Sin ínfulas

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Ana se mimetizó con las gentes de aquel lugar, se fundió en el torrente del tráfico urbano y se mezcló entre ellas como una más.

Se sintió bien en su anonimato y agradeció no ser nadie especial, no tener nada de qué presumir, no llamar la atención.

Era realmente hermosa la ciudad, histórica y señorial, cuajada de monumentos como una hermosa flor. El ambiente era festivo, allí siempre era así, aquellas calles estaban hechas para vivir y la afluencia de personas de distintas nacionalidades daban color y alegría y animaban a recorrer los lugares más emblemáticos, las calles más ocultas, los espacios más serenos y los rincones con embrujo.

Se alegró mucho al no sentirse observada, al pasar inadvertida, nadie podía reconocerla y esa sensación le hizo sentir bien. Realmente no aspiraba a más, solo quería ser una más, solo eso.

Estaba tan sobrevalorado el poder y la riqueza, las capacidades y los logros y los méritos y esas ínfulas, ese afán de aparentar lo que ni se tiene ni se es…ella no era nadie especial y estaba bien así.

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2 respuestas a “Sin ínfulas

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