Pablo Ráez, un ejemplo

Reconozco que Pablo Ráez me robó el corazón en el minuto cero.

Su enfermedad, leucemia, ha sido instrumento para que las donaciones de médula se hayan disparado en cifras espectaculares. Pablo se empeñó en que así fuera, ha sido parte de su legado, algo realmente hermoso que ha conseguido para bien de los otros, los que vendrán detrás de él.

Su muerte me sorprendió a la hora de acostarme el sábado y desde entonces le tengo muy presente, especialmente presente.

Hoy he sabido que Pablo se acercó a la Iglesia con catorce años, quería bautizarse.

Después de un tiempo de acercamiento y formación, Pablo se bautizó, recibió la Confirmación y la Eucaristía.

Dice Pablo en el vídeo que os dejo, que el sacerdote que le bautizó ha sido una de las personas más cercanas en esta dura batalla y entiendo que habrá recibido todo el consuelo espiritual que una persona necesita para encarar la muerte con tanto valor, con tanto coraje, con una sonrisa tan franca como la de Pablo.

Si podéis, dedicadle un ratito a ver el vídeo. Como mínimo sentiréis la fuerza y la esperanza que transmite este chaval marbellí, grande, que ha luchado hasta el último aliento.

Pablo, que el buen Dios te bendiga y que la Virgen te acune en el Cielo, no pierdas la sonrisa, ahora con mayor motivo. Gracias campeón, me has emocionado.

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Una nueva ilusión

Vengo de estar con ellos.

Tienen una nueva ilusión entre manos, un proyecto de futuro, un negocio incipiente.

Con la que está cayendo y cómo corren los tiempos, apostar por un trabajo autónomo es, como mínimo, de valientes.

El local está muy bien decorado, el dueño es joven, capaz y muy amable.

Le auguro un éxito merecido.

Además me sumo a la ilusión, me hago clienta y pienso publicitarlo allende los mares.