enterradores del ayuntamiento que sea.

Triste forma de ser la del hombre, que no cede en su soberbia y deja marchar a las personas sin reconciliarse.

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2 thoughts on “El cementerio, punto de encuentro

  1. Hombre, ahora mismo, no me viene bien morirme; clar que, una vez muerta, no me importa nada lo que hagan conmigo.

    El resto, he de decir, me preocupa un poco … me queda ese puntillo de ¿y si?.

    En todo caso, como muerta estaré, pues en realidad me dará lo mismo.

    O sea, que me interesa mucho más hoy; mañana, Dios dirá.

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