En mi vida diaria existe la naturalidad de “contar” con Dios, de hablar de Él, de hablar con Él. Así, viene siendo frecuente que mis amigos me pidan que rece por ellos.
Ciertamente es difícil en un mundo que huye despavorido de la profundidad, del amor, de la entrega, del dolor.
No tenemos tiempo para rezar y se hace árido buscar en el interior del corazón.
Además nos falta admitir, reconocer, entender, que el trato con Dios no es comercio.
No se negocia con Él.
Nosotros pedimos en la medida de nuestras “entendederas” y Él da como quien conoce el pasado, el presente y el futuro, como el Padre cariñoso que es y que quiere lo mejor para sus hijos.
Posiblemente podemos decir que nos desesperan los ritmos de nuestro Señor y olvidamos que nosotros dejamos mucho que desear.
Hoy es un día especial-porque los 26 de enero también pueden ser días especiales-y he sentido ganas de escribir y ver qué me decís.
La pregunta es doble:
¿Quién reza por ti?
¿Rezas tú por alguien?









