Afortunadamente no creo en los curas

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Si partimos de la base de que la fe es una razón sobrenatural, algo que escapa a la pura humanidad, obviamente mi afirmación es lógica. Fundamentar nuestras creencias en don fulano o don zutano o en Pepe o Manolo, no me parece ni serio.

Afortunadamente no creo en los curas, es más, creo que se les debería exigir calidad y concentración en sus homilías. Una charla cristiana que no se extienda en el tiempo, algo concreto que aplicar a la vida diaria, un mini discurso animante y motivador. Así entiendo yo las homilías. Otra cosa es cómo las entienden ellos, los curas, los sacerdotes, palabra que me gusta más.

A lo que voy: hoy, misa dominical, la iglesia llena, afluencia de público variopinto, delante mía una familia a la que conozco con sus tres hijos…me fijo en el sacerdote, al que no conozco porque no es una iglesia que yo frecuente, le miro y pienso “buena pinta tiene, seguro que habla bien”. Después de escucharle me sonrío y pienso cuánto puedo llegar a equivocarme…

La homilía no ha sido larga pero su mensaje no ha podido ser más desalentador, nos ha caído la del pulpo-yo con éste cura no me confesaría…-y finalmente ha concluido diciendo que no tenemos fe, ni sabemos lo que es el amor, ni nos amamos, ni tenemos esperanza. En fin, un dechado de positividad. Menos mal que ni por esas me ha arrebatado mi alegría dominguera.

Cuando me topo con pláticas de éste estilo me consuela pensar que la gente no esté prestando mucha atención, sobre todo los niños. ¡Con lo bonita que es la palabra de Dios! Nada, nada, a examen oiga, y que se lo haga mirar más de uno, que más que cuidar ovejas parece que quieran descarriarlas. Por eso, insisto, la fe, mi fe no depende del cura Pepe o de Manolo.

Lo peor es que lo mismo el buen hombre, con la mejor de sus intenciones, incluso se ha preparado la charleta, no quiero ser irrespetuosa pero es como esas personas que van vestidas espantosamente, están horrorosas y obviamente han ido primero a comprar esa ropa, luego se han visto guapos y finalmente han salido a compartir con la humanidad su estilismo. Pues eso, que afortunadamente no creo en los curas.

En el desván de la vida

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Cuántas cosas en desuso almacenamos en el desván de la vida. Y desde nuestra atalaya, cimentada a base de ensayo y error, miramos altivos todos nuestros tesoros, los que aún conservamos y los que dejamos marchar forzosa o libremente.

El caso es que la vida no perdona, no olvida, no regresa y nosotros, simples mortales, intentamos no caer de la rueda, por no perder el equilibrio, por no perder el ritmo, por no pisar la comba…y en ese ejercicio perenne a veces nos descalabramos y a veces no. Oiga, qué alegría cuando es que no.

Y cuando te preguntan y piensas antes de hablar, la respuesta puede llegar de mil maneras aunque ciertamente la más sensata sólo se escucha en el silencio. Todos los demás ruidos, salvo la música alegre y festiva, suelen ser desafinados y/o tóxicos para el espíritu.

Entro en mi pequeño desván y toso al remover lo que allí guardo y abro la ventana de par en par y dejo marchar los miedos y los fantasmillas.

Y grito fuerte y contenta: ¡ cuidado, que va! y empiezan a volar todos ellos, en caída limpia hacia nunca jamás y va entrando la luz y se van creando nuevos espacios y todo está mucho más diáfano. Por fin he hecho acopio de valor y me he desprendido de tanta inutilidad. Confieso que en el proceso de limpieza del pequeño desván, he perdido algunos tesorillos, como los pendientes de la abuela o aquél reloj azul que tanto me gustaba o  la conversación íntima que o bien se silenció por falta de tiempo o de valor o de ganas o sencillamente cayó en el cementerio del olvido.

¡Ah, pero también recuperas el primer beso, la plenitud de rodar en bicicleta en perfecto zigzagueo o aquella fiesta donde hicimos una fila enorme, entrelazados a la cintura y bailando al ritmo de los sones brasileños…!

Conservo muchas cosas para siempre en el desván de mi vida y no precisamente porque ya no tengan valor sino porque es el rincón de mi alma, el lugar seguro donde anidar, el sitio preferido para atesorar mis pequeñas reliquias, las que me hacen feliz, las que valen la pena, las que irán siempre conmigo.

Rompamos la leyenda negra de que en los desvanes sólo hay polvo y trastos viejos. En el mío al menos, sólo hay espacio, claridad y esperanza, aunque no digo yo que limpiar desvanes no sea un trabajo pero…cuando el trabajo está bien hecho ¡qué satisfacción!

La pregunta es:

¿ Cómo llevas tu propio desván?

Si no te apetece dar una respuesta sincera, puedes inventar la que más te guste y pintarla del color que quieras 🙂 Y ya sé que no es ni lunes ni jueves pero…la vida me lleva a capricho y el día de la semana sólo es el que es.

Ahora estás, ahora no estás

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Así nos sorprende la vida, o mejor dicho, la muerte. Ahora estás y al minuto siguiente no estás. Esta es la última muerte que nos sorprende por inesperada, porque quien muere tiene popularidad y porque ha muerto joven y eso siempre impresiona y causa tristeza.Descanse en paz.

Pero en ese mismo domingo de Ramos, además de la muerte de Carme Chacón, han sido asesinados y masacrados los cristianos coptos que estaban celebrando su fiesta cristiana, la llegada triunfante de Jesús a Jerusalén a lomos de un simple pollino. Descansen en paz.

El odio y el terror han dado muerte a nuestros hermanos coptos que no hacían daño a nadie…pero estamos tan acostumbrados a este tipo de noticias…nos pillan tan lejos…que no sentimos apenas un estremecimiento. Digamos que hay vidas de primera y vidas de segunda. Muertes sorpresivas que causan profundo pesar y muertes sorpresivas que no le duelen a nadie, o al menos, no duelen hasta el punto de hacer algo por remediar semejante barbarie.

Ahora estás, ahora no estás. Esto es lo que nos va a tocar a todos. Y la pregunta del millón sería…¿estamos preparados para morir?¿Yo estoy preparada para morir hoy?

Estaréis conmigo en que la respuesta causa canguelo y sin embargo, esta es una de las realidades más frecuentes en el día a día, solo que todavía no nos ha llegado nuestro minuto de gloria, ese paso de éste mundo a otro mundo, de ésta vida a otra vida.

No sé, quizás estamos en unas fechas muy oportunas para pensar, además de broncearnos en la playa y comer espetos.

Pensar, meditar, considerar la posibilidad de nuestra propia muerte como una realidad…y bueno, quizás cambiar algunas cosillas, tomar otro rumbo y dejar de pensar que a mí eso no me va a pasar.

El club de las madres buenas

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El club de las madres buenas es un club muy selecto y al mismo tiempo muy numeroso, ya que en la naturaleza consta impresa con una fuerza desgarradora ese instinto maternal que, por encima de toda razón o entendimiento, ama sin medida a los hijos.

Ya hay muchas mujeres a las que en su día conocí que forman el Club de las Madres Buenas, madres guays, madres top, madres diez, madres, sencillamente madres, que con su entrega, sus triquiñuelas, su capacidad para guardar secretos y para anticiparse a lo que va a ocurrir, han colmado de entrega millares, millones, qué digo, miriadas de hogares. Los han impregnado de olor a rosquillos fritos, o a tortilla de patatas o simplemente a colonia de madre; madres tiritas para los desgarrones de la vida o abrazos ante la adversidad, o  silencios oportunos o espera paciente y abnegada; madres de risa extravagante, de bailes vergonzantes, madres dulces y amorosas de frases lapidarias y noches de insomnio. Madres imperfectas que se han equivocado muchas veces y han errado en sus decisiones, simplemente madres.

Muchas son candidatas al Club de las Madres Buenas, pero sólo alcanzan a ser admitidas aquellas que finalmente llegan a la meta, esto es algo que sólo consiguen las que echan toda la carne en el asador hasta entregar la última lágrima, el último aliento, la última oración desbrozada en unos labios temblorosos ante el dolor, la enfermedad o la propia muerte, nuestra eterna amiga y compañera, por más que nos repugne la idea de morir.

Todo es un tránsito, de tal modo, que aquellas que llegan al Club quedan encantadas, maravilladas, alucinadas, sin palabras… ante la luz, el sol, las vistas, las pistas de padel, los caballos de raza y las tartas de chocolate y nata cero calorías que pueden disfrutar sin límite y todo ello con vistas al mar, con vistas a la montaña, con vistas a lo más bello y hermoso que hay en la vida y que nos está vedado aún en su totalidad…porque aún seguimos en el camino.

Toda madre puede ser aspirante a socia y, llegado el caso, disfrutará enormemente de su pertenencia, gracias a esas tertulias,a esos paseos entre nubes, a esas  risas celestiales y gracias al cascabeleo de las faldas orientales al son de la música más bonita que se pueda imaginar; serán socias disfrutonas y deslumbradas ante el esplendor  de los colores más intensos que ninguna paleta consiguió; paladearán los sabores más ricos, recibirán todas las ternuras,y en definitiva, vivirán y sentirán lo mejor, lo nunca soñado, lo infinito, lo increíble…el Amor.

A esas madres en el camino, próximas a la meta, futuras socias del Club de las Madres Buenas, quiero dedicarles con todo mi amor y gratitud su titánica tarea por sacar a éste mundo adelante. Sin ellas…nada.

 

La ideología de género, una sinrazón

Éste vídeo explica en pocos minutos el trasfondo de la ideología de género, un negocio que alguien se sacó de la manga y que ha conseguido confundir los más básicos esquemas mentales de muchas personas que cuando oyen hablar de “género” entienden que hablamos de “masculino o femenino”. Nada más lejos de la realidad.

“La ideología de género es la última rebelión de la creatura contra su condición de creatura. Con el ateísmo, el hombre moderno pretendió negar la existencia de una instancia exterior que le dice algo sobre la verdad de sí mismo, sobre lo bueno y sobre lo malo. Con el materialismo, el hombre moderno intentó negar sus propias exigencias y su propia libertad, que nacen de su condición espiritual. Ahora, con la ideología de género el hombre moderno pretende librarse incluso de las exigencias de su propio cuerpo: se considera un ser autónomo que se construye a sí mismo; una pura voluntad que se autocrea y se convierte en un dios para sí mismo” (Cardenal Joseph Ratzinger).

La defensa de la identidad humana, la defensa de la biología y la defensa de la distinción de sexos, nada tiene que ver con el tema de la transexualidad, o dicho de otro modo, afirmar lo primero no significa atacar lo segundo. Máximo respeto a las personas transexuales. Máximo. Que nadie manipule el hecho de que defendamos que lo blanco es blanco.

Ya pasó con la batalla perdida del “matrimonio” como concepto que definía un estado. Al admitir como matrimonio cualquier unión, queda vacío de contenido el sentido originario del término, es decir, que un matrimonio es la unión de un hombre y una mujer. Y afirmar esto no va en contra de las uniones homosexuales, sencillamente las diferencian, porque no son lo mismo. Máximo respeto a estas uniones de personas del mismo sexo. Máximo. Que nadie manipule el hecho de que defendamos que lo blanco es blanco.

El caso es que poco a poco nuestros cerebros se deforman y llegamos a dar por válido lo que es de suyo, absurdo e irracional. Ahora toca “deconstruirnos”…no quiero pensar qué puede ser lo siguiente.

Y voy a referirme al programa de la Sexta presentado por Iñaki López, que dio un ejemplo perfecto de lo que puede llegar a ser la prepotencia, la ignorancia y la violencia que contiene esta ideología de género, con afirmaciones tales como que la sexualidad no está en los genitales sino en la cabeza, algo que, afirmaba con vehemencia y faltando al respeto del supuesto “entrevistado” que apenas pudo articular palabra. Cero para el Sr.López. Cero.

A este señor me gustaría preguntarle, llegado el caso de una futurible paternidad,si ha sido niño o niña, aunque mucho me temo que su respuesta será un coherente “no tengo ni puñetera idea” ya que no sé qué hay en su cabecita. Lo mismo es conveniente que no le inscriba en el Registro Civil, porque ponerle un nombre determinaría un sexo…y desde luego que le vista con colores neutros, nada que pueda confundir al bebé y hacerle tender hacia uno de los sexos, y todo ello, insisto, con la negación más absoluta y chulesca de la certeza de la biología.

En fin, el mundo está lleno de necios, pero que no nos vendan la burra y sobre todo, que no adoctrinen a nuestros niños en las escuelas, que no les confundan, que no los programen. Para educar están los padres en concreto, y la familia en general. Para arengas y discursos políticos está el hemiciclo.

Hablemos de la Virgen y de su Hijo

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Hablemos de estas dos personas, hebreas de nacimiento y con un peso fundamental en la Historia de la Humanidad, tanto, tanto que incluso quienes no creen en Ellos no pueden dejar de tenerlos presentes.

La Virgen es una mujer dotada de todas las gracias, sin mancilla, fiel hasta lo incomprensible, joven, guapa y madre de Jesús.

Jesús de Nazaret, su Hijo, por simpatía hacia el torpe género humano, en la acción más perfecta de amor, se deja matar y da la vida por nosotros, nos redime del pecado.

Así pues, Él muere por nosotros y nosotros le abandonamos y huimos despavoridos ante el misterio de la Cruz. Eso sí, antes le escupimos y le insultamos. Hoy también…

Y dice Jesús en la Cruz:

“Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”

Y le dice a su discípulo adolescente, Juanillo, refiriéndose a María :“ahí tienes a tu Madre”.

Y a Ella: “ahí tienes a tu hijo”.

En un doble salto mortal, con redoble de tambores, cuando ya nada más podía ofrecernos… nos entregó a su Madre, para que acudamos a Ella con confianza de hijos, para que la amemos y la respetemos, para que sea nuestro consuelo y nos ayude a vivir y a morir.

¿Qué conclusiones podríamos sacar ante este ejemplo de paz y misericordia? Indudablemente que no tenemos espacio para odiar, ni un cristiano debe dejarse llevar por la ira mal entendida, ni está bien atacar o menospreciar con insultos a quien incluso, hubiera hecho méritos para merecerlo.

¿Y ya está? Obviamente no y pienso que si Jesús quiere a su Madre con toda el alma, espera que nosotros hagamos igual y exijamos que sea respetada, llegado el caso.

Ni Jesús, ni María, esperan que seamos unos pamplinas,unos cobardicas o unos tontainas a quienes les da igual lo que es una provocación pública en lo más sagrado a nuestras creencias, así pues, espero que se emprendan acciones judiciales y que haya medidas y que se rectifique y que se depuren responsabilidades. Una España cabal no debe permitir que estos actos queden impunes. ¿Habrá justicia?

Qué difícil Señor, rezaba esta mañana, ver cómo te ofenden, e incluso con mayor repugnancia, ver cómo ofenden a tu Madre, a mi Madre, y mantener la calma.

No vaya nadie a llevarse a engaño: Quien ofende en lo más sagrado al pueblo cristiano, no sólo blasfema, que esta palabra puede estar vacía de sentido para muchos, sino que comete un acto irrespetuoso, grosero, deleznable, vomitivo y ofensivo y además traspasa los límites de la convivencia, los límites de la ley y los límites de la paciencia de quienes vivimos la fe católica.

Supongo que toca hacer un ejercicio sincero para perdonar a quienes vierten sus frustraciones personales y sus miserias, con intención de herir de forma absurda y gratuita a los católicos.

Pero cada vez que ataquen mi credo o ataquen a la Virgen Santísima y a su Hijo Jesucristo, les saldré al paso con un escrito de adoración y alabanza.

Quienes hoy yerran y blasfeman, mañana puedan arrepentirse y pedir perdón. Yo rezo por eso. “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.