El grito de Venezuela

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Venezuela llora, Venezuela grita, padece hambre e injusticia y sobrevive al terror de una dictadura.

El pueblo venezolano está sufriendo y “les están matando”según relato de los propios venezolanos.

Es un horror contemplar lo que está pasando, cómo  Maduro desgobierna y aplasta a su propio pueblo. Un hombre sin escrúpulos y a lo que se ve, sin cerebro, que vive al margen de la ley, al margen de la democracia y que encarcela a quienes levantan la voz como un solo grito de libertad y plantan cara y se resisten con enorme valentía a riesgo de su propia vida. Así están las cosas.

Y mientras, el mundo mira hacia Venezuela y piensa, dónde está la presión internacional, dónde la ayuda urgente e inmediata, la ayuda contundente y efectiva que necesitan los venezolanos.

Venezuela llora y también lloro yo al contemplar el horror que sufre nuestro pueblo hermano.

Supongo, espero, deseo, rezo para que cada día que pase estén un paso más cerca de alcanzar la libertad y de vivir en paz y recuperarse en su devastada economía.

Quiero expresar mi total repugnancia al régimen de Maduro y a todos aquellos partidos políticos que expresamente no denuncian publicamente tan descomunal injusticia y el brutal atropello a los más elementales derechos del ser humano.

Venezuela llora y grita al mundo “que les están matando”…y a mi se me parte el alma.

 

 

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¿Puedo llamarte idiota, por favor?

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Me ataca la duda y pienso…¿puedo llamarte idiota?¿puedo llamarte egoísta? ¿puedo decirte que eres un cerdo? Obviamente así dicho, la respuesta rotunda sería no, nadie tiene derecho a insultar o atacar a nadie.

Y sin embargo a mí me pasó el otro día. A mi me lo dijeron, hablaron sobre mí y toda mi estirpe y se permitieron el lujo de insultarnos, atacarnos, juzgarnos y condenarnos pero eso no es lo llamativo, porque quien más quien menos todos estamos expuestos a la vara ajena, lo increíble es que me lo dijeron tal que así: “creo que tengo todo el derecho a decirte esto ya que te lo estoy diciendo con respeto”.

¡Pues menos mal! jajajajaja Reconozco que el tono de voz era pausado y melódico, tranquilo y hasta armonioso pero el escupitajo que recibí en toda la cara me supo igual que si me lo hubieran dicho a voces o de mala manera.

Y claro, al hilo de esto, entiendo que no hay límites para la expresión y a partir de ahora, cuando en mi opinión, sesgada, subjetiva, parcial, interesada y carente de información vital, yo entienda que debo decirle cualquier cosa a cualquiera, siempre podré hacerlo con la tranquilidad de decirlo respetuosamente.

Ejemplo: Mira, eres una hija de la gran puta y tu esposo un cabrón,pero te lo digo desde el respeto…

¿Lo dejamos así? Quiero decir…¿ encajamos la opinión de quien nos recrimina o le paramos los pies?

Obviamente para hacernos entender tendríamos que dar explicaciones(primer error) y además sería inútil porque toda mi vida, mis experiencias, mis vivencias, mis carencias, mis relaciones, mis afectos, mis desengaños, mis limitaciones, las limitaciones ajenas, el ambiente social, cultural y en definitiva, hasta la marca de vaqueros, me ha llevado a ser lo que soy y a hacer lo que hago. Mi experiencia es inmanente y absolutamente imposible de trasladar al cerebro entrante, el cerebro pensante que ha decidido que, con todo respeto, te puede insultar y quedarse más ancho que pancho.

Yo, sencillamente, creo que se equivoca y en mi obstinación vital voy a empeñarme en no ser receptora de más pensamientos y juicios ajenos que no vienen a ayudarte sino a escupirte.

¿Tú qué dices?

Historia de una niña preciosa

 

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Lucía era una niña preciosa, morena, de ojos grandes y expresivos y con una sonrisa conmovedora, era sobre todo una niña dulce y buena, de especial sensibilidad, siempre deseosa de agradar, siempre presta a querer.

Conforme los años le fueron alcanzando, su niñez se transformó en una suerte de juventud como suelen serlo todas, contradictoria; había una lucha interna absolutamente necesaria para dejarse crecer y en esa huida hacia adelante siguió conservando su dulzura pero descubrió las espinas de las rosas y se hizo una herida tan  profunda, que ni curada, ni sanada, ni desinfectada. Herida que sigue recibiendo golpes y por esa sólo razón no deja de sangrar.

Quienes la conocen bien saben el porqué de sus lágrimas, la causa de sus angustias, la  raíz de sus males, razones más que suficientes para haberse venido abajo sin retorno de no ser por su fuerza interior, aunque ella piensa que es débil.

Es una buena hija y una buena madre, y aunque el cielo se desmorone ella es de esas personas que cada día se levantan para combatir la vida, no tanto por la vida en sí, sino por los estúpidos obstáculos, a veces mal intencionados y otras sencillamente absurdos, con los que tiene que bregar y lo que te rondaré morena.

¿Y eso por qué? posiblemente por una deformación de lo que está bien y mal, por falta de generosidad de quienes la necesitan y le exigen sin valorar sus posibilidades, sus necesidades, sus dificultades, que si los hijos, que si el trabajo, que si una enfermedad, que si el paro, etc

Y ahí la tenemos, invencible, luchadora, con el alma destrozada, con los nervios a flor de piel, agotada y hundida.

Yo que la conozco sé que no hay derecho, nadie tiene derecho a hacer daño a nadie y menos a quien da todo lo que tiene y todo lo que puede, y a pesar de eso, lejos de compartir mi criterio, me la siguen vapuleando, me la siguen zahiriendo y me la siguen maltratando, por supuesto sin ánimo de herir, ni de vapulear, ni de maltratar, en el convencimiento de llevar razón  y tener derecho,cuando, sencillamente no es así.

Pues le pido al Apóstol Santiago que saque su espada por mí, entiéndase, que le eche un cable, que ponga las cosas en su sitio, y en todo caso y si todo lo anterior fuese imposible, que le meta en su cabecita dolorida esta idea: tú, preciosa, no has hecho nada mal, nada en el sentido de todo lo que aquí se ha escrito y tú y yo estamos pensando.

Quédate tranquila, pasa el duelo y ponte las pilas, cuídate, curate y cuando estés lista, sólo cuando estés lista, vuelve si es que quieres volver, si es que puedes volver. Te quiero.

De menos a más

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De menos a más es lo óptimo.

Cuando vamos de menos a más, normalmente vamos bien; excepciones hay, claro, como de menos dolor a un dolor mayor, o de menos hambre a un hambre mortal. Entiéndase.

Hablo de ir de menos a más, una ascensión pausada, constante, equilibrada, que supone un esfuerzo pero que se hace llevadero precisamente por esa progresión positiva.

Lo contrario, ir de más a menos, de mucho a poco, o de todo a nada, es lo que viene siendo un fiasco, un desastre, un descalabro, un batacazo y en definitiva, un desorden de lo que debería ser.

A veces estos descensos que finalizan en topetazo son por nuestra mala cabeza, pero no siempre. Otras muchas el mérito es exclusivo de personajes histriónicos que prometen la luna y luego te cobran el cucurucho helado.

Digamos simples, no digamos tontos, para referirnos a quienes todavía creen que alguien les va a alcanzar la luna.

En fin, que si alguno de ustedes está intentando alguna progresión, objetivo personal o profesional a alcanzar, les animo a que vayan de menos a más y desconfien de quienes regalan la luna… 🙂

La pregunta es:

¿ Andas en algún tipo de ascensión o estás sentado en la cima como nuestro amigo de la imagen?

Obsesiones de un hombre enfermo

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Corría por el barrio la leyenda sin confirmar de que Andrés era un hombre enfermo, esclavizado por sus múltiples obsesiones.

Dicen las malas lenguas que tuvo un amor que le mató y desde entonces nunca volvió a ser el mismo, pero yo he estado con él y he podido acariciar su alma y he podido desmontar las patrañas que van de boca en boca en el pueblo, hablando cosas inciertas sobre Andrés.

Cierto es que tiene fijación por una idea, la idea de volver a verla, de volver a rendirse a sus abrazos, la insistente, dolorosa y permanente idea de volver en el tiempo y   encontrarse con ella, su único amor. Desde que ella desapareció, él vagó como un pobre loco buscándola cada atardecer, amaneciendo con la sola esperanza de poder encontrarla.

La mujer que le hizo esto, según se cuenta, era tan bella como perversa, tan atractiva y sensual como mentirosa y pérfida y …Andrés quedó atrapado en su tela de araña.

Pero Andrés tiene sus razones para callar y él calla la verdadera historia, lo que queda oculto a la curiosidad de una gente cotilla que carece de sensibilidad para darle la mano a un hombre que sufre y así, mientras la vida pasa, los años pesan y todos envejecen, Andrés sigue recordándola con amor y pasión porque nunca antes ni después su corazón se había sentido más vivo.

La obsesión de éste hombre enfermo bien pudiera custodiar una terrible verdad…quizás algún día me deje contar toda su historia, la historia que desmiente su debilidad.

La pregunta es:

¿Somos obsesivos por naturaleza los mortales?¿O no, o qué?

De camino al Camino

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Lo mejor de los acontecimientos son los preparativos que los preceden y en este caso, hablamos de veintitres personas, mujeres todas, menos él, entrelazadas por esas cosas del destino.

Veintidós compañeras de colegio, algunas amigas, todas hermanadas por el azar, la vida, el universo. Ellas y él, que se une valientemente al proyecto porque ya lo tenía planeado con su esposa y no quería quedarse atrás.

Pues hala, vamos, y vamos haciendo, comprando equipamiento peregrino, comentando y recordando consejos anti ampollas y otros chinches del camino, y nos vamos riendo, la ilusión flota en el grupo del whatsapp que a veces arde, a veces se silencia para volver a erupciones como un vocal en forma de incontinencia verbal y alegría.

Finalmente llega el día uno y nos encontramos todas-permitidme usar el genérico, sobre todo porque él me lo permite-procedentes de distintos destinos y convergentes en el punto de inicio: Sarria. De ahí partimos, madrugadoras, dicharacheras, bien desayunadas y con ganas de pasarlo bien, de estar juntas, de andar, de hacer el camino.

Y vamos dando pasos que nos van acercando a la primera meta, y después a la siguiente y a la siguiente y a la siguiente y allí está, el Monte del Gozo, cámaras de fotos, risas, abrazos, y la vista a lo lejos, allí, muy próxima pese a que quedan unos kilómetros, se alza majestuosa la Catedral de Santiago. El Apóstol nos espera y nosotras bajamos cantando, con prisa, con energías renovadas.

“Somos niñas del Monaita, venimos de peregrinas, hemos hecho muchas millas, aúpa, pero seguimos divinas. Lo que nosotras queremos es darle un abrazo al Santo, que nos de su bendición, para volver otro año”-Canción con musiquilla de todas conocida y letra adaptada en cero coma por la chispa del grupo para tan magno y monaiteril evento.

Y así, cantando, hicimos nuestra entrada en la Plaza del Obradoiro donde terminamos abrazándonos, besándonos y felicitándonos por haber cumplido un sueño que durante meses había sido objeto de ilusión y divertimento.

Entre aplausos de los presentes y las lágrimas de satisfacción de las más sensibles, nos hicieron la foto que veis arriba.

¿Qué decir? Una semana de convivencia da para muchos ratos, algunas confidencias, pequeños desencuentros sin importancia pero sobre todo, da para mucho buen rollo entre personas que se quieren, porque nos queremos mucho, porque seguimos unidas a pesar del tiempo y la distancia y porque ser monaitera, mola, de hecho si no fuera por aquello, hoy no estaríamos ahí 🙂

“Caminante no hay camino, se hace camino al andar…”

Lo otro, los silencios, el recogimiento, la oración encendida, la súplica, el abrazo al Apóstol, la confesión sacramental, la santa misa y la petición intima, queda para cada una de nosotras, peregrinas monaiteras, como tesoro escondido en nuestros corazones, que aman y se conmueven ante un mundo necesitado de humanidad y de Amor.

Gracias queridas todas, gracias Nono por tu capacidad de resistencia ante 22 locas del camino, ha sido un placer inmenso compartir esta aventura con vosotras-genérico, no se me amosquen jejeje-

Y así termina un viaje que deja la puerta abierta…