Como el agua entre los dedos…

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Así se le escapaba la vida, como el agua entre los dedos, lentamente y sin remedio.

Ella sólo era consciente a medias, para consuelo de los suyos, sentía el pesar de los años y la embestida de la enfermedad pero el calor de su marido la arropaba en los días más fríos y cuando la noche llegaba, él estaba siempre ahí, a su lado, amable, enamorado, con el alma rota, como cada noche desde aquella primera vez a la que siguieron muchas lunas, no siempre de miel, porque la vida no da tregua, pero siempre juntos, que no hay mayor alegría que la del amor correspondido.

Ella se estaba yendo y lo hacía a la vista de aquellos ojos cansados que cada vez veían peor, que cada vez atisbaban más sombras a pesar de esa esperanza que siempre busca la luz. Ella, su amor, su mujer, su esposa, su compañera de camino, la que supo aguantar sus vientos, la que le consoló en tantos desconsuelos, con quien emprendió mil batallas, la madre de sus hijos, aquella morena, alta y guapa, su incondicional, su todo, su mitad, se le escapaba como agua entre los dedos y él no podía hacer nada.

Una lágrima surcó aquella cara de varón valiente y aguerrido, un caballero andante ya sin espada, ya sin cabalgadura, un hombre frente a su mujer a la que tanto amaba y que se le iba…

Mientras, ella le buscaba con insistencia y él la besaba con dulzura, ella le llamaba constantemente y él acudía a su llamada una y mil veces, cada día, ayudándole a caminar en lo que sin duda, era el último tramo de un camino frondoso, de espléndidos frutos y no pocas espinas.

Pudiera decirse que él gustaba la hiel de la viudedad, cruel y prematura puesto que ella se le estaba yendo,seguía allí, sí, pero sólo a ratos, cada vez más escasos…

Se adentraba en las profundidades de un mundo inexistente…pero indiscutiblemente auténtico en su mente. Y lo hacía con miedo a veces, otras tambaleante y siempre de su mano, siempre él, el hombre que la llevó a la luna y que conquistó los mares para ella, el hombre que la hizo feliz… el hombre que la hace feliz, que sigue acunando sus sueños y descubriéndole cada madrugada un nuevo amanecer.

Forjaron un amor sólido que cuajó y llegaron a multiplicarse y fueron fieles y todavía celebran el haberse conocido, todavía y siempre, y renuevan aquel sí que un día se intercambiaron y ahora, cuando cae la tarde, lo único que cuenta es el amor, lo único que queda es el amor, todo lo demás, la hojarasca, ha desaparecido para bien.

Ella se le escapa como agua entre los dedos y él la sujeta con firmeza y con ternura mientras le susurra al oído dulces palabras de amor.

Una lágrima triste y solitaria resbala por la mejilla de su amado…

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Cuando los jueves hacen historia

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Hay jueves en la vida de las personas que marcan historia, la historia que forjan sus pisadas, la historia que surcan sus arrugas, que encanecen sus cabellos y que le dan ternura a sus maneras.

Hay jueves en la vida de toda persona que quedan para el recuerdo, que son objeto de alegría y cambios, jueves que abren una puerta por la que entra aire fresco y limpio, luz de la mañana y algún que otro pajarito cantarín y poeta.

Posiblemente todos tenemos ese día, nuestro jueves intimo y personal, el día que vive en nuestros sueños y aviva el fuego de nuestro corazón, a veces triste, a veces helado y siempre enamorado.

Me repito, lo sé, hablo de amor ¿Acaso hay alguna otra razón para vivir?

Si pudiera te lo diría al oído pero entonces dejaría de ser nuestro secreto porque siempre hay oídos indiscretos que hacen de altavoces de vidas ajenas. No piense nadie que me he vuelto misteriosa, todo lo contrario, los años me van haciendo transparente hasta el punto en que un día me diluya en el espacio y mi alma vuele hacia mi Amado ¿Acaso hay alguna otra razón para vivir?

Señores, hoy es jueves y en MIC celebramos la vida y el amor ¿Alguien se apunta?

Madre Teresa está en Roma

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Madre Teresa hoy está en Roma y el mundo católico vuelve sus ojos hacia tan bella ciudad.

También observan admirados y agradecidos gentes de otros credos y religiones ya que las hermanas de la caridad no hacen distingos entre los hombres cuando les prestan su auxilio.

Madre Teresa hoy  está en Roma porque se celebra su canonización. Es la fundadora de las Misioneras de la Caridad y es el amor a Dios quien espoleó el corazón de la santa para llevar a término este titánico proyecto y lo hizo movida por un único objetivo: “Quiero llevar el amor de Dios a los pobres más pobres; quiero demostrarles que Dios ama el mundo y que les ama a ellos”.

El Papa Francisco ha dicho que la misericordia no es misericordia si no se concreta y Madre Teresa es el ejemplo perfecto de cómo concretar. Ciertamente no está a nuestro alcance, quizás, hacer lo mismo que ella y no podamos atender a los “más pobres entre los pobres” pero obviamente sí hay otras cosas que podemos hacer impulsados por el mismo amor.

Madre Teresa ha sido protagonista de múltiples anécdotas, simpáticas y edificantes que todos conocemos pero que quiero traer a éstas líneas como mi personal tributo a esta mujer fantástica.

Os dejo con alguna de ellas:

1.Cuando un periodista norteamericano la vio atendiendo a un enfermo con heridas hediondas, le dijo que él no haría eso ni por un millón de dólares. “Por un millón de dólares tampoco lo haría yo”, respondió Madre Teresa.

2.Un día la Madre Teresa acudió a solicitar una ayuda al edificio principal de la administración del estado de Bengala Occidental en Calcuta. El funcionario reaccionó de una manera muy hostil y humillante a la solicitud. Pero más tarde, el superior jerárquico de ese funcionario estudió la solicitud y decidió acogerla. Cuando ella fue a recibir la suma concedida, el funcionario displicente le espetó: “Este dinero es para usted”. A lo que ella respondió inmediatamente: “No, este dinero es para los pobres. Para mí era su comportamiento del otro día”.

3.Estando en Holanda, un protestante que la visitó junto con su esposa le comentó que, en su opinión, los católicos le daban excesiva importancia a María. “Sin María no hay Jesús”, replicó ella muy en su línea, breve y de lógica elemental. Debió hacer pensar a su interlocutor, porque días después recibió una hermosa postal suya con el siguiente texto: “Sin María no hay Jesús”

4.-En sus viajes por la India, llevaba consigo una gran imagen de la Virgen de Fátima, casi de tamaño natural, que le habían regalado. Una vez la colocó en el tren en el asiento contiguo, y el revisor quería hacerle pagar el billete a Nuestra Señora. Madre Teresa le explicó que su pase gratuito de los Ferrocarriles Indios era para ella y una acompañante… y que ésa era su acompañante ese día. El agente insistió: las estatuas no hablan, y por tanto no hacen compañía. “Pues yo le hablo y ella me escucha. Y a veces ella me habla y yo la escucho a ella”. El revisor se dio por vencido.

5.Una mujer de acción como la Madre Teresa no hacía las novenas en nueve días, sino en uno solo, repitiendo diez veces el Acordaos. ¿Por qué diez? Daba por descontado que la petición iba a ser atendida y añadía una repetición adicional, la décima, en concepto de acción de gracias anticipada.

6.En cierta ocasión, Madre Teresa supo de una familia hindú con ocho hijos que no tenía nada para comer. Cogió un poco de arroz y se lo llevó; los ojos de los niños brillaban de hambre. Su madre cogió el arroz, lo dividió y salió a la calle con la mitad del recibido. Cuando regresó y Madre Teresa le preguntó qué había hecho, contestó simplemente: “Ellos también tienen hambre”. “Ellos” era una familia musulmana vecina. Madre Teresa comentó luego: “Aquella noche no les di más arroz, pues quería que ellos también pudiesen disfrutar de la alegría de dar”.

Podríamos seguir escribiendo páginas hasta llenar libros, tal es el tesoro que Madre Teresa nos ha dejado, pero tengo que poner fin a ésta entrada. Me despido con esta frase suya que todos conocemos y que tanto me gusta:

“La paz comienza con una sonrisa”

el-da-ms-bello-1-638Gracias Madre Teresa.

Cuando quieres adoptar y te desaniman

Cuando quieres adoptar además de enfrentarte a tus miedos personales, tienes que lidiar con el desaliento de quienes te rodean, que a todas luces sólo quieren lo mejor para ti.

De ahí la retahíla de frases egoístas:-no te compliques la vida,-qué necesidad tienes,-ten tus propios hijos,-para qué crearte un nuevo compromiso…y un largo etc de palabras embrutecidas que se alejan de la sensibilidad de unos padres, buenos, generosos, valientes y que tienen un excedente de amor, razón ésta de su deseo de adoptar.

Curiosamente el amor es lo único que al repartirse, se incrementa, de tal modo que estos padres, jóvenes esposos que se aman, que aman a sus hijos-a los que ya tienen-desean seguir amando e integrar a un nuevo miembro en su familia por la vía de la adopción.

Pero la sociedad no está preparada para dar, más bien lo está para servirse-de y en ese hedonismo individualista pudiera ser que la motivación para tener un hijo sea la simple satisfacción personal de haber procreado y saber qué se siente. No le daremos un hermano a ese hijo, pero supliremos materialmente ese vacío que de seguro sentirá. Entonces, alguien dice: “Quiero adoptar” y es el momento en el que brotan todo tipo de insensateces recubiertas de un sentido carácter práctico del asunto.

No seré yo quien diga si hay que adoptar o no, confieso que en su momento me pudo hacer ilusión pero ese tren ya pasó, sin embargo, animo a quienes se lo plantean y creo que hay que brindarles todo tipo de ayudas en vez de bombardearles con posibles, futuros, hipotéticos inconvenientes que pudieran darse.

La vida es una aventura y quien no tiene la más mínima aspiración, obviamente no avanza. Los otros, los valientes, por el contrario, a veces se hunden en el barro, en ocasiones lloran en la soledad de la batalla, pero siempre salen victoriosos puesto que el propio ejercicio de querer vivir y amar es en sí mismo una bendita recompensa.

Vaya por delante mi admiración a todos aquellos padres-entiéndase, un papá y una mamá-que han sentido el palpito de adoptar y lo han hecho.

Sirva también mi admiración para aquellos que no han llegado a decidirse, por las razones que sea. Haber sentido tal inquietud ya habla en favor de ellos.

Si conoces a alguien con excedente de amor, por favor, no le desanimes.

Los hombres no lloran

Había tenido un mal día con resultado de llanto y desconsuelo.  Un poquito de por favor, se oyó decir mientras se sorbía los mocos, un descanso a este loco corazón, estúpido, sentimental.

¿Por qué?¿Por qué tuvo que nacer así? Bien podría haber sido un frío ejecutivo, pragmático, serio y sombrío. Un poco aburrido ciertamente, un poco soso, mejor, un poco borde, genial. Así no estaría expuesto a los vaivenes de la vida, no le afectarían los desaires ni le importaría un bledo éste, aquél o el de más allá. ¿Sería eso el egoísmo?¿Sería equilibrio sencillamente?

La confusión volvió a nublarle la vista y se secó con rabia las lágrimas. “Los hombres no lloran” Esa frase maldita que retumbaba en sus oídos. ¿Por qué no?¿Sólo él tenía sentimientos¿Sólo él sufría por el abandono o la traición? ¿Por qué enmudecer, o peor aún, por qué ocultar los sentimientos como si fuesen algo impúdico o pecaminoso?

Había tenido un mal día con resultado de llanto y desconsuelo y pensó que una cerveza fría le ayudaría a pasar el trago. Fue a la cocina, abrió un botellin y subió el volumen de la música. Aquella noche bebió y bailó hasta el amanecer.

Llámenme loco, le oyeron gritar, perturbado y ebrio, ¡llámenme loco pero éste loco…tiene corazón!

Me llamo Luisa y soy adicta

Soy adicta a mis hijos, a sus risas, a su aroma, a sus voces.

Son el motor, la fuerza, la alegría y el incentivo que me empuja a vivir. Tener hijos es una sensación personal e intransferible. De ellos me gusta todo y todos me gustan muchísimo. A veces bromean y me dicen que quiero más a uno que a otro. ¿Cómo explicarles que les quiero con locura?¿Cómo explicarles que ninguno es más que otro y todos son el primero? No puedo. Tendrán que descubrirlo ellos cuando tengan sus propios hijos.

Los hijos son esa fijación mental que nunca desaparece, ese pensamiento constante que vuelve incesantemente, una y otra vez, ese amor incondicional-del mío hablo, claro-que está presto a abrazarlos, a quererlos, a mimarlos, a perdonarlos.

Poco a poco van alzando el vuelo, yo les veo planear en el horizonte y me deleito ante la hermosura de su juventud y de esas primeras experiencias que les llevarán lejos de mí, por las que vivirán su vida, tendrán sus amores y perseguirán sus propios sueños.

Pero la naturaleza, que es sabia, va preparando el corazón de una madre para que esa libertad de los hijos se abra camino sin romper nada. Ellos crecen, amplían su círculo, cada vez más expansivo y yo voy recogiéndome, abierta a nuevas metas, a nuevas ilusiones en absoluto incompatibles con ese amor que me inunda y que me desborda porque un hijo es lo más hermoso que Dios me ha dado y como tengo cuatro, hay mucha hermosura pululando por mi vida, a veces en forma desordenada, esas toallas en el suelo, esa cocina sin recoger, ese coche sin gasolina…es el día a día, que se ilumina cuando después de un tiempo, volvemos a encontrarnos, nos sentamos a la mesa y charlamos de nuestras cosas. Entonces, yo les miro, y no puedo entender que esas personas adultas, responsables, trabajadoras y llenas de vida y de proyectos, hayan salido de mis entrañas. Y soy feliz.

La responsabilidad de ser madre es muy elevada, no es fácil ser madre. Es inenarrable el peso del dolor que guardo en mi pecho por las veces, incontables, que les habré fallado y de las que ni siquiera soy consciente. Muchas veces he sentido el impulso de pedirles perdón por no haberlo sabido hacer mejor, por haberles decepcionado. Se me habrán escapado situaciones donde ellos contaron con mi comprensión y yo no estuve a la altura, ocasiones en las que esperaban de mi una actitud concreta y quizás encontraron una mala cara o uno de esos típicos discursos maternales que dan grima. No lo sé. Ser madre es muy difícil, exige una entrega permanente y a veces el cansancio, el egoísmo o la necesidad de expansión me habrá llevado a meter la pata.

No es un descubrimiento que soy de barro y que cometo errores incluso con aquellos a los que quiero más, mis hijos.

Pues esto es lo que hay, una madre que ama con locura a sus hijos, a cada uno de forma particular y a todos por igual, siendo todos el primero en mi corazón. ¡Ah, los hijos, qué misterio más insondable!