Corazón predispuesto

Tenía el corazón predispuesto.

Se anunciaba una nueva estación y con ella cedían los rigores de un verano sofocante.

Imaginaba las aves surcando el cielo, veía las hojas de los árboles caídas en el suelo y en su mente, los días se recortaban poco a poco hasta oscurecer, dando paso a una luna nueva, la luna de septiembre, la luna de otoño…

Estaba predispuesta y se sentía más frágil, más delicada, más… expectante.

El otoño se anunciaba próximo y con él llegaban nuevos olores, nuevos vientos, nuevos amaneceres; tardes de rebeca y aguas frías, de arena y sal, de luces y sombras.

¿Dónde iría? ¿Dónde le llevaría la próxima estación?

Se recortaba su silueta en el anden,  billete en mano y una simple maleta, apenas dos mudas y unos zapatos viejos.

Estaba predispuesta…

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2 thoughts on “Corazón predispuesto

  1. Perdone usted, señora mía, pero la fragilidad y la delicadeza no casan con la maletilla………

    Igual le pasa lo que a los perros de cazan, que adivinan – ya! – el husmillo del final de la veda

    Me gusta

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