¿Maltrato a ancianos…?

Una tarde plomiza de abril, Juan murió dejando viuda a Raquel.

La anciana quedó a manos de su hija, que, cuarentona y sin amor, vivía con sus padres a la muerte del difunto Juan.

Como la hija trabajaba en un organismo público y como Raquel no estaba para quedarse sola, la dinámica diaria venía a ser tal que así:

Cuarentona despertaba a anciana, le ayudaba a vestirse, desayunaban-digo yo- y cruzaban cogidas del brazo la plaza despoblada que había frente a la oficina donde llegaban alrededor de las nueve de la mañana.

Una vez allí, la hija se ponía a trabajar y dejaba a su madre sentada detrás suya como a un metro de distancia, en una silla de oficina, con la mirada fija en el frente y un tanto vacía por el cansancio de los años…

La hija hacía tiempo para llevar a su madre a las diez a una especie de residencia-taller donde la buena mujer podía quedarse hasta la una de la tarde, hora en que su hija cuarentona y, pongamos, que trabajadora en un organismo público, iba a recogerla y regresaba con ella cogidita del brazo.

Nuevamente la hija retomaba su trabajo y dejaba a su madre sentada detrás suya como a un metro de distancia, en una silla de oficina, con la mirada fija en el frente y un tanto vacía por el cansancio de los años…

Así hasta que daban las dos en el reloj, hora en que la hija cuarentona y trabajadora, decidía que sus horas laborales estaban sobradamente cumplidas.

Quienes miraban por la ventana tras los cristales, las veían alejarse por la plaza despoblada donde estaba la oficina, cogidas del brazo hasta el coche que las llevaría de vuelta a su casa, a la casa que Juan dejó una plomiza tarde de abril.

Hasta aquí el relato que si no lo adivináis, ya os digo que es una historia real.

La reflexión puede ser múltiple y la pregunta dura. Obviando las obligaciones laborales de la hija, que merecen capítulo aparte, la pregunta es:

¿No es esto mal trato a una persona anciana?

Por aportar algún dato más, puedo deciros que los jefes, los compañeros, los usuarios…todos contemplan la escena diaria y hasta donde yo sé, nadie se atreve a decir nada.

También es interesante apuntar que ésta no es una situación de tránsito, sino que mucho me temo, durará lo que dure la pobre Raquel.

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30 thoughts on “¿Maltrato a ancianos…?

  1. Pues no se que decir, ella no puede dejar el trabajo para cuidarla y si la lleva a una residencia todo el día no podrán estar juntas por la tarde, si le busca una persona que la acompañe no sabemos como la tratará. Me has dejado pensando y sin respuesta. Un abrazo

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  2. Seria menos maltrato internarla en un asilo??? Creo que depende en cada caso, de las circunstancias de las personas…. Debería la cuarentona dejar su trabajo? o mejor charlar con ella en lugar de trabajar?? No es posible juzgar sin conocer…
    Un beso Luisa! ;D

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  3. ¿Mal trato por qué, Luisa? Supongo que la hija no podrá permitirse ni contratar una cuidadora ni llevarla a un centro toda la mañana. ¿Cuál sería la opción correcta? ¿Dejarla sola en casa? Dentro de las posibilidades de la hija me parece que hace lo más correcto. Y puede parecer extraño que la tenga en la oficina, pero -sin ánimo de hacer un chiste, que el tema es serio- estoy seguro de que la madre no era la que menos aportaba a la oficina administrativa.

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  4. “cuarentona y sin amor…” Me parece, Luisilla, que no le queda otra. Pero lo mismo con dosis de cariño cambia radicalmente. El tono de tu redacción me transmite sequedad, rutina… Ella cumple, pero tal vez con indiferencia. Yo he visto abuelos en fiestas familiares que simplemente están; nadie se les acerca con una palabra amable. Para maltratar no hace falta ensañarse; a veces basta con ningunear. Buena reflexión, querida fuguilla. Mil besos al Sur.

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  5. Como dice SunsiPreciosa, con ningunear solo ya se está maltratando. Hay que buscar una solución a ese problema, no basta con estar con Raquel, hay que quererla y cuidarla, y la cuarentona solo está…
    Besos desde cerquita, Bonica

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  6. Creo que con el título que pones (aunque uses ” ¿?” condicionas a las respuestas… Evidentemente los hechos denotan una relación madre-hija bastante aséptica, y si no hay un gesto de emoción es porque la escondes (en el redactado) , lo de cogidita del brazo ¡ya es algo!, es que la conoces bien.

    He pensado que la madre está en una situación que no puede estar sola en casa ¿Alzheimer?. He pensado que la hija no tiene otra solución más que la que describes en el post (medios económicos que palien esa rutina) …y que 40 le pesa la vida y la “madre”. También he pensado, que esto lo puede hacer porque trabaja en un organismo público donde nadie dice nada, porque no cabe otra solución o porque son unos irresponsables en todos los sentidos, tanto como si la silla no es butaca o como si la oficina no es “lugar para viejos”..No creo que esto ocurriría si ella fuera una dependienta de Zara y le pidiera a la encargada : “Mira tengo esta situación y cada día dejaré a mi madre sentada junto al probador sin hacer nada, no tengo dónde colocarla en esas horas” ?¿

    ¿Dónde guarda el cariño la hija de Raquel ?¿lo perdió? ¿Le enseñaron Juan y Raquel? … En estas situaciones pienso que cuando se vaya Raquel, su hija llorará por no haber hecho más, pero creo que estos momentos ni puede ni sabe.

    Esa chica comparte casa con su madre … y para mi, que también duerme sola.

    Pues eso , Fungi …

    Bss!!

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  7. Para dar mi opinión sin dudas me falta un dato…
    ¿qué le da la cuarentona a su madre cuando no trabaja, cuando tiene algo de tiempo libre…lo reparte para dedicarselo a demas de un poquito para ella (que también) se preocupa de hacerse querida a la anciana?? tal vez ahí este la clave…..
    llevarla al trabajo me parece algo excepcional.. nada habitual ….casi un lujo diria yo….
    Los abuelos eran más felices cuando las hijas no trabajaban , y los hijos pasaban mas tiempo con su madre ..todos siempre en casa…pero las cosas hace tiempo que cambiaron y esa madre que tiene a su vez a su propia madre y tiene a su vez a sus propios hijos y que trabaja, ¿tiene que sentirse culpable??…las mujeres siempre nos cuestionamos si lo estamos haciendo bien, pero la mayoría lo hace lo mejor que puede…
    Un abrazo de alas…

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  8. Gracias por todos y cada uno de vuestros comentarios. Reconozco que me han sorprendido.

    Cierto es que, dando unas pinceladas, no podemos adivinar el cuadro entero. Esto es una entrada de un blog y no una novela, por eso, me limito en detalles y en extensión.

    Dicho lo cual, quiero trasladaros a otra situación, que al hilo de vuestros comentarios, me ha venido al pensamiento.

    Soy madre de 4 hijos.

    Soy funcionaria.

    Mis hijos, como todos los niños del mundo, algún que otro catarrazo, fiebre, vómitos, y etc etc han tenido.

    Yo nunca he faltado a mi trabajo porque mis hijos estuvieran malitos.

    Muchas, muchísimas compañeras-normalmente “ELLAS”-han faltado días y días porque sus hijos-normalmente uno o dos- se habían puestos malitos.

    Tengo que decir también que no ha sido el caso dejar a mis hijos con los abuelos.

    A casa ha venido una mujer a trabajar en el cuidado de los niños o de la casa.

    Una mujer que ha sacado un dinerillo con su trabajo.

    Un dinerillo que mientras que yo lo “perdía” mis compañeras de trabajo-normalmente ELLAS-se lo ahorraban.

    Las cosas no son fáciles, ni muchísimo menos, y no puedo decir qué haré yo cuando necesite cuidar a mis padres, ni sé cómo adaptaré los horarios laborales, ni las complicaciones familiares que eso supondrá.

    Lo único que he dicho y creo que me reitero, es que me parece que es “tratar mal” a esa persona mayor. Ahora vienen los fríos, los vientos del invierno, las lluvias…

    Puedo decir, porque ese dato sí que lo puedo dar, que la cuarentona en cuestión está en una situación económica mucho más desahogada que en la que estaba yo cuando me veía obligada por necesidad a pagarle a otra persona para que estuviese en casa por si alguno de los 4 amanecía con fiebre o simplemente no iba ese día a la guarde o al cole.

    Le he dado un giro a las palabras y como bien veis, MALTRATO ni muchísimo se visualiza igual que si escribo TRATAR MAL, pero en el fondo viene a ser lo mismo. Sólo quería llamar vuestra atención.

    Que hacen falta ayudas estatales para que podamos dar el trato que necesitan nuestros mayores, creo que es obvio.

    Ni hay ayudas económicas.

    Ni hay centros suficientes, ni asequibles, ni próximos, ni nada.

    La ancianidad es una parte importante de la vida y en mi humilde opinión, la cuarentona tendría que rascarse el bolsillo y que otra persona fuese la encargada de levantar a su madre y llevarla al centro de día.

    Lo cierto es que la cuarentona posiblemente tendrá unos buenos euros ahorrados-supongo que de cara a su vejez-

    Y lo cierto es que yo no tengo un duro, aunque es lo que menos me preocupa.

    Pd.-¿Alguien ha leído entero este comentario? 🙂

    Besos, muchos.

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  9. Leí el post hace unos días, pero me faltaban elementos de juicio que ahora tengo tras leer tu comentario.

    Sí, me parece un maltrato. La madre debe ser cuidada en casa de la hija y no ser maltratada pasando horas en un lugar de trabajo, aunque no haga más que estar sentada.

    Mi esposa y yo somos funcionarios (docentes), aunque ahora ella está disfrutando de una excedencia por el nacimiento de nuestro tercer hijo, una niña. Tenemos la suerte de vivir en el campo, cerca de la ciudad, de tal modo que hemos podido ir acondicionando la casa según nuestras necesidades. En ese “acondicionamiento” no han faltado dos habitaciones más: una para sus padres y otra para mi madre (mi padre falleció hace muchos años de accidente). De momento no las necesitan y viven en sus respectivas casas, pero cuando lo necesiten, nuestro hogar será su hogar. Hasta el fin de sus días.

    Saludos

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  10. Ah… Luisa… ¡Creí que no le quedaba otra! Gracias por la aclaración. La cosa cambia y mucho. Parecidos son los casos de matrimonios jóvenes que encasquetas sistemáticamente a sus hijos con los abuelos pudiendo costearse una ayuda. Nunca me ha parecido justo. “Así ahorramos”, dicen.

    Un beso, querida fuguilla. Desde Tarraco hasta el Sur.

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  11. Yo sí.

    Tu aclaración cambia el sentido de la historia, Luisa. Parecía que la funcionaria era una pobre mujer, sin recursos, que no tenía con quién dejar a la madre. Si podía permitirse hacerlo, contratar a alguien, y prefería ahorrárselo entonces sí que es censurable que se llevara a la madre a la oficina y que luego abandonara el puesto de trabajo.

    Gracias por la aclaración.

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  12. VALAF. Bienvenido a MIC. Agradezco tu comentario y te felicito por el nacimiento de esa tercera hija,¡ qué alegría da un nuevo nacimiento! Lo que dices de acondicionar la casa pensando en los abuelos me parece fantástico. Cierto es que tenéis esa posibilidad, que yo, por ejemplo no tengo, además de las escaleras que tiene mi casa. Espero que cuando llegue la necesidad busquemos la mejor de las soluciones, que desde luego pasa por el cuidado cariñoso de los hijos a los padres.
    Un cordial saludo desde el Sur de España

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  13. Uf. Qué espesito todo

    Señora mía, cada caso un mundo. Y allá cada cual con sus haberes y circunstancias.

    En todo cado, quienes somos para juzgar?

    Nuestra manera de hacer es una de tantas y no la regla general, aplicable a todos y cada uno

    Con Dios

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  14. Sarracena,¡ qué alegría no estar de acuerdo en nada! ¿Cómo que allá cada cual con sus haberes y circunstancias? Sí, mire usted, sí mientras no me toque a mi las narices.
    ¿Quién está juzgando? Definame “juzgar” y digame si en base a su comentario, no podríamos opinar nunca de nada, ni mucho menos cuestionarlo, ni por supuesto expresar un juicio de valor.
    Esa comodidad de “mire usted, haga lo que le venga en gana” es eso, basicamente comodidad, mientras no nos salpiquen, que hagan lo que quieran…pero es que el “hacer” de unos, alcanza a otros.
    No busco reglas generales, Dios me libre, cada cual busque su camino, pero con respeto y responsabilidad, porque si no, qué sentido tendría ese afán de “impartir justicia”.
    Besos, muchos, sin resentimientos

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  15. Llego muy tarde, y la situación ha cambiado pero sigo pensando igual, no hablamos de dinero, hablamos de que es muy difícil encontrar a alguien que puede cuidar con cariño a una anciana, que un asilo puede ser una solución, los hay que parecen hoteles, que dejar el trabajo para atenderla es perder la plaza. La vida antes era mas sencilla. Un abrazo

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  16. Ester, nunca llegas tarde, porque esta es tu casa.
    Estoy de acuerdo contigo en que antes la vida era más sencilla.
    Las casas de pueblo estaban abiertas de par en par, vivían las familias todos unos al lado de otros…
    El tema ahora está muy complicado, mucho, y no es por falta de afecto filial, es que llevamos una vida arrolladora y sin espacios.
    Besos, muchos.

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  17. Menudo rapapolvo, señora mia, menudo rapapolvo.

    En fin, ya usted sabe, que esta que suscribe, peca de todo (pero de todo, eh?) si bien de tibieza, no. Tampoco de hipocresía ni de relativismo, ni moral ni de ninguna otra clase.

    Dicho lo cual, está claro que mi intento por no pasarme de lista y “opinadora” nos trae hasta aquí; en realidad, señora mia, no quería ser impertinente ni con usted ni con nadie, pues se bien que lo dicho cara a cara, saboreando el tono y el gesto y con el conocimiento que da el directo, nada tiene que ver con lo escrito negro sobre blanco que, en mi caso, me deja mi fama (a veces calculada, a veces ganada y cultivada) de impertinente, mala leche y sobrada.

    en realidad, lo que me apetecía decir (y no dije) es que su entrada me produjo urticaria y que me sonaba, mucho, a eso de la superioridad moral de la gente como nosotros, que estamos en el lado correcto de Dios. Y que, tal vez, nos vendría bien ayunar de lengua y dejarnos las varas de medir en casa. Que es muy fácil opinar a sabor de boca y creer que nosotros, nuestra opinión, nuestra moral, nuestras costumbres y nuestra manera de ver el mundo y de hacer, son la medida de todas las cosas.

    Ya ve, señora mia, que mejor callada que repartiendo (sí, también yo) lecciones de vida y de ética. y mejor, mucho mejor, seguir callada: en la medida de lo posible, más guapa.

    Dicho sea sin acritud, eh?

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  18. juas juas juas Sarracena, no se si se te da mejor la ironía o la retórica pero en cualquier caso hay que darte un diez en alegato, porque clarisimamente me has subido al estrado y argumentando lo feísimo que está juzgar, de un plumazo juzgas y condenas.

    Lo de la urticaria quizás con unas buenas friegas de romero y sencillez, pudieran aliviarte. Está muy mal eso de la superioridad moral, cuando esa superioridad es lógicamente una excusa para tapar las miserias, cuando realmente lo es de suyo, suelo reconocerlo e incluso admirarlo-entiéndase que me refiero a terceros-

    Como propietaria de mis palabras, ya lo siento, aunque tienes que reconocerme que de “estas entradas” sacas más jugo que de las “otras”. Entendiendo que “estas” y “otras” son siempre escritas sin acritud y sin mazo.

    Dicho lo cual, se despide suya afectísima y por qué no, sonriente, su amiga que lo es.

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  19. Siempre me ha llamado la atención la gente que cuida a ancianos, y los ves por la calle, y se dedican simplemente a cogerlo del brazo, a empujar la silla o a sentarse a su lado en un banco del parque. Mientras, el cuidador habla por teléfono, wasapea, escucha música con los auriculares puestos, o simplemente mira al horizonte.
    Nunca he cuidado diariamente a una persona mayor… imagino que debe de ser duro, cobres por ello o sea tu familiar, pero en ambos casos, creo que si haces esa tarea, hazla bien.
    Seguro que esta persona que tu nos describes hoy en su trabajo es excelente, y si tiene que hablar con terceros lo hace, aunque no le apetezca.
    Yo me pregunto… de verdad nos cuesta tanto dar conversación a esa persona?? Un ratito pequeño, que yo entiendo que puede llegar a cansar… pero los ancianos son como niños, y lo digo porque yo en mi trabajo trato con muchos de ellos. Y tengo comprobado que, con cuatro cositas que hables, ya los haces felices. Quizás porque a lo mejor eres su único medio de comunicación en todo el día…
    Besitos!

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  20. Ali. Lo suyo es dedicar un tiempo al cuidado de aquellos que más lo necesitan. En el caso de los ancianos, habría que tratarlos con la paciencia y delicadeza con la que ellos nos han tratado.
    Besos, muchos.

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