Cuando quieres hablar y no puedes

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Ando dandole vueltas a una conversación desde hace años…y no me arranco. En ocasiones, el que recibe nuestro mensaje puede pensar que hablamos de forma gratuita, facilona y espontánea. Pero no es así.

Hablar es muy difícil. Lo hacemos a diario pero no me refiero a ese tipo de verborrea sino al que implica un compromiso, esa conversación que te lleva a urgar en la intimidad del otro con intención de ayudarle o en su defecto dejar en su cerebro tres o cuatro ideas que pueda barajar hasta llegar a sus personales conclusiones.

Cuando me planteo mi futurible, hipotética conversación, me frena la torpeza de no saber verbalizar lo que quiero decir exactamente; me frena el temor a que el receptor no esté receptivo y peor, a que me malinterprete, se ofenda y dé una espantá. Por otro lado, me acucia la necesidad de hacerlo …

Y mientras tengo esta lucha interna pasa la vida…qué horror, qué espanto, qué dirían los de la guerra de Lepanto…

La incursión pudiera ser tal que así: Oye, qué tal, te invito a un café. Pero cuando sacas el tema, el café con el bollo se le atraganta en la nuez y ya tenemos una merienda perdida y una conversación inútil.

Mejor hacerlo sin comida de por medio. Pero entonces la situación es en frío. La frase nefasta de “quiero que hablemos” es terrorífica en sí misma y predispone, o mejor dicho, indispone y alerta.

Si le damos solemnidad al acto parece que la cosa es grave, si tratamos de abordarlo con desenfado, pudiera pensar que no es cosa de importancia…Fácil no es hablar y menos cuando lo que pretendes es abrir los ojos de alguien que no ve.

No se trata de que tengamos distintos puntos de vista, que también, se trata de que hay cosas que en su misma esencia o son buenas o son malas, independientemente de quien las piense.

Creo que estoy en la obligación de hablar y sin embargo, temo herirle, claro que callando también le hago daño…¡¡¡ojú!!!

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9 thoughts on “Cuando quieres hablar y no puedes

  1. Pues no sé qué decir, yo también quiero hablar y no puedo, pero lo mejor siempre es no callar, busca una muletilla de esas “contigo quería hablar”, “cuando tengas cinco, o mejor diez minutos quiero decirte una cosa”, “te espero a las siete en el bar — quiero comentarte una cosa” una vez que empieces las palabras salen solas, porque mandarle una misiva ya no se lleva. Suerte y abrazos de ánimo

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  2. No sé qué decirte, Luisa. A veces yo he estado en esa situación y me he puesto un topo temporal: “el miércoles, antes de las 7 de la tarde, tengo que haberle sacado el tema”. A lo mejor estábamos hablando de otro asunto y a esa hora lo he cortado y he dicho lo que tenía previsto decir, pues si lo dejo pasar de esa hora sé que ya nunca lo sacaré.

    Es inútil programar el tono. Depende del momento. Es algo que no se puede decidir previamente.

    Y recuerda lo de Jesús, cuando habla a los discípulos de que les van a perseguir y llevar a la sinagoga: que no se preocupen de qué decir, que en ese momento el Espíritu Santo se lo dirá.

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  3. Cómo te entiendo. Es bien difícil.
    A mí me gustaría tener más de una de ese tipo de conversaciones.
    Ojalá puedas tenerla. Y te vaya bien.

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