Relato de un viaje que alguien me contó mientras dormía

Tengo una promesa interna que me hago a mi misma al tiempo que las teclas comienzan su particular galopada en pos de un post capaz de divertir sin cansar y de emocionar sin caer en la cursilería, recurso literario que mis más fieles comentaristas aborrecen con ardor.

Sea pues el inicio de un relato de lo que a nuestra protagonista, a la que llamaremos Luisa(pura coincidencia nominal),tal verano como éste, le ocurrió:

Un día de julio, de un año cualquiera, Luisa subió al tren con rumbo incierto. El billete de Ave marcaba el destino pero hoy en día es fácil imprimir cualquier cosa y que cualquier bobo la lea y se la crea. De todos modos ella tenía una idea aprox. de dónde le llevaría aquel tren blanco, tan bonito y veloz como una gaviota, al que sólo le faltaba volar.

Las horas se hicieron kilómetros y los kilómetros borraron la distancia que, habiendo estado siempre, ahora desaparecía cuanto más cercano estaba el incierto destino mentado en el párrafo de arriba.

Cierto es que Luisa disfrutó plenamente el viaje y tiempo tuvo de leer, de rezar, de pasear por los vagones y hasta de volver a leer y volver a rezar.

Cuando llegó recibió un cálido abrazo, largo, intenso, emocionado y contento ; también recibió dos besos mucho más austeros, breves y solemnes…pilló al vuelo que de sus dos amigas, una era afectuosa y expresiva y la otra no, puntualizando mi negativa sólo en cuanto al segundo adjetivo. Fama le antecedía.

Después de eso se sucedieron una serie de encuentros, comerZios y beberZios varios, idas y venidas, conversaciones, descansos y silencios que esculpieron un fin de semana diferente al fin de semana anterior, mucho más divertido, el anterior no, digo el fin de semana que estoy contando, que ya puestos a escribir, torpeza grande sería quedarse en el peor habiendo habido uno tan especial, intenso, divertido y entrañable como el que, insisto, os estoy narrando.

En todo relato hay que hacer un paréntesis, así que ahí viene el mío: el mar.

-¿Pero qué dices, Luisa?

-Digo que el mar, que desde la casa hay a un paseo de nada. ¡Ah, el mar, quiso chillar Luisa ante belleza tan espectacular!

En sus aguas recalé y me zambullí cual sirena, para volver por mis piernas a la dorada arena de la playa donde me tumbé a ser feliz. Tanto, tanto, que casi lloro y mira que ya casi nunca lloro… quiero decir:

En sus aguas recaló y se zambulló cual sirena, para volver por sus piernas a la dorada arena de la playa donde se tumbó a ser feliz. Tanto, tanto, que casi lloró-nadie olvide que esto es un relato y que la curiosa coincidencia nominal entre la protagonista y yo es una curiosa coincidencia nominal.

Los momentos que se viven no se pueden retener más que en el corazón, ni siquiera la memoria es un lugar seguro, así pues, más que a las palabras y a los hechos, yo desviaría mi atención en lo que os cuento a los sentimientos que pudieron experimentar quienes estuvieron allí.

-¿Allí dónde, Luisa?

-Pues allí.

Después llegó la noche y con ella los amigos. No me centraré en los vinos, ni en el salmón ahumado, ni siquiera en los postres-golosa nació-… Voy más allá, voy a ellos, ellos… y los describiría con las ropas que llevaban, con el tabaco que fumaban, con el color de sus cabellos, o de sus barbas, aunque a Luisa lo que siempre le ha robado un poco el corazón son las sonrisas; hubo muchas, abiertas, tímidas, explosivas, discretas…

Y pensaba mientras subía a su dormitorio de cama mullida y ventana blanca: Luisa, esto se acaba.

Y se acabó, aunque Luisa creía que ese era el encanto de la vida, su continuidad incesante hacia el Ser y el regalo desinteresado de ese soberbio campo de amapolas, hecho  ternura en el encuentro con el amigo, la expresión de un brindis que promete sonrisas futuras o la alegría de saber que quien conoce el camino siempre  puede volver. The end.

No hay preguntas para esta entrada, sólo una palabra que habría bastado para resumir la idea que me ha impulsado a escribir este relato:

G R A C I A S a todos y cada uno de los protagonistas que con su personal aportación y quizás sin saberlo, la hicieron feliz-a ella, digo, a Luisa- 🙂

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14 thoughts on “Relato de un viaje que alguien me contó mientras dormía

  1. Casi no encuentro el lugar donde escribir, desde el móvil es complicadillo, Parece que lo has pasado muy bien y ahora te queda el recuerdo y la ¿Intención?de corresponder.

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  2. Sarracena…que pareciera que no tiene usted ni estudios señora mía…
    A la opción A de que el conjunto de consonantes quiera ser un comentario está la opción B: me niego.
    Ea y ni besos ni ná hasta que me haga los deberes.
    Que el buen Dios que tanto la quiere quede con vos

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  3. Ester. Me lo he pasado muy bien,un gustazo, la verdad. Ahora a ver qué hacemos con las puertas abiertas jejejeje
    Besos, muchos y disfruta tus vacaciones

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  4. Jajajajjajaja Fernando, no me extraña.
    Pues el caso es que Luisa ha ido a algún sitio donde la han tratado como a una princesa. Y se lo ha pasado muy bien. Solo eso.
    Besos, muchos

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  5. Vea, pues, señora que le hago caso y suelto la tecla.

    Y fíjese que me alegro de que la señora de su cuento guarde en su corazón recuerdos placenteros. Y, sobretodo, me alegra que recuerde el camino de vuelta.

    Y fíjese mas, si yo fuera una de las amigas que describe (la poco afectuosa y expresiva, seguro) estaría emocionada y para nada sorprendida de la comodidad del encuentro, agradecida por haber iniciado lo que, seguro, puede ser una fructífera amistad. Y, con humildad, guardaría en mi corazón la impagable oportunidad de ofrecer a la visitante, el pan y la sal del hogar.

    Fíjese que todo eso diría. Por fortuna para ambas, mi natural hosquedad, impertinencia y mal humor, me impiden ser acreedora de tales sentimientos.

    Pues eso

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  6. Sarracena. Fíjate la de cosas que dirías y guardarías…lástima lo de la hosquedad, quieras que no, construye barreras, aunque bien pudieran ser barreras de papel…
    Besos, muchos.

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