Capítulo V

Joe Pino esperaba en la sala de embarque con destino a Málaga. Aprovechaba los minutos que faltaban para subir al avión mandando el correo electrónico que confirmaba su llegada.

Joe era un hombre de unos cincuenta años, de pelo canoso y nariz aguileña; sus largas horas de entrenamiento habían fortalecido una musculatura que, cuando menos, llamaba la atención. Su porte era impresionante. Tenía una pequeña cicatriz en la frente y un hoyuelo en la barbilla. Era un hombre muy atractivo físicamente y tenía ese no se qué que tanto gusta a las mujeres.

Había trabajado para el Sr. Gaucín desde que era un chaval, se había hecho un hombre en el camino y su inteligencia y discreción se habían ganado el cariño y el respeto de su patrón, quien le había confiado sus mayores secretos.

Cuando Joe dejó a Laura Gaucín en Buenos Aires, lo hizo porque tenía la certeza de que Alfredo Macaco había vuelto a España.

No podía bajar la guardia, no con un sujeto despreciable como Alfredo que destilaba rabia a raudales. Aunque había querido tranquilizar a Ángel Gaucín, lo cierto es que un mal presagio le tenía desasosegado, razón ésta por la que había decidido regresar inmediatamente.

Por experiencia sabía que ante ciertas situaciones la celeridad era el mejor seguro de vida y la promesa hecha en vida al Sr. Gaucín de cuidar de sus hijos le espoleaba…

Había llegado el momento de partir.

Cuando subió al avión una jovencísima azafata le indicó su asiento, guardó el equipaje de mano y se acomodó.

Autorizado el despegue se agarró al asiento y se dejó llevar por la fascinación que le producía la fuerza del aparato alzando el vuelo frente a la tierra y su fuerte atracción, por aquello de la gravedad.

Una vez alcanzada la altitud de vuelo, las azafatas iniciaron su rutina de trabajo.

-Señor ¿desea tomar algo?

-La tierra, señorita, la tierra, pero poco a poco-sonrió Joe, que rechazó la cena amablemente.

-Un botellín de agua será suficiente, gracias.

Joe Pino estaba muy cansado y no tardó en dormirse.

El ruido en cabina le despertó, se desperezó, acudió al lavabo, se aseó y regresó a su asiento; por megafonía el comandante les deseaba una feliz estancia en Málaga. Joe Pino se asomó por la ventanilla y vio cómo sobrevolaban la bahía malagueña; notó el tren de aterrizaje y segundos después las ruedas tocaban pista.

La mañana estaba llena de luz, el sol en Andalucía tenía una alegría especial y por un instante cerró los ojos y se dejó acariciar por la agradable sensación de haber regresado a casa.

Activó el móvil e hizo una llamada.

-¿Ángel? Sí, Joe Pino. Sí, acabo de aterrizar. Nos vemos en media hora en la cafetería Lepanto. Sí, sí, es muy importante.

Colgó al tiempo que levantaba la mano y paraba a un taxi:

-A la calle Larios-dijo al taxista.

Después, se reclinó en el asiento y guardó silencio.

A mis amigos blogueros y a quien caiga por aquí: quizás esta historia no sea de vuestro interés, por lo que os eximo de la carga de hacer un comentario.

No obstante, dejo la opción de hacerlos por si alguien quiere hacer alguna crítica del tipo “tía, vaya pestiño” o ” eres solemnemente aburrida” o cosas por el estilo.

Agradeceré lo uno y lo otro,pero no minarán mi moral porque me apetece intentarlo 🙂 Gracias por vuestra paciencia y cariño.

 

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19 thoughts on “Capítulo V

  1. Nos quedamos a la espera de saber qué es eso tan importante que lo ha hecho viajar y que no le ha podido contar por teléfono…
    Abrazos

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  2. Poco vuelo, me falta una pequeña refencia al vuelo. Cuando leo tengo un salto termporal, aunque sea una frase de lo que hace en el avion. Son demasiadas horas de vuelo Buenos Aires Málaga.
    Me gusta como vas tejiendo la trama.
    Besazo

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  3. Nuevos personajes: eso me gusta, es como en la vida real, si no entra gente nueva todo se puede volver previsible. Si encima traen recados de los difuntos, mucho mejor.

    La calle Larios… No me importaría nada estar ahora ahí, en una de sus terrazas, con calor.

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  4. FERNANDO. Que te voy a dar un tironcillo de orejas. ¿Pero cómo que personajes nuevos? Te remito al Capítulo III 🙂
    La calle Larios me encanta.
    La cafetería Lepanto me encanta.
    El puerto nuevo me encanta.
    La alcazaba, gibralfaro…Málaga tiene rincones muy bonito.
    Besos

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  5. Yo digo lo contrario que Dolega, cuanto menos vuelo, mejor, me aterroriza volar y si no explicas la sensación, mejor también.

    Está interesante, deja con ganas de leer el próximo, si editado en papel me hicieras la faena de no poder leer el siguiente, te quedarías sin caballo, que lo sepas.

    He estado en Málaga en varias ocasiones, pero, hija, con tan poco tiempo que sólo conozco los alrededores del puerto y del aeropuerto, pero sí conozco la calle Larios aunque no recuerde la cafetería en la que estuve.
    Conocer más de Málaga a través de la novela, molaría mucho, así que ya sabes, introduce algo de acción en sus calles y sitios típicos. (ahí dejo mi aportación)

    Besos apretaos.

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  6. YESTE. Tampoco yo soy amante de los vuelos, aunque reconozco que me parece apasionante. No puedo dejar de mirar por la ventanilla. De todas formas, ya he tipeado un poco la entrada anterior y he dado un poco más de espacio al vuelo 🙂

    Yo prefiero el tren. Ya estoy organizando un viaje a París vía Ave. ¿Te apuntas?

    Me parece muy interesante tu sugerencia, veremos a ver qué puedo hacer.

    Besos.

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  7. Que desilusión, ¿no secuestraron el avión y terminó en Soria… digo en Siria?
    Esperaremos la continuación que esto promete. Puedo prometer y prometo…

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  8. JUBI. Pues el caso es que hubo un intento pero había un tío de los cuerpos especiales de seguridad del Estado-de algún estado-y les hizo dos llaves de kárate que los dejó cao. El resto del viaje en las tripas del avión junto al equipaje, pero nada de relevancia, por lo que no me ha parecido interesante reseñarlo 🙂
    Besos

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  9. Bueno, supongo que has debido resumir por aquello de estar en la red. En un libro fijo que hubieras descrito el vuelo mucho más concienzudamente.

    A qué va a Málaga? Seguimos ahí.

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  10. ANALOGÍAS. Efectivamente mas parece esto un telegrama que un libro por la brevedad descriptiva. No olvidéis que estoy experimentando. Por otro lado no me gusya extenderme en una entrada. Harto complicado ser bloguer.
    Gracias guapa.
    Besos

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  11. Walaaaaaaa… Qué sorpresa, fuguilla. Salgo del hormiguero y me encuentro esta novela por entregas. No sabes cómo me intriga la figura de Andrea Mina. No creo que su profesión sea casual. Me encanta que escribas ficción. Olé tú. Un beso, Luisa.

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