Capítulo I

Ángel Gaucín y Andrea Mina se habían conocido de manera fortuita.

Él había recibido una citación judicial y acudió a los Juzgados. El nerviosismo era patente y no podía evitar la sudoración en las manos, cosa que le contrariaba enormemente.

No estaba en su conciencia haber hecho algo que mereciese una pena, pero últimamente su socio tenía un comportamiento extraño y esto le había llevado a recelar. Además, aquella citación…¿de qué podría tratarse?

La mañana estaba lluviosa y el tráfico era infernal, así que cuando vio un aparcamiento libre sintió alivio. No le gustaba llegar tarde y el tiempo se le estaba echando encima. Finalmente accedió al edificio de los juzgados, atravesó el arco de seguridad y preguntó dónde podían informarle. Después de dar explicaciones a cinco personas y de enseñar su papeleta a todos ellos, llegó por fin a la persona indicada.

La mujer que había sentada frente a su mesa de oficina, le invitó a tomar asiento en la silla azul, la única silla que había. El así lo hizo. Ella tomó de sus manos el papel y después de una rápida lectura le explicó por qué le habían citado.

No viene al caso el asunto judicial, porque quedó resuelto a plena satisfacción de Ángel Gaucín pero sí es de subrayar que la mujer que le atendió no era otra que Andrea Mina, tramitadora judicial de profesión y un bombón de criatura, no tanto por su figura como por sus maneras. Su voz era aterciopelada y sus ademanes tenían cierta cadencia, eran armónicos, sus manos ágiles volaban con maestría sobre el teclado al tiempo que no dejaba de mirarle a los ojos y sonreír.

Ángel Gaucín sintió verdaderos deseos de conocerla y no estaba dispuesto a desaprovechar esa oportunidad, por aquello de que nunca sabemos dónde nos espera el destino.

Se armó de valor y le preguntó:

-¿Puedo invitarte a una cerveza?

Ella se lo pensó unos instantes…no estaba en su naturaleza aceptar la invitación de un desconocido pero se dejó llevar por un palpito, intuición femenina que le llaman. No obstante se excusó…

-Lo siento, pero no salgo hasta las tres, quizás en otra ocasión.

-No me importa esperarte-insistió Ángel.

Ella cedió y él la aguardó pacientemente. Cuando salió Andrea Mina, él estaba de pie en la puerta de la sede judicial.

Decidieron dar un paseo y entraron en la tasca “Doña Manoli” famosa por sus boquerones vitorianos, después les siguieron unas anchoitas del Cantábrico y unas cocochas que quitaban el sentido.

Entre tapas y cervezas, tuvieron una conversación desenfadada, divertida y el tiempo se les fue volando. Digamos que los dos notaron el chispazo.

-¿Quieres que te acerque a tu casa? he venido en coche.

-Gracias Ángel-le sonrió-pero el mío está ahí, y le señaló un BMW serie 1.

Así que se despidieron con un casto beso en la mejilla y la promesa de llamarse al día siguiente.

Y esa fue la primera vez que Ángel Gaucin y Andrea Mina compartieron parte de sus vidas.

Aquella noche el recuerdo de Andrea Mina tuvo entretenido a Ángel hasta bien entrada la noche. Recordaba haber visto las dos de la madrugada en el reloj, después le venció el sueño.

A mis amigos blogueros y a quien caiga por aquí: durante unos días voy a centrarme en esta historia, que quizás no sea de vuestro interés, por lo que os eximo de la carga de hacer un comentario. No obstante, dejo la opción de hacerlos por si alguien quiere hacer alguna crítica del tipo “tía, vaya pestiño” o ” eres solemnemente aburrida” o cosas por el estilo. Agradeceré lo uno y lo otro,pero no minarán mi moral porque me apetece intentarlo 🙂 Gracias por vuestra paciencia y cariño.

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16 thoughts on “Capítulo I

  1. Como dices que se puede criticar, yo no lo hago jeje, pero si una pregunta: ¿Si el la esperó como es que los dos habían ido en coches separados y el no lo sabía?
    Saltos y brincos

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  2. De momento me gusta el planteamiento, así que esperaré con impaciencia el siguiente capítulo.
    Yo también he estado en el juzgado tres veces y aunque no me enamoré de la funcionaria, recuerdo el nerviosismo de la primera vez y eso que era algo ya conocido y agradable.
    Un abrazo

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  3. Estoy con Ester, hay dos líneas de tiempo mezcladas. La salida juntos y la vez que la conoció por primera vez. Si son la misma hay conflicto de tiempos.
    Tú sigue que ya opinaremos al final. 😛
    Besazo
    PD: Me has hecho recordar una divertida anécdota con unos boquerones Vitorianos. Algún día te la contaré.

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  4. Pues espero con impaciencia el siguiente capítulo… y yo no veo el conflicto de tiempos: él la esperó a la puerta del juzgado, y se tomaron los vitorianos en el bar de la esquina, ese que tiene la terraza más bonita. Después cada uno se marchó en su coche.
    Me encantan los vitorianos de “Miguelito el cariñoso”, que buen ambiente.
    Un beso desde cerquita, Luisa

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  5. A mí me interesa. Espero que desarrolles la historia durante varios posts.

    Qué valiente. Yo podría ver en un juzgado a la persona más maravillosa del mundo, la mejor que hubiera visto en mi vida, que ni loco se me ocurriría proponerle quedar. Ya por esto merece mi simpatía.

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  6. ESTER. Me parece genial que me corrijas o puntualices, por aquello de que cuatro ojos ven más que dos.

    DOLEGA y ESTER planteáis el mismo conflicto de “tiempos”. OLES y yo no lo vemos. Todo sucede el mismo día, él va al Juzgado, ella le atiende, él la espera, se toman unas cañitas y unas tapitas y cuando terminan la ronda ya casi es de noche, él le dice de llevarla-porque él no sabe si ella tiene coche, o si ha ido en bus o si andando-pero ella le aclara que tiene su coche. Se despiden y se van.

    Me gustaría que DOLEGA o ESTER me dijeran “dónde” está mi errata porque reviso el texto y no lo veo.
    Además es que me parece muy divertido hacer correcciones al texto según me vayáis diciendo, así que os espero.

    ANALOGÍAS. Me encanta verte por aquí, pero tú no te cortes y dime, dime lo que no ves bien 🙂

    JUBI. Los juzgados nos imponen a los buenos, a los choris les es indiferente, en cualquier caso, yo llevo casi 30 años trabajando y todavía no me he acostumbrado a ir jejeje. Gracias por tus ánimos.

    DOLEGA. Anda, dime lo del tiempo, que quiero corregirlo y no lo veo. Cuando escribas la anécdota de los boquerones, me la dedicas 🙂

    OLES. No conozco ningún “miguelito cariñoso”. Cuéntame!!! Gracias por tu apoyo frente a Dolega y Ester, jajajaja

    FERNANDO. ¿No podrías decirselo a alguien por el hecho de que trabaje en un juzgado? Mira que somos de lo más corrientito. ¿A qué esas verguenzas? Voy a estar varios días dedicada a ello. Me apetece 🙂

    SARRACENA. Jajajaja. Ñoña.Sosa, de corto ingenio y chocha. Pues mire, sabe que le digo…? que lo intentaré, aunque no espere un relato torrido o atrevido, ni brillante, por aquello de que “de donde no hay no se puede…” jajaja. De todos modos señora mía, sería divertido que metiera caña, que eso se le da de maravilla. Por mi parte busco algo tranquilo y relajante. Veremos…. 🙂

    Besos y gracias a todos por estar ahí

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  7. Si lo releo varias veces y sigo el hilo que han seguido otros comentaristas le veo el sentido. Creo mi problema es que al principio no sitúo el diálogo ó que ayer estaba especialmente espesa, que será seguro eso, pero ayer me pasó lo mismo que a ester, algo me chirrió a la hora de la despedida. 😀
    La anécdota es muy buena y por supuesto que te la dedicaré. 😛
    Besazo

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  8. ” -No me importa esperarte.

    Él la esperó y se tomaron … ”
    Yo solo he preguntado que si la espero, se entiende que en la puerta del despacho, no quedaron en un bar o en una plaza, la espero a la salida del trabajo, a las tres y se fueron juntos, así lo entendí hasta que llegamos a los coches. Un abrazo y disculpas por desviarte de escribir la historia.

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  9. ¡Ahora sí! Ahora sitúo la acción de manera clara. Él llega, la conoce, le gusta, la invita, la espera, están juntos, se despiden y se van. Todo ello dentro de un escenario lógico juzgados, calle, bar, calle. 😛
    Ahora leo de forma más fluída y me puedo entretener en imaginarme a los personajes y no a “crear” yo la secuencia de acciones. 😛
    Besazo y sigue que ya te digo que él me empieza a no gustar, te lo advierto. :mrgreen:

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  10. OLES. Tendré que ir 🙂 qué remedio jejeje No sé si es uno que tengo en mente. Tomo nota. Gracias!

    NIEVES. Veremos a ver, tú aguanta jajaja

    DOLEGA. Gracias por darme pista y no le tomes manía al pobre Ángel. Continuará…

    ESTER. No me has desviado de la historia, al contrario, me has ayudado a centrarla.

    Besos y abrazos para todas 🙂

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