¡Arriba, al cielo!

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La Humanidad camina hacia la Patria definitiva.

Esto es lo que creemos quienes esperamos en la resurrección, ésta es la esencia de la vida cristiana, alcanzar el Cielo y hacia él caminamos, cada cual a su ritmo, a veces con cierto desánimo, a veces despistados, o serenos y confiados…

Lo cierto es que todos estamos abocados a la muerte y a la Vida. Quienes ya hacemos de este ideal una forma de vida, de alguna manera ya participamos de esa felicidad prometida, aunque la realidad está a años luz, nunca mejor dicho, de nuestras mejores expectativas.

Hoy tengo mi corazón en Navarra, y pienso en Julio, un buen navarro, padre de una amiga muy querida a la que me gustaría abrazar aunque sea en la distancia. Me gustaría estar ahí simplemente para acompañarla, para compartir su dolor y su esperanza, para desgranar juntas el Rosario, para celebrar la Misa y rezar por Julio, un buen navarro, padre de familia numerosa, médico de profesión y amante esposo hasta el mismo momento de su muerte, una larga vida, un largo matrimonio, una larga existencia que, como un peregrino más, finalmente ha alcanzado la meta.

La muerte nos deja el dolor de la ausencia y la alegría del Cielo, también nos deja el modelo de vida de quien nos antecede, por descontado la ayuda que recibiremos si nos confiamos a él para que interceda por esas cosas que siempre pedimos porque siempre estamos necesitados.

Me gustaría estar en Navarra pero las obligaciones no me lo han permitido, aunque de alguna manera me siento allí y de alguna manera, mi amiga sabe que estoy con ella.

Me impresionan mucho estas palabras fuertes de San Pablo, que hoy sin duda, Julio puede hacer suyas.

He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida.

Un fuerte abrazo para toda la familia.

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Ahora estás, ahora no estás

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Así nos sorprende la vida, o mejor dicho, la muerte. Ahora estás y al minuto siguiente no estás. Esta es la última muerte que nos sorprende por inesperada, porque quien muere tiene popularidad y porque ha muerto joven y eso siempre impresiona y causa tristeza.Descanse en paz.

Pero en ese mismo domingo de Ramos, además de la muerte de Carme Chacón, han sido asesinados y masacrados los cristianos coptos que estaban celebrando su fiesta cristiana, la llegada triunfante de Jesús a Jerusalén a lomos de un simple pollino. Descansen en paz.

El odio y el terror han dado muerte a nuestros hermanos coptos que no hacían daño a nadie…pero estamos tan acostumbrados a este tipo de noticias…nos pillan tan lejos…que no sentimos apenas un estremecimiento. Digamos que hay vidas de primera y vidas de segunda. Muertes sorpresivas que causan profundo pesar y muertes sorpresivas que no le duelen a nadie, o al menos, no duelen hasta el punto de hacer algo por remediar semejante barbarie.

Ahora estás, ahora no estás. Esto es lo que nos va a tocar a todos. Y la pregunta del millón sería…¿estamos preparados para morir?¿Yo estoy preparada para morir hoy?

Estaréis conmigo en que la respuesta causa canguelo y sin embargo, esta es una de las realidades más frecuentes en el día a día, solo que todavía no nos ha llegado nuestro minuto de gloria, ese paso de éste mundo a otro mundo, de ésta vida a otra vida.

No sé, quizás estamos en unas fechas muy oportunas para pensar, además de broncearnos en la playa y comer espetos.

Pensar, meditar, considerar la posibilidad de nuestra propia muerte como una realidad…y bueno, quizás cambiar algunas cosillas, tomar otro rumbo y dejar de pensar que a mí eso no me va a pasar.

Todos la mataron y ella sola se murió

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La repentina muerte de la senadora Rita Barberá ha sido el tema de interés para una nación que ayer despertaba con la noticia,la triste noticia de la muerte de una mujer que ha dedicado su vida profesional al servicio de los demás.

El Congreso iniciaba su jornada con un minuto de silencio en señal de respeto a la compañera fallecida. Algunos, gente sin peso ni fuelle, han tenido el gesto asqueroso y execrable de no permanecer en el hemiciclo durante ese minuto. Y es que desgraciadamente, de todo hay en el Congreso…

Y se abre el debate, la reflexión, las críticas encarnizadas que insisten en condenar a quien no ha sido condenada por ningún tribunal, y los elogios de aquellos que ahora hablan bien de la mujer a la que quizás de una manera u otra, hayan podido dar la espalda cuando más les necesitaba. No lo sé.

Yo no voy a hablar de unos ni de otros, hablaré de mi. Obviamente yo también me formé una opinión de Rita Barberá, yo también pensé que era imposible que la alcaldesa de Valencia no hubiese tenido conocimiento de las tropelías que se produjeron en su Ayuntamiento, yo también puse en tela de juicio su honorabilidad y por lo tanto, también yo soy culpable de haber contribuido al malestar, a la angustia, a la pesadumbre y al desaliento de una persona que, de tener las manos limpias, habrá sufrido enormemente por culpa de la brutalidad de un pueblo que no respeta las bases de la justicia y por ende, la presunción de inocencia.

La noticia me ha producido tristeza; lo primero que pensé es que me daba pena que hubiese muerto sola, en un hotel…qué frialdad para ir al otro mundo; después he sabido que estaba su hermana con ella y eso me ha reconfortado.

La noticia está en los medios y es tema de conversación, y es que los españoles hablamos mucho, creo que de más. Solo se necesita un minuto para destruir la honra de una persona y después hace falta toda una vida para restituirla. A Rita no se le ha dado esa oportunidad. Su ausencia definitiva impide esta restitución y sinceramente, me parece lamentable.

Mi propósito es no volver a hacer juicios de valor, no volver a condenar a nadie sin pruebas concluyentes y sentencias firmes, no colaborar con mis conversaciones a difamar a nadie, no dejarme manipular por los medios de comunicación.

Si Rita tenía las manos limpias, todo un país le ha fallado…

A la Virgen de los Desamparados le pido que la acoja en su regazo maternal.

Se me respete, oiga

 

A la hora de partir quisiera hacerlo en paz, nada de ensañamiento terapéutico, vive Dios, cuando el momento llega es tontería jugar al despiste. Nada de pruebas cruentas. Nada de intentos desesperados. Paz y aire.

Sería estupendo verlo venir para poder rendirme a los pies de mi Señor y pedirle perdón y misericordia, la necesito para ser acogida en su eterna morada. Cielo me gusta más. Suena más festivo y más luminoso.

En caso de que el evento surja sin avisar, que alguien llame a un sacerdote y después, si queda tiempo, a la ambulancia. Por ese orden.

Defiendo a ultranza los lugares santos para reposar. Esta majadería de llevar las cenizas del difunto de un sitio para otro o peor, de esturrearlo en cualquier lugar, me parece poco serio y la muerte merece ser respetada.

Nada de coronas de flores, por favor, que me da un ataque-entiéndase-Me conformo con una simple rosa, blanca si me dais a elegir.

Me gustaría el ataúd más barato del catálogo de ataúdes baratos.

En realidad los funerales tipo americanos me gustan más que los españoles, hay más comida, más conversaciones…no sé, tienen su punto.

Las notas en prensa me parecen innecesarias. Ya se irá enterando la gente. Así que nada de esquelas.

Lo único que me hace ilusión es que se celebre la santa misa y que en esa última homilía no se mienta sobre mí y que se cante, que se canten canciones alegres y festivas. Por favor.

La pregunta es:

¿Cuales son tus gustos funerarios?

Soldado herido en la guerra

Quedó el soldado herido en el campo, sin ejército ni munición.

Buscó entre las nubes, debajo de las piedras, gritó al viento …y no encontró la paz , sólo la guerra.

Sus esperanzas  quedaron  dormidas en unas literas de polvo, desvencijadas y viejas.

Se le agotó la risa y el silencio se hizo dueño de la batalla, perdida la mirada más allá de la frontera.

Tembló la voz en un último aliento y me susurró al oído sus anhelos.

-Pero…¿puedes perdonar?

Enmudecido por las afrentas hizo un último esfuerzo y me tendió sus manos…abiertas.

Comprendí su gesto pero no llegué a tiempo de darle agua fresca.

La pregunta es:

¿Por qué dejamos morir a las personas?

La Virgen dolorosa

Fotos de  cuadro virgen dolorosa del 1800

De dolores sabe mucho María, mujer judía, joven, lista y muy bella.

Una silaba, dos letras, marcan toda su existencia: sí.

Sí a Dios. A lo que venga, a cómo venga, dónde y cuando sea. Sí.

Yo quisiera parecerme a mi Madre, de hecho, siendo su hija en algo me parezco aunque sólo sea en el intento.

La Virgen dolorosa, que acompaña a su Hijo en el trago más amargo: la mofa, la burla, el desprecio, la tortura y finalmente la muerte.

La Virgen dolorosa, la misma que limpió los mocos de Jesús niño, que lavó sus manos, que preparó sus guisos.

Su Madre, la que le enseñó a hablar, a andar, a comer, a vestir, a obedecer, a amar.

De dolores sabe mucho esta mujer judía que es venerada desde siempre y hasta siempre; también nosotros sufrimos, también vivimos nuestra pasión, nuestro particular calvario, también morimos…moriremos.

Pero llegados a este punto, no habrá más dolor.

Posiblemente una mala racha en el Purgatorio, pero con billete de vuelta: vuelta a Cristo, a su compañía, a su presencia.

Esta es la aspiración del cristiano, esta nuestra esperanza, nuestra alegría más profunda.

“¿Que nos abren la cabeza? Será que tenemos que llevarla abierta”

Madre, te quiero mucho y no voy a dejarte sola estos días.