4.9

LEPANTO CUADRO 2

4.9 puede ser muchas cosas, pero nos vamos a referir a ésta cifra como el resultado de un trabajo esforzado-aunque pudiera parecer que no- y la decisión de un profesor-asumamos el genérico-que califica un examen final de universidad con un glorioso 4.9

Podríamos pensar que el alumno-asumamos el genérico-no se ha esforzado lo suficiente y por tanto, el suspenso es justo e irremediable, pero…caben más posibilidades, como por ejemplo, que quien ha corregido el examen haya podido equivocarse en perjuicio del alumno, o bien que no se haya equivocado pero tampoco se plantee que detrás de esa décima que falta para un aprobado hay un trabajo esforzado, el ánimo o desánimo de quien combate una asignatura difícil y árida y todas las horas, días y pensamientos que ha dedicado, el dinero que ha costado y, por cosas de la vida, todas las horas, días y pensamientos venideros, amén del dinero, si tiene que volver a matricularse de la susodicha.

Pensando en un mundo ideal imagino a un profesor motivante que piensa en ayudar a su alumno, que le llama a tutoría y comenta con el chaval el examen, un profesor que quiere que el alumno entienda la asignatura y que la apruebe. Conversan un rato, el alumno le expresa las dificultades que ha tenido y el profesor le anima a trabajar una serie de puntos que afiancen los conocimientos adquiridos.

Hay vida más allá de una décima, de hecho un 4.9 no significa nada o lo significa todo, depende del interés que estemos analizando. A mí me gustaría animar al chaval-el profe ya ha tenido todas las oportunidades de empatía-, me gustaría decirle que en la vida le esperan muchos 4.9  pero que no se desanime, que siga esforzándose, que siga librando batallas, que la guerra la ganará con tiempo y paciencia.

Una décima es la diferencia entre pensar en ayudar al prójimo o mirarse el ombligo. No siempre. No en todos los casos, solo en aquellos donde alguien se esfuerza mucho y quien puede darle un empujón, le da un pisotón y lo hunde en la miseria. Hay muchos 4.9 y están entre nosotros…

Como digo, un 4.9, a mí, personalmente, no me parece una nota aceptable.

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Jesu communio, en Lerma

Peregrino-orado

Cogió el micro y les explicó a las monjas: “tengo aquí dos hermanas y normalmente vengo a visitarlas acompañada de mi familia, mis padres, algún hermano, mi marido o mis hijos…pero hoy vengo con mis amigas”

Y entre sus amigas estábamos un grupete de quince-bonito número-que después de un largo  fin de semana de penurias y sinsabores-véase lechazo de Burgos y olla podrida o catedral o noche blanca…-quisimos parar en Lerma a visitar a las hermanas de la del micro.

Quedamos impactadas y emocionadas al ver tanta monja de hábito de ropa vaquera y tan jóvenes y tan llamativamente sonrientes.

El encuentro se produjo en una sala circular dividida por un pequeño pasillo central, a cada lado gradas a modo de asientos, las monjas y los visitantes, frente a frente. Acogedor, sencillo y natural.

Una de ellas nos explicó cómo había pensado en hacerse misionera para ayudar a los demás, quería actuar…después entendió que sus pasos, su vocación iba por el sendero de esta comunidad religiosa de vida contemplativa, Jesu Communio.

Nos habló muy bonito de cómo ella se había comprometido con Cristo, cómo  pasaba a sentirnos a todos como hijos suyos y cómo, con su entrega y su oración, de alguna manera,convencía a Cristo para que nos diese la fuerza, o la fe, o la esperanza o el amor que necesitamos para seguir viviendo, para encarar la vida, para remar mar adentro, para levantarnos con un nuevo sol.

Antes de despedirnos y seguir viaje nos regalaron esta canción y una de las monjas, una de las hermanas de mi amiga, me comentó que, entre las manos de la Virgen que preside su capilla, podíamos dejar nuestras necesidades  porque ellas las recogían  para rezarlas una a una.

Las monjas de Lerma son unas campeonas de la vida y me las guardo en el corazón para lo que esté por venir.

La sugerencia es…si quieres compartir una experiencia edificante, visita a las monjitas de Lerma.

¿Te gustan los coches?

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Alberto había recibido una nueva oferta de trabajo; pareciera que el esfuerzo de los últimos años empezase a dar sus frutos. De repente la necesidad de desplazarse le obligaba a hacerse con una herramienta imprescindible: un vehículo.

Accedió a la web en busca de opciones y ofertas que pudieran interesarle, algo que fuese de su gusto, algo que pudiese pagarse, algo que le ofreciese garantías.

Una página le ofreció la oportunidad de “diseñar” su coche y personalizarlo.

Parecía divertido y empezó a incluir extras al vehículo. Consideraba imprescindible los elevalunas, los asientos ergonómicos y térmicos, la radio, el bluetooth y el detector de radar, sobre todo eso, que no quería líos con tráfico…

Finalmente se decidió por uno que reunía todas sus exigencias, tomó la decisión, fue al garaje, rebuscó en el armario y con el martillo en mano subió hasta su dormitorio donde guardaba una hucha con forma de cerdito. Le dio un martillazo y billetes de todos los tamaños aparecieron ante sus encantados ojos. Los recogió, los contó, los ordenó por colores y se fue más ancho que pancho al concesionario más próximo.

Siempre había soñado con algo así. Entró y se dirigió con paso decidido a un vendedor y señalando el coche le dijo con tono firme: quiero ese.

La pregunta es:

¿Quién no ha hecho algo así alguna vez?

Desmotivación laboral brutal

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Pertenezco a ese gremio impopular y mal pagado, injustamente atacado y sistemáticamente desprestigiado…

En mis muchos años de fiel servicio no he tenido ni un gesto de reconocimiento, por supuesto nunca he sido premiada por nada, ni jamás me ha llegado una cesta de fruta a casa por Navidad, ni un triste trozo de queso, ni tampoco he visto recompensado mi esfuerzo con un salario justo, ni muchísimo menos he gozado de ningún tipo de dádiva, ni siquiera he podido promocionar porque eso habría supuesto alejarme de mi hogar y siempre me ha parecido más importante ser madre.

Nunca me han llevado de fin de semana de empresa, ni he participado de beneficios, ni siquiera he gozado de dietas cuando he tenido que quedarme a trabajar y alguna vez también a cenar para despachar lo que había que despachar. No sé lo que es un aumento de sueldo más allá de 10 euros a primeros de año, el año que sí.

Estoy tan desmotivada que me entran ganas de dimitir pero entonces recuerdo que si lo hago lo mismo me quitan la misérrima presunta pensión que me aguarda y pienso en mi ancianidad y me animo a seguir trabajando.

Siempre he tenido en alto concepto semejante labor, esto es, la de trabajar, tiene muchos beneficios aunque humanamente todos podéis comprender que mi empresa no incentiva de ninguna manera, así que, además de trabajar por dinero para poder vivir, podríamos decir que trabajo por amor al arte.

Hoy me han tocado las narices, una vez más. Con el último reajuste informático me han cerrado la posibilidad de hacer una tarea que hasta ahora venía haciendo con celeridad. Esa misma tarea, ahora, ya no va a ser una labor rápida y eficaz sino algo más tedioso, lento y por lo tanto ineficaz. Es decir, que lo que antes iba bien, ahora va mal y, cuando expongo mi queja me dicen que así están las cosas. Lo peor es la sensación de impotencia ante las decisiones equivocadas e inamovibles del sistema.

Lo dicho, nunca he visto un sitio más desmotivador que el Ministerio en el que trabajo y desde luego, tengo que recordarme cada día por qué me gusta hacer bien las cosas.

Muy triste todo, pero a nadie le importa un pimiento. Así son las cosas.

Me encantan los jóvenes

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Las buenas noticias deberían ser noticia. De hecho, si hiciésemos un sondeo de buenas noticias, se nos ensancharía el corazón y nos daría la risa. Posiblemente así combatiríamos la desidia y el desagrado y el rechazo que nos producen lo que se emite en todos los medios como noticia.

Dicho esto paso a felicitar a todos los jóvenes del mundo, a todos los buenos, que son la inmensa mayoría, jóvenes de corazón limpio, de mirada franca y de hechos nobles. Así son nuestros jóvenes y así es la chica que ha encontrado la billetera perdida.

Paula se acerca a la farmacia para comprar un antibiótico-la garganta dando batalla-y entre la farmacia y donde se va a comer, pierde la cartera. Se da cuenta cuando hace ademán de pagar. Menos mal que si algo tiene la ciudad de Salamanca, además de un hermoso río, una historia monumental increíble, una gastronomía maravillosa, es gente guay, en su mayoría universitarios llegados de todas partes.

Y a la pérdida de la cartera de Paula, con el consiguiente trastorno por aquello de las tarjetas y los documentos además del dinero, aparece Ester que localiza a Paula a través de FB y queda con ella para devolverle la cartera y todo lo que contenía. Se la encontró tirada en la calle y se tomó la molestia de buscar a la dueña legítima y de quedar con ella para devolvérsela.

Y son estas pequeñas cosas las que demuestran que el mundo está lleno de gente buena, honrada y generosa. Olé por todos los jóvenes que son como Ester, entre otros, mis hijos, jóvenes fuertes y con empuje, valientes y luchadores, honestos y cumplidores.¡Qué orgullo!

¡Me encantan los jóvenes!

La pregunta es:

¿Tienes alguna anécdota simpática con jóvenes?

Mis madres

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Yo tengo dos madres a las que quiero mucho. Una está en el Cielo y la otra está en el sprint final de su vida, luchando como una jabata, confiada en el amor de Dios, consciente de que llega el final y con ganas de descansar en Jesús y en María.

Mis madres junto con mis hijos son lo mejor que tengo, son mi fuente de vida, mi fuente de energía, son la luz que ilumina el camino, el motor que me empuja, la esperanza de algo muchísimo mejor y más absoluto.

Mi Madre del Cielo, la Virgen María, es objetivo de todos mis ruegos, confidente íntima de mis desvelos y la mujer más hermosa que el Mundo ha conocido. Celebramos el mes de mayo, dedicado por excelencia a expresarle nuestro amor de mil maneras, que si la flor en el jarrón, que si una romería a una ermita de la Virgen, que si un piropo, que si un ofrecimiento, que si un esfuerzo, que si una alegría, que siempre la gratitud. Madre guapa y fiel, Madre ejemplar, nuestra mejor embajadora ante Dios.

Mi madre de la tierra, es una mujer trabajadora y con una capacidad de sacrificio que a mí me abruma, siempre he admirado de ella ese arte para servir, esa fuerza para no dormir, para no descansar, para no pensar en ella. Es muy guapa mi madre y muy buena, ahora está muy desvalida y se me rompe el corazón cuando la veo tan necesitada pero sé que tiene la fuerza interior para afrontar esta etapa, última etapa mortal de su vida.

Las dos, la una y la otra, sin equipararlas, ni compararlas, las dos son imprescindibles en mi vida, las dos son “mi madre”, palabra grande donde las haya y por muchos años que pasen, yo siempre seré su hija.

¡Muchísimas felicidades a las dos!, os mando un beso fuerte en la distancia y, le pido a María que despliegue todo su poder y que cuide a mi madre de la tierra y que la colme de paz y felicidad.

¡Madres guapas, os quiero! Gracias de corazón.