Mi vecina prostituta

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Mi vecina prostituta está de buen ver sin ser una chica Bond. Es amable, educada y muy silenciosa en su vida privada, que se me escapa ya que nunca he traspasado su puerta. El caso es que cuando llegué a vivir a esta comunidad de vecinos, me advirtieron en plan, ten cuidado, no en plan, mira qué guay: tienes una vecina prostituta. Si te molesta, si sus clientes montan un pollo, cualquier cosa, me lo dices y como presidente de la comunidad, tomaré medidas.

Con estas premisas, comenzaron a pasar los días y las semanas y nada de nada…sin entrar en valoraciones de cómo se gana la vida mi vecina, que vaya usted a saber qué vicisitudes la han abocado a semejante descalabro, lo cierto es que la no convivencia ha sido de lo más agradable y educada.

Ahora que se ha ido la echo de menos ya que de tener una vecina prostituta he pasado a tener un vecino “padre respetable” de dos hijos. Es lo que tienen los prejuicios. Nadie me ha advertido contra él como hicieron con la chavala alegre. Nadie se ha ofrecido :”Si te molesta, si sus hijos montan un pollo, cualquier cosa, me lo dices y como presidente de la comunidad, tomaré medidas”

Los hijos están asalvajados y el padre debe ejercer a tiempo parcial y no precisamente como educador de esos niños en barbecho…desde las nueve de la mañana a las doce de la noche gritan y tiran cosas, dan golpes, hacen un ruido que traspasa los tabiques y lo que es medianamente aceptable o soportable.

He ido a hablar con él, le he explicado que es bueno respetar las horas de descanso-al menos eso-que haga el favor de controlar a sus hijos…pero para mí, que le ha entrado por un oído y le ha salido por otro, porque se siguen dando golpes y se siguen oyendo los gritos…y cada día que pasa echo más en falta a mi vecina prostituta.

Qué cargados de prejuicios estamos y qué lejos de llegar a unos mínimos niveles de convivencia…¿o qué?

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Voy a ser madre

Voy a ser madre y no me lo creo, la cabeza me da mil vueltas, el corazón me palpita, las emociones se disparan y siento muchas ganas de llorar, y lloro.

Lo hago por la alegría de ser madre, por este regalo maravilloso que es el hijo que se gesta en mis entrañas, esa persona a la que amaré incondicionalmente mientras me quede un aliento de vida, ese bebé dulce y tierno que irá dejando atrás los años y se convertirá en un hombre especial, único, irrepetible y yo tendré el orgullo de ser su madre. Esa suerte tengo.

Voy a ser madre pero el muy tunante se resiste a venir al mundo y el médico me advierte:

  • o nace o te provocamos el parto.

A mi no me gusta que me provoquen nada, de nunca, pero entiendo que todo tiene un límite y rezo en silencio y hablo con él: ¡ánimo hijo mío!

Como él no se decide, definitivamente me ingresan una tarde de febrero con intención de provocar el parto al día siguiente pero…esa misma noche, prácticamente en un visto y no visto, me veo pasillo adelante empujada por un celador que me lleva a paritario: ¡voy a ser madre!

Nacho nació a las 22.20 de la noche, era viernes y fue un día muy especial, el día en que por fin pude acunarlo en mis brazos después de nueve meses de espera.

Regordete y rubito, un bombón de bebé, mi hijo, qué situación más normal ¿verdad? y sin embargo, única, especial y conmovedora.

Os dejo con un vídeo suyo que hizo hace unos días aprovechando el oleaje de ese mar mediterráneo que guarda tantos misterios, ese mar salado que tanto me gusta, que tanto nos gusta…

¡Feliz cumpleaños Nacho! Tu madre que te ama 🙂

***Por razones del parto, adelanto la publicación del jueves a hoy, 22 de febrero, un día especial.

Cuando eres feliz y brindas por la vida

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Es ese momento de la vida en que te congratulas con el universo, sientes que brilla el sol y sin querer, sonríes a los charcos…¿qué charcos?

Es ese momento de la vida que aprovechas para agradecer a toda la corte celestial este regalo que nos ha hecho y que tan machaconamente le habíamos pedido a través de todos los intermediarios posibles.

Es ese momento de la vida que tiene que llegar porque el reloj nunca deja de mover sus agujas; pasa la guardería, pasa la educación infantil, pasa primaria,pasa secundaria, el bachiller, la selectividad y finalmente llegas a la universidad y tienes que celebrarlo.

Es ese momento de la vida en que quieres llevar una pancarta que diga en grandes letras: ¡es mi hija!. Pero la mirada reprobatoria de la joven universitaria te limita y acabas cediendo y sólo lo piensas, lo cantas, lo sueñas, lo bailas y lo publicas: ¡es mi hija!

Después de pasear durante horas por las calles de Salamanca, ciudad bellísima, me he sentado a descansar, a celebrar la vida y me he pedido la cervecita de la imagen.

Me he sentido la persona más feliz del mundo y la cerveza me ha sabido a gloria, me he deleitado en las tapas del lugar y me he seguido pateando la ciudad, con ansias, con entusiasmo, con fuerza, con insistencia.

Y no me he cansado y sigo sin cansarme y he vuelto a esas calles que guardan los pasos de Unamuno, los de Fray Luis de León, que guardan sus obras, su arte, su literatura, su filosofía, su espiritualidad…

Mañana vuelvo a casa al tiempo que me quedo, irremediablemente me quedo, felizmente me quedo.

La pregunta es:

¿Brindas conmigo?

Noticia feliz

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La noticia feliz es que mi hija pequeña va a poder estudiar con intención de “ser”, aquello para lo que realmente siente vocación. Paula va a ser médico. ¡Ah, qué buen fichaje para la ciencia!

Lo complicado del tema está en dónde va a estudiar, porque esa incógnita, que va a marcar su vida, todavía no está definida. En territorio español, por supuesto, aunque se barajan tres ciudades a la vuelta de la esquina, véase Huesca, Zaragoza y/o Salamanca.

Tenemos un pie puesto en la estación de tren pero no nos decidimos a comprar el billete, obviamente. Hay que esperar, todavía un poquito más… La definición de la universidad está resultando de lo más intrigante, pero bien, muy contentos, muy tranquilos en ese sentido, porque aunque mi hija tiene sus preferencias y la posibilidad es solo una, lo que tengo clarísimo es que allá a donde vaya va a ser feliz, va a estudiar lo que le gusta y va a tener nuevas experiencias muy enriquecedoras. Crecimiento personal que le llaman.

Así pues, después de un duro bachiller que se ha currado como una campeona, ahora va a comerse el mundo y a vivir como universitaria en un colegio mayor en una ciudad del norte, véase Huesca, Zaragoza y/o Salamanca y lo que yo digo es…¡¡¡QUÉ ENVIDIA!!!

Conciliación familiar, ese cuento

Erase una vez una jovencita que había crecido en el mismo hogar que dos espléndidos varones, que había estudiado a la par que ellos, que tenía grandes aspiraciones, ansias de volar, de ser independiente, lo que viene siendo una profesional en toda regla. Había invertido muchos años en su formación académica y quería recoger los frutos de tanto esfuerzo.

Considerando que ella era una sola persona, obviamente no podía tomar dos caminos diferentes a la vez.

El primer camino se le antojaba muy goloso. Una alta ejecutiva, en una empresa puntera, con dedicación absoluta, un sueldo magnifico, un despacho con vistas, disponibilidad siete días a la semana y la posibilidad de ascender y alcanzar puestos de confianza con los que siempre había soñado.

El segundo camino era también muy interesante pero no podría hacerlo compatible con el primero. Casaría, tendría hijos y les daría de mamar, los criaría y dejaría pasar unos espléndidos diez años antes de poder incorporarse al mundo laboral y para entonces ya sería “vieja”.

Había una tercera opción pero para ello, habría que implicar al gobierno de la nación. Tendrían que hacer realidad el eslogan de “conciliación familiar”.

Recibiría ayudas por cada hijo en cuantías que realmente fuesen sustanciales y no simbólicas; la baja por maternidad sería de un año o más-como en otros países europeos-, tendría guardería en su centro de trabajo; tendría movilidad de horario en atención a las necesidades familiares; por supuesto le reservarían su plaza en cada nuevo embarazo y desde luego su marido/pareja/compañero participaría tan activamente con ella en todas las tareas que se derivan de “fletar” un hogar y procrear unos hijos.

Y…en no siendo posible, por incompetencia nacional, la tercera y mejor opción, desgraciadamente, nuestra joven protagonista tendría que elegir entre la opción primera o la segunda, considerando que ésta última, dada la inestabilidad sentimental, podría dejarle tirada en la calle con una mano detrás y otra delante y unos cuantos churumbeles mocosos colgados de su falda…

Creo que hay que dejar de demonizar a la mujer por no priorizar la maternidad sobre todas las cosas, porque si bien es cierto que no hay nada más hermoso, no es menos cierto que para ser madre se tienen que dar ciertas circunstancias indispensables. Digo yo…

La pregunta es:

¿Me das una solución al problema real que padece la mujer para ser madre?

La Maternidad, ese don inefable

Te miro y me miro; te pienso y te descubro en mí. Hemos recorrido tantos caminos de la mano…

Cómo la hija pasa a ser madre, cómo la madre pasa a ser hija…

La vida que va grabando su huella en el alma, que va surcando los rostros, que va pasando, y pasa, lentamente, rápidamente, sin descanso, sin tregua.

El bebé que duerme al arrullo de esa madre que siempre vela por él, que le amamanta, que le baña y le embadurna de polvos de talco, y le viste con primor y le sonríe embelesada y complacida…y se hace mayor y da a luz a sus propios hijos, que se hacen grandes, que le ven peinar canas, que alzan el vuelo…

Y mientras, tú, mi madre, mi tesoro, envejeces y te vuelves olvidadiza, es el momento de los achaques, de las noches cortas, de los días largos, de los paseos al sol, de las tardes de mesa camilla…y te haces niña para que te podamos cuidar y querer y devolverte un poco del amor que nos hizo crecer.

Y por encima de todas las madres, tú, siempre tú, la mejor, la más excelsa, la reina de las reinas, la luz y la alegría, la esperanza, el sol, la luna, el mar, la belleza, la ternura…”Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí…”

La maternidad que es un don y un servicio, una vocación, una entrega, una forma de vida, disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.

¡Ah, la maternidad que me acogió en su seno nada más llegar a la vida!¡La maternidad que me hizo mujer!¡La maternidad que me guía de la mano cuando la noche aprieta y siento zozobra!

No podría existir una figura tan bella y singular como la de una madre, sino fuese gracias a la existencia inefable de la Mujer. Gracias.