Mi corazón está con las víctimas de ETA

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Mi corazón está con las víctimas de ETA…

Cada golpe mortal, cada bala disparada, cada gota de sangre derramada, cada muerte cruel, brutal, injusta, me estremece de tal manera que me siento la madre, la hija, la esposa, la amiga, la vecina de cada persona asesinada a sangre fría, despiadadamente y sin razón alguna más allá del afán de matar y extorsionar.

Mi corazón está con las víctimas de ETA y siento cada lágrima vertida, cada corazón destrozado, cada soledad, cada vacío, cada desesperación…

ETA dejó un reguero de muertos y también de heridos, personas con secuelas para toda la vida, físicas o psicológicas, con miembros amputados…reventaron sus vidas para siempre y les arrebataron a sus seres queridos a los que ya no verán más…ETA sembró el terror y derramó la sangre de los nuestros, la sangre de los españoles asesinados miserablemente. ¿Cómo pudieron hacer del tiro en la nuca, del tiro a quemarropa, de la explosión por bombas lapa…cómo pudieron hacer de la tragedia de los nuestros, una rutina durante tantos años?

Mi corazón está con las víctimas de ETA…y si bien es una buena noticia que la banda “proclame su derrota” a manos del Estado Español, no lo es que no hayan mostrado arrepentimiento, que no hayan pedido perdón sinceramente, que quieran justificar sus actos como si aquí se hubiese librado alguna batalla política o social…

Por favor, que nadie cambie la Historia, que nadie justifique nunca estos actos, que nadie olvide que ETA mataba sin piedad, que secuestró y extorsionó. No había ninguna guerra, no luchaban contra nadie, simplemente mataban y cobraban un impuesto revolucionario-formas de ganarse la vida…-

Conozco el relato en primera persona de Maite Araluce, víctima de ETA, a ella le mataron a su padre y su madre quedó viuda y con ocho hijos. Es conmovedor que fuera su madre quien les inculcó que perdonasen, que no dejasen que el odio les dominara. Ahora trabaja activamente para que se haga justicia. ¿Acaso no apoyamos todos que se esclarezcan los más de trescientos crímenes que quedaron sin resolver?¿Quizás no consideramos necesario que se haga justicia, que se cumplan las condenas, que no se les hagan concesiones penitenciarias…?

Este negro, triste y sanguinario periodo de la historia de España termina, los presos encarcelados algún día saldrán en libertad, como de hecho ya hay muchos que han vuelto a sus vidas, los que no volverán nunca son los que murieron y los que nunca tendrán una vida normal son todas las víctimas de ETA, que no podrán recuperar lo que se les arrebató tan violentamente y tan sin sentido.

Mi corazón está con las víctimas de ETA.

 

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Han matado al pescaito Gabriel

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Han matado al pescaito Gabriel, un precioso niño de ocho años. Y con su muerte han matado nuestra esperanza de recuperarle vivo y devolverlo a sus padres. Y con un crimen tan atroz y cruel nos han roto el corazón a todos los que tenemos buenos sentimientos, a los que hemos seguido día a día esta lucha contrarreloj por encontrar vivo al pequeño Gabriel, a todos los que hemos suplicado que estuviese bien, que todo quedase en una amarga experiencia con final feliz. No ha sido posible.

Así puede llegar a ser el ser humano, despiadado, brutal y cruel.

Han matado al pescaito Gabriel

Como madre, me pongo en la piel de Patricia y Ángel y siento su dolor inconsolable. El crimen es más atroz, si cabe, porque ha muerto a manos de su entorno, a manos de una mujer que lo tenía en custodia por ser la pareja de Ángel y que en vez de cuidarlo y darle los mimos y el amor que Gabriel merecía… lo ha matado.

Los próximos días se irá completando la investigación, pediremos que se haga Justicia, saldremos a las calles y volveremos a reivindicar que se mantenga y se aplique la prisión permanente revisable, porque ciertamente hay personas que comenten errores en su vida, que pagan pena de prisión y se reinsertan en la sociedad, pero ciertos crímenes, como éste, no parece que puedan gozar de esa optimista visión.

El asesinato de Gabriel nos ha conmovido especialmente, quizás porque nos había cautivado con su sonrisa, con esos ojitos tiernos con los que miraba a cámara, porque se nos había metido en el corazón y nos había conquistado en la distancia,en el silencio y en la tragedia.

Gabriel, angelito mío, goza ya de la felicidad plena en un Mundo donde solo hay amor para siempre, pero le han arrancado la vida y qué difícil es no dejarse llevar por la ira.

Ahora vuelvo mi mirada hacia Patricia y Ángel y vuelco mis oraciones en esos padres desolados que no han podido recuperar a su pescaíto.

La pregunta es:

¿Crees importante y necesaria la aplicación de la prisión permanente revisable para determinados delitos?

 

Como el agua entre los dedos…

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Así se le escapaba la vida, como el agua entre los dedos, lentamente y sin remedio.

Ella sólo era consciente a medias, para consuelo de los suyos, sentía el pesar de los años y la embestida de la enfermedad pero el calor de su marido la arropaba en los días más fríos y cuando la noche llegaba, él estaba siempre ahí, a su lado, amable, enamorado, con el alma rota, como cada noche desde aquella primera vez a la que siguieron muchas lunas, no siempre de miel, porque la vida no da tregua, pero siempre juntos, que no hay mayor alegría que la del amor correspondido.

Ella se estaba yendo y lo hacía a la vista de aquellos ojos cansados que cada vez veían peor, que cada vez atisbaban más sombras a pesar de esa esperanza que siempre busca la luz. Ella, su amor, su mujer, su esposa, su compañera de camino, la que supo aguantar sus vientos, la que le consoló en tantos desconsuelos, con quien emprendió mil batallas, la madre de sus hijos, aquella morena, alta y guapa, su incondicional, su todo, su mitad, se le escapaba como agua entre los dedos y él no podía hacer nada.

Una lágrima surcó aquella cara de varón valiente y aguerrido, un caballero andante ya sin espada, ya sin cabalgadura, un hombre frente a su mujer a la que tanto amaba y que se le iba…

Mientras, ella le buscaba con insistencia y él la besaba con dulzura, ella le llamaba constantemente y él acudía a su llamada una y mil veces, cada día, ayudándole a caminar en lo que sin duda, era el último tramo de un camino frondoso, de espléndidos frutos y no pocas espinas.

Pudiera decirse que él gustaba la hiel de la viudedad, cruel y prematura puesto que ella se le estaba yendo,seguía allí, sí, pero sólo a ratos, cada vez más escasos…

Se adentraba en las profundidades de un mundo inexistente…pero indiscutiblemente auténtico en su mente. Y lo hacía con miedo a veces, otras tambaleante y siempre de su mano, siempre él, el hombre que la llevó a la luna y que conquistó los mares para ella, el hombre que la hizo feliz… el hombre que la hace feliz, que sigue acunando sus sueños y descubriéndole cada madrugada un nuevo amanecer.

Forjaron un amor sólido que cuajó y llegaron a multiplicarse y fueron fieles y todavía celebran el haberse conocido, todavía y siempre, y renuevan aquel sí que un día se intercambiaron y ahora, cuando cae la tarde, lo único que cuenta es el amor, lo único que queda es el amor, todo lo demás, la hojarasca, ha desaparecido para bien.

Ella se le escapa como agua entre los dedos y él la sujeta con firmeza y con ternura mientras le susurra al oído dulces palabras de amor.

Una lágrima triste y solitaria resbala por la mejilla de su amado…

Cómo gestionamos el dolor

¿Cómo gestionamos el dolor? Distingamos entre dolor físico y moral y centrémonos en el dolor moral, el dolor espiritual o el dolor emocional, llamemosle como queramos.

Cada quien es cada cual y lo que está claro es que no podemos baremar el dolor ajeno según nuestra sensibilidad porque el dolor es personal e intransferible.

Mientras que unos se encierran en un mutismo absoluto, otros buscan el consuelo en la charla con un amigo; mientras que unos tienen la capacidad de zanjar un asunto amargo, darle carpetazo y no volver sobre él, otros rondan la dolorosa idea en círculos concentricos hasta el agotamiento.

El dolor es abstracto y cada quien tiene su propio umbral, para expresarlo podemos hablar de niveles pero en ningún caso es posible entender el dolor ajeno, de la misma manera que es difícilmente explicable el dolor personal.

Para resolver una situación dolorosa podemos emplear distintos recursos pero no es menos cierto que a veces sencillamente no hay recursos que aplicar y ahí es donde entra la consabida frase de que el tiempo lo cura todo.

Pues bien, todo esto lo escribo para afirmar que el tiempo no lo cura todo, obviamente mitiga el color, lo ensombrece, lo disipa y si queréis lo camufla, pero no desaparece, entre otras cosas, porque normalmente no curamos bien las heridas, bien por imposibilidad personal, bien porque necesitamos ayuda que no recibimos, bien porque no somos capaces de pedirla o porque una vez pedida se nos niega.

Quiera como sea, el tema está en que, visto lo visto y andado lo andado, no seré yo quien pueda calificar o despreciar el dolor ajeno.

La pregunta es:

¿Tú qué opinas?

Mister Rencor

Mister Rencor tenía un largo bigote negro que ensombrecía su cara amargada. Sus maneras hoscas y su turbia mirada confirmaban el agrio carácter que entristecía su vida.

Pensaba-¡pobre!-que tenía derecho a ser resarcido por toneladas de afrentas de las que llevaba una avara contabilidad y que se esforzaba en airear diariamente.

Este proceder le sumía en un mar de sinsabores que lejos de producirle satisfacción, le atormentaban en estado de consciencia y en sus más turbios sueños.

Mister Rencor se dedicaba a vilipendiar, atacar, menospreciar e insultar a quienes pudieran haberle herido en alguna ocasión, ya fuese de forma legitima o de manera accidental.

Tenía el inamovible convencimiento de ser merecedor de banderas y trompetas y nunca olvidaba. Ese era su mayor castigo. La omnipresente afrenta multiplicada por cada desaire recibido le hacía abominar y maldecir hasta el delirio.

Y no era feliz, sencillamente no era feliz, no podía serlo-¡pobre!- Vivía pendiente y rabioso, desconocía lo que era el sosiego y su único afán era la venganza.

Arrastraba una carga pesada que le impedía avanzar-¡pobre!- Huraño y pendenciero no había aprendido a perdonar y por lo tanto, estaba incapacitado para el amor.

La pregunta es:

¿Recuerdas la última vez que le pediste perdón a alguien?

De rodillas

Entro en la clínica universitaria de Pamplona, obra corporativa del Opus Dei.

Voy al encuentro de J.E., al que no conozco personalmente, pero es hermano de una amiga mía y esa es la razón que me impulsa a cruzar las puertas del hospital, preguntar por el número de habitación y finalmente entrar donde está J.E. que, lógicamente, se sorprende de que yo sepa quien es.

Casualmente y en ese instante le llama su hermana, mi amiga, por teléfono. Ella le dice y él me comenta:

-Dice mi hermana que estás loca. ¿Estás loca?

-Por supuesto que sí-sonrío mientras afirmo.

Hablamos un ratito, breve, no quiero cansarle. Me parece que siente dolor pero la conversación le distrae, así que apuro unas frases finales. Es un tío estupendo, encantador y muy guapo, su fe serena le hace especial. Le dejo un par de “encargos” para que rece y me marcho con su rostro en mi retina.

Conforme voy recorriendo el pasillo en dirección a la calle, pienso que estoy en un templo del dolor y que tendría que ir de rodillas, tal es el respeto que me produce.

No encuentro sentido al dolor y a la enfermedad más que desde los ojos de la fe, sólo a la luz de Cristo, sólo porque “estamos de paso y estamos en deuda”, sólo porque Jesús murió en una cruz para redimirnos. Sólo así entiendo que el dolor es un tesoro, amargo, que nos purifica y ayuda a corredimir “porque Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”

Me voy tocada, con el corazón encogido por el dolor porque nunca podemos ser ajenos al dolor del otro, me voy con la oración en los labios “Madre mía…”, me voy con un inmenso respeto, debería salir de rodillas. Me cruzo con otros enfermos mientras alcanzo la puerta y de alguna manera me siento culpable: ellos se quedan y yo me voy.

Qué misteriosa es la vida y qué insondable y qué breve es el tiempo para amar.

Andamos siempre regateando a Dios, jugando al despiste, huyendo como auténticos insensatos, dejando pasar las oportunidades que se nos presentan, a veces en forma de lectura, a veces por un encuentro casual, sea como sea, Dios pasa a nuestro lado, está en la belleza pero también está en las personas y en J.E y en el dolor. Ante este misterio me siento insignificante y creo que debo ir de rodillas y rezar más y quejarme menos y valorar tantas cosas fantásticas que la vida me ofrece…

Mientras vivimos nuestra personal existencia, Dios nos espera pacientemente y nuestros hermanos nos necesitan, a veces sólo como una fugaz visita, a veces como una sencilla oración…

De no ser por la rareza del hecho y porque nadie podría haberme entendido, yo, después de estar con J.E, habría salido del templo del dolor de rodillas.

Por supuesto que os pido que llevéis en vuestras oraciones a J.E. y si no tenéis costumbre de rezar, bien pudiera ser esta una buena ocasión para retomar aquellas oraciones que seguro aprendimos de labios de nuestros padres.