El poder de las palabras

Las palabras son poderosas.

Hay palabras que sanan, hay palabras que hieren, hay palabras que enseñan y hay palabras que nunca se olvidan.

Son arma de doble filo, porque al pronunciarlas, sin duda alguna, pueden hacer mucho bien o mucho daño.

También son impactantes cuando se silencian, de tal modo que no diciendo algo, podemos causar más dolor que expresando las mayores burradas.

Las palabras…

Palabras que se hospedan en el alma, palabras que mueren antes de nacer, palabras que necesitan ser dichas, palabras que causan la muerte cuando no salen de nuestros labios o cuando no llegan a nuestros oidos.

Después de un tiempo intenso reflexionando sobre este tema he llegado a una conclusión:

Siempre es mejor hablar, aún a riesgo de equivocarnos.

El silencio puede ser mutismo, puede encerrar indiferencia, frialdad o un profundo desprecio; hay una gran dosis de violencia en esta actitud.

No siempre somos prudentes al guardar las palabras.

Dichas o silenciadas, las palabras tienen el poder de trastornarnos, de ilusionarnos, de esperanzarnos, de hundirnos o desanimarnos.

Pero si alguien me pregunta, prefiero apostar por el diálogo a la brutalidad del silencio.

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3 thoughts on “El poder de las palabras

  1. Señora mia, está usted en plan cantar antiguo “parole, parole, parole …. ” ¿recuerda o es muuuy joven?

    Y no como aquél Tenorio “(…) clamé al cielo y no me oyó, pues si sus puertas me cierra, de mis pasos en la tierra, responda el cielo y no yo (…)”

    Estoy con usted (y ya van … ¡estoy por precouparme!) las palabras confortan, consuelan, hieren, inquietan, desasosiegan, injurian, levantan pasiones, desunen ….

    No creo, sin embargo, que sean preferibles al silencio; por lo menos, no siempre y no en todo caso. Recuerde, por otra parte, que pecamos tanto por acción cuanto por omisión (a veces más) ergo el silencio puede ser confortante, consolador, hiriente, inquietante, desasosegante, injuriante, apasionado o desapasionado … iagual que las palabras, sólo hay que saber escuchar.

    Dicho lo cual, simple como soy, preciso de indicaciones claras y precisas, por tanto, mejor con palabras; y, bocazas como soy, incapaz de callarme.

    Así que, de nuevo, non encontramso usted y yo en el mismo punto aunque arribemos por caminos diferentes.

    Y ame callo, que hablo demasiado

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  2. Lo peor que se puede hacer con ellas es pervertirlas.

    No estoy de acuerdo con que sea mejor hablar que callar, depende de las circunstancias.

    No señalo a nadie, pero hay gente que no se calla ni debajo del agua

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  3. Cuando uno quiere despreciar a otra persona, casi lo primero que hace es negarle la palabra….la palabra es importante.
    También da que pensar lo que decía S. Agustín, “el hombre es esclavo de sus palabras….”
    Ni siempre el silencio, ni siempre la palabra es lo mejor. Si se es fuerte por dentro, y no hiere a los demás, la mayoría de las ocasiones visto lo visto, no sería mejor el silencio ?.

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