Disquisiciones nocturnas

Cojo los dados, tiro y apuesto al rojo. ¡Bingo!

Mis números bailan sobre el tapete y subo la apuesta.

No digo yo que la solución esté en el juego, en realidad, casi mejor no digo nada, porque si me decidiese a hacerlo…

Así que vamos sumando: decido y apuesto. Dos verbos.

Ahora viene lo mejor: ¿me tocará bailar con la más fea? ¿habré gastado las balas que hay en la recamara? ¿tendré que dibujarme de nuevo?

No creo ni lo primero, ni lo segundo…quizás lo tercero.

Dicen que mientras hay movimiento hay vida, de hecho, es la inmovilidad la que nos aniquila.

¿Quiero morir presa de mi propia parálisis?

Nadie lo quiere. Yo tampoco.

La eterna duda. La margarita. ¿Me quiere, no me quiere?

Lo que hay es lo que cuenta.

Me veo como el tío Gilito contando las monedas amontonadas en el cuarto de las riquezas…pero sin su avaricia.

Rompo el saco, mando a tomar viento a las farolas y me compro una capa de torero.

Si hay que torear, se torea, que llegan las aguas de mayo y afortunadamente sé nadar.

La pregunta es:

¿De qué diantre estoy hablando? Dímelo tú chica/o lista/o…

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One thought on “Disquisiciones nocturnas

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