Mamá, te lo he dicho veinte veces…

memoria

Hijo, ¿esto cómo se hace?

Y el hijo responde contrariado: Mamá te lo he dicho veinte veces…

La madre piensa que veinte veces son pocas para las que tendrán que venir, piensa en ese niño que parió, al que le enseñó a hablar, a andar, a montar en bici, ese niño que aprendió a leer y a escribir y con el que repetía incansablemente, veinte veces, cien veces, doscientas veces…ma-má, pa-pá, mo-to, ga-to, pe-lo-ta…

Esa madre que ha repetido una y mil veces dónde están los calzoncillos, dónde las zapatillas, dónde las toallas, dónde las sábanas, dónde el corta uñas, dónde la batidora o el papel higiénico o lo que sea.

La misma que ha ido envejeciendo al tiempo que ellos han ido creciendo, la misma de la que se han nutrido para resolver cualquier situación, desde cómo encarar un asunto a cómo rellenar un formulario, a cómo abrirse una cartilla o cómo hacer tortilla de patatas. La que les ha enseñado a conducir, la que ha tenido santa paciencia para animarles en su desánimo, la que incansable les ha dicho una y mil veces “te quiero”, la que ha enjugado sus lágrimas, la que le limpiaba los mocos, la que curaba sus rodillas con el “sana,sana, que si no se cura hoy se curará mañana”

Esa mujer que se pierde en alguna materia, necesita ayuda y cuando pregunta lo que oye es: mamá te lo he dicho veinte veces…

No, obviamente no recuerda que odias la mermelada de fresa. No, no consigue grabar en su cerebro quien de todos es el que no puede con las acelgas, ni quien le hace ascos a la leche y así, indistintamente y en ese afán maternal de dar de comer a los hijos, os ofrece indiscriminadamente a todos la mermelada de fresa, las acelgas o la leche. Y como no acierta con el alimento y con el hijo lo que oye es: mamá te lo he dicho veinte veces…

Qué culpa tiene ella si no consigue recordar por más empeño que pone, por más interés que muestra, por más esfuerzo que realiza…en algún momento vuelve a encontrarse casi a cero, no recuerda, necesita ayuda, pregunta y lo que oye es: mamá te lo he dicho veinte veces…

Esa mujer lo que espera es un poco de cariño y paciencia de esos hijos a los que les ha dedicado su vida segundo a segundo y no gestos desabridos o caras antipáticas o impaciencias manifiestas…no necesita que le perdonen la vida, ni que le subrayen su evidente torpeza, bien sabe ella que no es la misma de antes, bien sabe ella que está perdiendo facultades, capacidad, visión e incluso oído.

Perdóname hijo, no te escucho bien. Y el hijo no entiende que tiene que hablar un poco más alto, que tiene que vocalizar mejor y que a pesar de eso, bien pudiera la buena mujer no escucharle. ¿En algún momento has podido pensar que para ella es agradable olvidar?¿Crees que lo hace para fastidiarte…?

Cuando una mujer pregunta algo es porque no sabe la respuesta, evidentemente de saberla, no preguntaría.

Si se lo has dicho veinte veces que sepas que se lo tendrás que repetir tantas veces como sean necesarias y agradecerá que pongas buena cara, que seas amable y cariñoso y que le dediques el tiempo que necesite, incluso aunque tu vida sea importantísima y tu trabajo prioritario y tus amigos y tu descanso sean más importantes que tu madre.

Cuando le respondes así, le entran ganas de llorar porque no te pones en su lugar, porque no comprendes su impotencia, porque no le das lo que te está pidiendo.

No seas majadero, hijo, y piensa que tú vienes detrás.

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10 thoughts on “Mamá, te lo he dicho veinte veces…

  1. Imagina entre signos de admiración todos los elogios, me ha encantado porque está bien escrito, es real y yo soy a la que le tienen que repetir veinte veces las cosas, de momento no me hacen la observación pero quien sabe. Un abrazo

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  2. Un abrazo fuerte…
    Ni tienen ni idea de la madre que tienen.
    Pero ni ellos, ni casi ningún hijo.
    Se darán cuenta más tarde.

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  3. Qué triste, Luisa.

    No sólo es un problema entre madre e hijos: todos tenemos que disculpar los fallos ajenos y no molestarnos nunca, porque todos también cometemos errores que los demás deben disculpar. Pero claro, entre la madre y los hijos esa falta de comprensión es especialmente sangrante.

    Lo siento.

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  4. Fernando, es la vida misma, más que triste es que te entran ganas de estrellarle la cafetera en la cabeza a más de uno jajajajajaja
    Besos, muchos

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