Desde la planta de arriba

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Escribo desde la planta de arriba de la casa unifamiliar donde batallan mis padres cada día.

El tiempo y la enfermedad hacen estragos en el cuerpo y  en cada jirón del alma y en ellos, la vejez se va aposentando con la misma naturalidad que el día persigue a la noche hasta completar la oscuridad.

Él está fuerte como un toro, o como dos, o como tres; ella no, ella está frágil como un gorrión recién salido del cascarón, o como dos, o como tres…

Aquí el tiempo se sucede de manera distinta, no es el ritmo al que estoy acostumbrada, concediendo que todo tiempo tiene un espacio común y sin embargo se mueve de distinta manera, de tal modo que pudiera ser un viento huracanado o una brisa juguetona o una calma chicha, según por quién y por dónde pase.

Mi madre está recibiendo una de sus clases de fisioterapia y rehabilitación en un intento desesperado por frenar lo inevitable.  Creo que esas clases le hacen bien y a la vez la agotan, pero sobre todo, espantan el tedio y la inmovilidad que puede ocasionar la quietud o el aburrimiento.

Mi padre andará metido en sus lecturas; es un hombre culto e instruido que a sus ochenta y dos años ha tenido que solicitar que le permitan “aparcar” la tesis doctoral en la que ha estado investigando el último año, porque ahora mismo su asignatura pendiente, su matricula de honor es ella, siempre ella, desde hace casi sesenta años ella, solo ella.

A mí me vais a perdonar el post autobiográfico pero, de uvas a peras, es bueno mirar hacia adentro, mirar alrededor, mirar a los demás, los protagonistas de mi personal película y dedicarles unas líneas.

En esta ocasión y en expresión taurina, va por ellos, mis padres.

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Buenas noches España

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Buenas noches. A ti, que terminas de cenar y ya mismo te regalas con unas horas de sueño; a ti, que estás cansada después de un día de viaje, aviones, aeropuertos…; a ti, que mañana madrugas porque sigues currando y no alcanzas a ver la luz al final del túnel; a ti, que no tienes tiempo para leer un puñetero libro en todo el año; a ti, que paseas de su mano y te sientes invencible; a ti, que tienes el corazón roto de dolor por la muerte de tu hermano; a ti, que acabas de ser abuela y todo te parece novedoso y familiarmente conocido; a ti, que esperas en la estación de tren y no ves el momento de darle un abrazo enorme; a ti, que quieres irte de vacaciones unos días y no encuentras lo que buscas porque todo está ocupado; a ti, que no distingues si los días son grises o soleados; a ti, que no puedes oír y vives en un mundo silencioso; buenas noches a todos, a los que sois felices, a los que estáis un pelín amargados; a los que soñáis imposibles y a los que vivís en una larga espera; a ti, que estás en Rusia, lejos de tu campo andaluz; a ti, que llevas casi un año de baja por problemas de salud; a ti, que vas conduciendo y contemplas la luna llena; a todos, a cada uno, a los que sí y a los que no; a los famosos, a la gente anónima, a los amantes y a los que nunca supieron lo que es amar; a los hijos que viven la noche; a los padres que la pasan en vela; a todos, buenas noches, buenas noches España.

Yo, más que desearos felicidad eterna, que también, os invito a hacer el bien, sólo eso, como quien deja pasar primero a alguien en el ascensor, o le cede el asiento, o le ayuda en el cajero del banco porque es mayor y no sabe, como quien se toma un minuto para preguntar sinceramente cómo estás, como quien se da cuenta de una necesidad y la cubre sin ruido de trompetas…cosillas, fáciles, pero tan agradables…Buenas noches España, desde el calor maravilloso que hemos alcanzado hoy llegando a los 41º. Terral malagueño que le llaman…casi muero.

Busco un espacio

Un espacio donde hablar sin miedo, sin vergüenza.

Un lugar donde dejar mi legado… afectivo.

No sé dónde escribir.

Puede venir el viento y zaherir mis sentimientos pero… ya me van faltando las fuerzas y me van sobrando los años.

Quisiera  decir lo que mi corazón guarda, aunque no sé dónde hacerlo.

Muchas veces pienso en cómo se pasa la vida y cómo se viene la muerte...tan callando, y me arrepiento de muchas cosas: cosas que hago, cosas que no hago…todas resumidas a lo mismo “lo que pude amar y no amé”

Se me viene el orgullo, se me pasan los años, y permanezco, pero un día cualquiera, cualquier estación del año alguien me echará de menos y no sabrá dónde buscar mi corazón hecho verso, escrito quizás en algún blog perdido en el ciberespacio.

Todo lo que no sea amar me parece tiempo perdido.

Millones de veces afirmamos que la vida no es tan complicada, que somos nosotros, nosotros quienes la complicamos.

Mientras, impasible e impotente desde primera fila o palco contemplo mi propia existencia y siento un dolor lacerante en el alma: cómo rendiré cuentas de mis días estáticos.

Ni esto es poesía, ni guarda dobles intenciones, ni esconde mensaje subliminal.

Si fuera india éste sería mi nombre de guerra: busco un espacio…

Viajar, ese riesgo

¿Viajar es un riesgo? Recuerdo a mi amiga Aurora, que nunca quiso venir a visitarnos porque le daba pánico la carretera. Nunca vino y unos años después murió de cáncer.

A mí me resulta muy placentero entremezclarme con gentes que no conozco, que no me conocen, que nunca volveré a ver, compartiendo espacio, tiempo, gastronomía, diversión,cine o teatro, por ejemplo.

Luego llega el problema de la carretera, la noche, el viento y la lluvia. Afortunadamente la nieve se quedó al margen-al margen de la carretera-

Apurando los últimos kilómetros de vuelta a casa, la radio informa de los muertos de accidente de tráfico y no dejo de pensar qué misteriosa es la vida y qué misteriosa la muerte.

No dejo de reflexionar sobre el hecho cierto de que sigo viva mientras que otros han finalizado su viaje.

¿Qué significará esto?

Qué lástima

Nunca supo cómo decirle que aquello no estaba bien, que no se podía ir por la vida en posesión de la verdad, despreciando todo gesto que no fuese exactamente el que él pensaba.

Nunca pudo aproximarse a él y abrirle el corazón porque sentía que no se pondría en su lugar…

No se atrevió a explicarle que aprendemos más con un gesto que con un discurso grandilocuente, que cuando somos adultos queremos ser tratados como adultos y que los pañales, los años de colegio, las regañinas y la moralina tienen su tiempo y que el tiempo pasa.

Se quedó sin palabras antes de abrir el alma y supo que cerraría su vida sin haberle hecho entender que el amor no juzga, sólo comprende.

Sintió tristeza e impotencia por no haber sabido volcar una relación viciada.

Apagó la luz y cerró la ventana.

Era tarde, demasiado tarde…qué lástima.