En el desván de la vida

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Cuántas cosas en desuso almacenamos en el desván de la vida. Y desde nuestra atalaya, cimentada a base de ensayo y error, miramos altivos todos nuestros tesoros, los que aún conservamos y los que dejamos marchar forzosa o libremente.

El caso es que la vida no perdona, no olvida, no regresa y nosotros, simples mortales, intentamos no caer de la rueda, por no perder el equilibrio, por no perder el ritmo, por no pisar la comba…y en ese ejercicio perenne a veces nos descalabramos y a veces no. Oiga, qué alegría cuando es que no.

Y cuando te preguntan y piensas antes de hablar, la respuesta puede llegar de mil maneras aunque ciertamente la más sensata sólo se escucha en el silencio. Todos los demás ruidos, salvo la música alegre y festiva, suelen ser desafinados y/o tóxicos para el espíritu.

Entro en mi pequeño desván y toso al remover lo que allí guardo y abro la ventana de par en par y dejo marchar los miedos y los fantasmillas.

Y grito fuerte y contenta: ¡ cuidado, que va! y empiezan a volar todos ellos, en caída limpia hacia nunca jamás y va entrando la luz y se van creando nuevos espacios y todo está mucho más diáfano. Por fin he hecho acopio de valor y me he desprendido de tanta inutilidad. Confieso que en el proceso de limpieza del pequeño desván, he perdido algunos tesorillos, como los pendientes de la abuela o aquél reloj azul que tanto me gustaba o  la conversación íntima que o bien se silenció por falta de tiempo o de valor o de ganas o sencillamente cayó en el cementerio del olvido.

¡Ah, pero también recuperas el primer beso, la plenitud de rodar en bicicleta en perfecto zigzagueo o aquella fiesta donde hicimos una fila enorme, entrelazados a la cintura y bailando al ritmo de los sones brasileños…!

Conservo muchas cosas para siempre en el desván de mi vida y no precisamente porque ya no tengan valor sino porque es el rincón de mi alma, el lugar seguro donde anidar, el sitio preferido para atesorar mis pequeñas reliquias, las que me hacen feliz, las que valen la pena, las que irán siempre conmigo.

Rompamos la leyenda negra de que en los desvanes sólo hay polvo y trastos viejos. En el mío al menos, sólo hay espacio, claridad y esperanza, aunque no digo yo que limpiar desvanes no sea un trabajo pero…cuando el trabajo está bien hecho ¡qué satisfacción!

La pregunta es:

¿ Cómo llevas tu propio desván?

Si no te apetece dar una respuesta sincera, puedes inventar la que más te guste y pintarla del color que quieras 🙂 Y ya sé que no es ni lunes ni jueves pero…la vida me lleva a capricho y el día de la semana sólo es el que es.

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4 thoughts on “En el desván de la vida

  1. Qué hermoso post, Luisa.

    Soy una persona frívola que vive al día. Mi desván es pequeño. Casi nunca pienso en “aquello que ocurrió hace 15 años” o “ése al que conocí hace 10 años”. Casi siempre es “lo que pasó hace una semana” o “la persona a la que vi hace medio mes”. Es, por otro lado, lo que ocurre con mi casa, donde cada cierto tiempo hago una batida para tirar cosas antiguas.

    Por eso, no sé el color de mi desván. Quizá un azul pálido.

    Me alegro de tu vuelta, querida Luisa.

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  2. Fernando. Pues esa frivolidad de la que hablas no me parece mal, sino todo lo contrario 🙂 Así que sigue así, y de vez en cuando limpieza material jejeje
    Gracias, amigo mío.
    Besos, muchos

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