La verdad de Andrés

Ver Foto en blanco y negro.

Ver Cuando Andrés llegó al pueblo.

Tía Rosa, la entendida, le recibió con los brazos abiertos y le hizo tomar una taza de chocolate caliente con un buen trozo de bizcocho recién hecho. Cumplido así el protocolo de la hospitalidad, tía Rosa le relató lo siguiente:

Cuando tu madre era muy niña tuvo un romance con Julián, el hijo del carpintero.

Al principio todos pensamos que aquellos amoríos de chiquillos no llegarían muy lejos, pero nos equivocamos. Noelia y Julián se querían tanto que su amor se fue robusteciendo, creciendo a ojos de todos como un frondoso árbol.

Pero Julián nunca pudo cumplir su promesa de amor eterno-es el que ves en la fotografía junto a tu madre-Una noche volvía de trabajar, el suelo estaba mojado por la lluvia, la carretera estaba oscura y en una curva, la moto se le fue.

A la muerte de Julián, Noelia quedó destrozada y sin consuelo, pero entonces apareció tu padre que siempre fue un caballero. Supo cortejarla con mimo y respeto y ella se dejó querer por salir de su agonía. Ella nunca le mintió. Es cierto que le quería, pero su corazón seguía atrapado por el amor fallido de Julián, al que siempre llevó en su recuerdo.

A pesar de eso, tu padre, que la amaba locamente, quiso llevarla al altar, la hizo su mujer y le dio una bonita familia.Le regaló una vida feliz Andrés, tu padre fue un ángel para tu madre que acabó rindiéndose al amor generoso de aquel hombre bueno que supo esperar paciente a que ella fuese capaz de amarle.

Quiso el destino que tú te parecieses más a Julián que a tu propio padre, tienes su mismo pelo negro, sus mismos ojos negros, ya sabes que tus padres eran rubios y que en el pueblo corrían rumores, como comprenderás absurdos rumores, inciertos de todo punto, pero a la gente le gustan las historias morbosas y siempre hubo quien vio en ti a Julián. Y eso es todo Andrés, no hay más leña en el fuego.

Tia Rosa me ofreció otra taza de chocolate que acepté de buena gana mientras pensaba en todo lo que me había contado. Así pues, mi padre ¡era mi padre! Esta certeza me tranquilizó. Me vinieron oleadas de recuerdos tiernos, sentí esos cálidos abrazos paternales, y pude comprender al fin por qué ese matiz melancólico en los ojos de mi madre.

Besé a tía Rosa en la mejilla y volví a la Posada de Pepa, me pedí la tortilla de patatas, especialidad del tabernero y sentí que todo estaba en su sitio.

The End 🙂

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11 thoughts on “La verdad de Andrés

  1. “Quien escucha su mal oye”, aquí no ha sido así, no escuchó su mal pero sí que se le instaló una duda. No es sano espiar. Como se que no eres la tía Rosa aplaudo tu imaginación. Abrazos

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  2. Qué bien que sepamos el final pronto!.
    Me alegra que su padre fuera su padre y tan buena gente.
    No sé si hoy en día se daría una historia así.

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  3. Pipa. Mira que si prefieres, lo elimino y pongo otro final, y si tampoco te gusta, pongo otro jejejeje
    Yo sí creo que se dan esos amores hoy en día, pero son los menos.
    Besos, muchos.

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