Un pésame en clausura

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-Ave María Purísima

-Sin pecado concebida, Madre,  llamaba para mandarles mi cariño.

-Pues muchas gracias, hija-

Y me cuenta….

-Madre,  le he dicho a Jesús que ya que se ha llevado a la Hermana Mercedes María, que les mande dos novicias y así les consuele un poco.

-¡Ah, sí, hija, pues seguro que te oye porque lees muy  bien! ¿Tú no tendrás alguna para darme?

-Yo sí Madre, tengo dos que podrían servir.

-Creía que solo teníais varones.¡Dos hijas! qué alegría, pero claro, tu las meterás en la Obra ¿no?

Aquí me he tenido que reir, pese a que la llamaba para darle un pésame.

-Madre, mis hijos serán lo que quieran ser, pero sobre todo, yo rezo para que sean lo que Dios quiera. Rezo para que crezcan sanos y libres y con esa libertad llegado el momento, si Dios les pide algo, sean capaces de responder sí.

Hemos seguido hablando un rato y nos hemos despedido.

Pese a no haber visto nunca a esta monja, que es la Madre Superiora de un convento de clausura, su voz irradia cariño y paz y  existe entre nosotras una manifiesta empatía.

Ellas, todas ellas, me conocen solo por la voz, porque en riguroso orden de lectura, el día que me toca, participo leyendo la lectura y el Salmo en la Sta. Misa que se celebra en su convento.

Me pilla a cinco minutos del trabajo y me ayuda a empezar bien el día.

No es que yo quiera decir nada en contra del cola-cao ni de los donuts, pero no hay nada comparado con empezar con una Misa bien temprana.

Hoy, al terminar  la liturgia, nos hemos asomado a las rejas.

Estaba de cuerpo presente la fallecida, muy próxima al Sagrario, y detrás, las monjitas, con su hábito y su fe edificante, de rodillas, velaban a su hermana muerta. Me han conmovido.

Creo que lo he dicho en otras ocasiones, pero no me canso de  repetirlo: admiro profundamente a estas mujeres valientes y entregadas que dedican sus vidas a pedir por todos nosotros.

Para ellas todo mi cariño y mi respeto.Por supuesto, mis oraciones. Hacen mucho bien y hacen falta más.

Si alguna fémina lee esto y tiene inquietudes acerca de su vocación, que me lo diga y la pongo en contacto con estas monjas Carmelitas.

¿Por qué no?

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¿PARA QUÉ SIRVEN LOS HIJOS?

Ya sé para qué sirven los hijos.
Los hijos están para ayudarnos.
No sé qué diantres les llegaremos a enseñar, pero ellos sacan lo mejor de nosotros mismos.

Los hijos son ese cincel que duele, que se clava en el alma y va modelando nuestro propio ser para que nos demos más, para que nos demos mejor.

Y nos esculpen con sudor y lágrimas. Son ellos los que nos hacen mejores, más personas.

Son la solución a los egoísmos, al materialismo y a todo lo que acabe en ismo.

Para eso sirven los hijos.

A mí me ha llevado unos años descubrirlo y os lo digo por si alguno anda pensando todavía el para qué.