Jesu communio, en Lerma

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Cogió el micro y les explicó a las monjas: “tengo aquí dos hermanas y normalmente vengo a visitarlas acompañada de mi familia, mis padres, algún hermano, mi marido o mis hijos…pero hoy vengo con mis amigas”

Y entre sus amigas estábamos un grupete de quince-bonito número-que después de un largo  fin de semana de penurias y sinsabores-véase lechazo de Burgos y olla podrida o catedral o noche blanca…-quisimos parar en Lerma a visitar a las hermanas de la del micro.

Quedamos impactadas y emocionadas al ver tanta monja de hábito de ropa vaquera y tan jóvenes y tan llamativamente sonrientes.

El encuentro se produjo en una sala circular dividida por un pequeño pasillo central, a cada lado gradas a modo de asientos, las monjas y los visitantes, frente a frente. Acogedor, sencillo y natural.

Una de ellas nos explicó cómo había pensado en hacerse misionera para ayudar a los demás, quería actuar…después entendió que sus pasos, su vocación iba por el sendero de esta comunidad religiosa de vida contemplativa, Jesu Communio.

Nos habló muy bonito de cómo ella se había comprometido con Cristo, cómo  pasaba a sentirnos a todos como hijos suyos y cómo, con su entrega y su oración, de alguna manera,convencía a Cristo para que nos diese la fuerza, o la fe, o la esperanza o el amor que necesitamos para seguir viviendo, para encarar la vida, para remar mar adentro, para levantarnos con un nuevo sol.

Antes de despedirnos y seguir viaje nos regalaron esta canción y una de las monjas, una de las hermanas de mi amiga, me comentó que, entre las manos de la Virgen que preside su capilla, podíamos dejar nuestras necesidades  porque ellas las recogían  para rezarlas una a una.

Las monjas de Lerma son unas campeonas de la vida y me las guardo en el corazón para lo que esté por venir.

La sugerencia es…si quieres compartir una experiencia edificante, visita a las monjitas de Lerma.

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Un pésame en clausura

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-Ave María Purísima

-Sin pecado concebida, Madre,  llamaba para mandarles mi cariño.

-Pues muchas gracias, hija-

Y me cuenta….

-Madre,  le he dicho a Jesús que ya que se ha llevado a la Hermana Mercedes María, que les mande dos novicias y así les consuele un poco.

-¡Ah, sí, hija, pues seguro que te oye porque lees muy  bien! ¿Tú no tendrás alguna para darme?

-Yo sí Madre, tengo dos que podrían servir.

-Creía que solo teníais varones.¡Dos hijas! qué alegría, pero claro, tu las meterás en la Obra ¿no?

Aquí me he tenido que reir, pese a que la llamaba para darle un pésame.

-Madre, mis hijos serán lo que quieran ser, pero sobre todo, yo rezo para que sean lo que Dios quiera. Rezo para que crezcan sanos y libres y con esa libertad llegado el momento, si Dios les pide algo, sean capaces de responder sí.

Hemos seguido hablando un rato y nos hemos despedido.

Pese a no haber visto nunca a esta monja, que es la Madre Superiora de un convento de clausura, su voz irradia cariño y paz y  existe entre nosotras una manifiesta empatía.

Ellas, todas ellas, me conocen solo por la voz, porque en riguroso orden de lectura, el día que me toca, participo leyendo la lectura y el Salmo en la Sta. Misa que se celebra en su convento.

Me pilla a cinco minutos del trabajo y me ayuda a empezar bien el día.

No es que yo quiera decir nada en contra del cola-cao ni de los donuts, pero no hay nada comparado con empezar con una Misa bien temprana.

Hoy, al terminar  la liturgia, nos hemos asomado a las rejas.

Estaba de cuerpo presente la fallecida, muy próxima al Sagrario, y detrás, las monjitas, con su hábito y su fe edificante, de rodillas, velaban a su hermana muerta. Me han conmovido.

Creo que lo he dicho en otras ocasiones, pero no me canso de  repetirlo: admiro profundamente a estas mujeres valientes y entregadas que dedican sus vidas a pedir por todos nosotros.

Para ellas todo mi cariño y mi respeto.Por supuesto, mis oraciones. Hacen mucho bien y hacen falta más.

Si alguna fémina lee esto y tiene inquietudes acerca de su vocación, que me lo diga y la pongo en contacto con estas monjas Carmelitas.

¿Por qué no?