Desde su altura

Supongo que a mis doce años no pensaba de manera consciente sobre temas como el amor, la libertad, o las ganas de ser feliz, sin embargo, las ideas estaban ahí, saltando y bailando como mariposas en el aire.

La amistad ocupaba un primerísimo primer plano.

Mis padres me preguntaban con quien iba y qué hacía; me parecía intromisión a mi intimidad y contestaba a regañadientes, de forma telegráfica a ser posible. Después he comprendido cómo se quiere a los hijos, cuánto nos preocupan y que absolutamente todo de ellos nos parece importante y nos interesa.

Me gustaba mucho el deporte, los caballos, el aire libre, la música y leer, aunque todo eso quedaba en un segundo plano cuando se trataba de hacer planes con la pandilla.

De todos modos, con doce años no es que saliese mucho pero tenía cierta autonomía diurna para entrar y salir-dentro de un orden- con la ventaja de contar con hermanos varones que hacían de guardianes o de cómplices o de tunantes, que también ellos hacían sus malabares y me metían en cada enredo…

Fueron años felices, aunque sufrí muchísimo cuando me tuve que despedir de todos mis amigos y cambiar de ciudad.

Para entonces ya tenía trece años y todavía recuerdo que el mundo se me oscureció; lloré todas las noches del primer año de mi partida y de día fui rebelde e inconformista, pero el dolor fue dejando paso a una nueva vida, nuevas caras, nuevas ilusiones, nuevos amigos…y terminé adaptándome, aunque siempre tuve añoranza de aquellos años, aquellos amigos, aquellas experiencias, bueno y aquella pastelería que me pillaba en ruta desde casa al cole donde pasé momentos tan dulces.

Aquella niña rubia, inquieta y alegre sigue viviendo en mí, me sigue sonando su música, sigo viendo a través de sus ojos, su corazón sigue latiendo en mi pecho y gracias a ella soy lo que soy.

No debemos infravalorar los sentimientos de los niños o jóvenes, ni sus ideas, ni sus anhelos, ni su necesidad de intimidad o afecto, porque somos lo que somos por lo que fuimos una vez.

*Dedicado a mi comentarista más joven 🙂

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3 thoughts on “Desde su altura

  1. También yo me mudé varias veces ycada vez que he cambiado se ha transformado en un compartimiento estanco de mi vida: no me gusta regresar ni revolver sus contenidos. ¿Seré rara?
    Besos

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  2. Jajajajjaaj graciaaaaaaaaaaaaas!!!!!!!!
    y, sí, es verdad, y me resulta encantador que alguien piense como yo…
    Un abrazo…

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  3. Menuda experiencia dura la de cambiar de ciudad y a esas edades, por suerte, a mi no me ha tocado, pero si a mi mejor amigo de la época… y ya fué duro para mí. Me alegro que sigas llevando a esa niña-jovenmujer dentro de tí, eso es bueno. Un abrazo

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