No quería pensar

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Ella no quería pensar más allá de lo sensato, se esforzaba por economizar los pensamientos y cuando dormía, a veces lo conseguía. Qué divertidos los sueños.

No podía entender ese afán mental de darle vueltas a las cosas, como si estuviese en un circuito del que nunca pudiese salir, en un tiovivo imaginario con sus caballitos, sus barquitos y sus aviones de colores.

Observaba el verano y se dejaba llevar por la luz, por el calor, por los espetos, por el teatro, por la música, por la lectura…los días duraban más, las noches menos, el trabajo se hacía pesado o no, o sí, mejor desde luego una buena hamaca, un buen helado, una paella en Valencia, qué se yo…

Ella no quería pensar pero sabía que el pensamiento es una capacidad humana a la que no estaba dispuesta a renunciar, no quería ser pájaro, pájaro no, ni un árbol, hermosísimo pero siempre en el mismo lugar, tampoco quería ser un sueño, quería ser una realidad, algo tangible, algo eterno…alguien.

Los días se sucedían sin tregua y en ese ritmo frenético de vivir, ella no quería pensar ni más ni menos de lo necesario para su higiene mental, que muchos cuerdos perdieron el juicio de tanto darle al magín…

Vamos al mes de agosto, a ver qué tal, a ver quién viene, a ver quién va, a ver dónde llegamos o dónde nos quedamos o lo que sea, yo qué se. Ya aprieta el calor.

La pregunta es:

¿Cómo lo combates?(cada cúal entienda la pregunta)

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Soy tu hija, mamá

mi Madre

Ayer fui a verte y no te encontré, madre. Estuve contigo, besé tus mejillas, acaricié tu cara, te hablé y te busqué en tus ojos, pero no estabas madre mía.

Mamá, soy tu hija-te dije mientras te sonreía. Y tú, me miraste sin entender, como quien mira pero no ve nada, como quien oye pero no comprende…así, frente a frente las dos, pensándote en otros tiempos, sabiéndote esa mujer fuerte y trabajadora que tantas madrugadas se levantó antes de salir el sol para dejarnos la comida preparada, eras tú, siempre serás tú, la que me enseñó a rezar, la que me enseñó a leer, mi madre, mi maestra, mi referente.

Decías algo, no pude distinguir las palabras, mirabas algo, no supe qué. En algún momento se te pintó una media sonrisa, o yo quise imaginarla. Madre mía de mi alma, cuánto te quiero y cómo siento tu enfermedad, cruel donde las haya, despiadada, inmisericorde…

Cada día estás en mi pensamiento, cada día sufro tu dolor, cada día elevo mi plegaria a ese Dios escondido que sé que te ayuda y te sostiene, que sé que te quiere con locura, que más pronto que tarde, te llevará de su mano y te abrazará y te premiará por todas las amarguras que la vida te ha presentado y que has sabido llevar. Ahora también.

Estás serena, y eso ya es muchísimo más de lo que otros tienen. Estás tranquila en tu pequeño espacio de confort, qué ironía de palabra…

Junto a ti, las veinticuatro horas, el hombre que más te ha querido en esta vida, el que más te quiere, sigue pendiente a ti, vive para cuidarte y cada pequeño “encuentro”, cada “despertar”, cada frase razonable que dices es motivo de consuelo y de alegría.

Madre, qué valiente y qué fuerte y qué buena eres. Dios te bendiga. Soy tu hija, mamá.

Sin ínfulas

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Ana se mimetizó con las gentes de aquel lugar, se fundió en el torrente del tráfico urbano y se mezcló entre ellas como una más.

Se sintió bien en su anonimato y agradeció no ser nadie especial, no tener nada de qué presumir, no llamar la atención.

Era realmente hermosa la ciudad, histórica y señorial, cuajada de monumentos como una hermosa flor. El ambiente era festivo, allí siempre era así, aquellas calles estaban hechas para vivir y la afluencia de personas de distintas nacionalidades daban color y alegría y animaban a recorrer los lugares más emblemáticos, las calles más ocultas, los espacios más serenos y los rincones con embrujo.

Se alegró mucho al no sentirse observada, al pasar inadvertida, nadie podía reconocerla y esa sensación le hizo sentir bien. Realmente no aspiraba a más, solo quería ser una más, solo eso.

Estaba tan sobrevalorado el poder y la riqueza, las capacidades y los logros y los méritos y esas ínfulas, ese afán de aparentar lo que ni se tiene ni se es…ella no era nadie especial y estaba bien así.

4.9

LEPANTO CUADRO 2

4.9 puede ser muchas cosas, pero nos vamos a referir a ésta cifra como el resultado de un trabajo esforzado-aunque pudiera parecer que no- y la decisión de un profesor-asumamos el genérico-que califica un examen final de universidad con un glorioso 4.9

Podríamos pensar que el alumno-asumamos el genérico-no se ha esforzado lo suficiente y por tanto, el suspenso es justo e irremediable, pero…caben más posibilidades, como por ejemplo, que quien ha corregido el examen haya podido equivocarse en perjuicio del alumno, o bien que no se haya equivocado pero tampoco se plantee que detrás de esa décima que falta para un aprobado hay un trabajo esforzado, el ánimo o desánimo de quien combate una asignatura difícil y árida y todas las horas, días y pensamientos que ha dedicado, el dinero que ha costado y, por cosas de la vida, todas las horas, días y pensamientos venideros, amén del dinero, si tiene que volver a matricularse de la susodicha.

Pensando en un mundo ideal imagino a un profesor motivante que piensa en ayudar a su alumno, que le llama a tutoría y comenta con el chaval el examen, un profesor que quiere que el alumno entienda la asignatura y que la apruebe. Conversan un rato, el alumno le expresa las dificultades que ha tenido y el profesor le anima a trabajar una serie de puntos que afiancen los conocimientos adquiridos.

Hay vida más allá de una décima, de hecho un 4.9 no significa nada o lo significa todo, depende del interés que estemos analizando. A mí me gustaría animar al chaval-el profe ya ha tenido todas las oportunidades de empatía-, me gustaría decirle que en la vida le esperan muchos 4.9  pero que no se desanime, que siga esforzándose, que siga librando batallas, que la guerra la ganará con tiempo y paciencia.

Una décima es la diferencia entre pensar en ayudar al prójimo o mirarse el ombligo. No siempre. No en todos los casos, solo en aquellos donde alguien se esfuerza mucho y quien puede darle un empujón, le da un pisotón y lo hunde en la miseria. Hay muchos 4.9 y están entre nosotros…

Como digo, un 4.9, a mí, personalmente, no me parece una nota aceptable.

Jesu communio, en Lerma

Peregrino-orado

Cogió el micro y les explicó a las monjas: “tengo aquí dos hermanas y normalmente vengo a visitarlas acompañada de mi familia, mis padres, algún hermano, mi marido o mis hijos…pero hoy vengo con mis amigas”

Y entre sus amigas estábamos un grupete de quince-bonito número-que después de un largo  fin de semana de penurias y sinsabores-véase lechazo de Burgos y olla podrida o catedral o noche blanca…-quisimos parar en Lerma a visitar a las hermanas de la del micro.

Quedamos impactadas y emocionadas al ver tanta monja de hábito de ropa vaquera y tan jóvenes y tan llamativamente sonrientes.

El encuentro se produjo en una sala circular dividida por un pequeño pasillo central, a cada lado gradas a modo de asientos, las monjas y los visitantes, frente a frente. Acogedor, sencillo y natural.

Una de ellas nos explicó cómo había pensado en hacerse misionera para ayudar a los demás, quería actuar…después entendió que sus pasos, su vocación iba por el sendero de esta comunidad religiosa de vida contemplativa, Jesu Communio.

Nos habló muy bonito de cómo ella se había comprometido con Cristo, cómo  pasaba a sentirnos a todos como hijos suyos y cómo, con su entrega y su oración, de alguna manera,convencía a Cristo para que nos diese la fuerza, o la fe, o la esperanza o el amor que necesitamos para seguir viviendo, para encarar la vida, para remar mar adentro, para levantarnos con un nuevo sol.

Antes de despedirnos y seguir viaje nos regalaron esta canción y una de las monjas, una de las hermanas de mi amiga, me comentó que, entre las manos de la Virgen que preside su capilla, podíamos dejar nuestras necesidades  porque ellas las recogían  para rezarlas una a una.

Las monjas de Lerma son unas campeonas de la vida y me las guardo en el corazón para lo que esté por venir.

La sugerencia es…si quieres compartir una experiencia edificante, visita a las monjitas de Lerma.

¿Te gustan los coches?

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Alberto había recibido una nueva oferta de trabajo; pareciera que el esfuerzo de los últimos años empezase a dar sus frutos. De repente la necesidad de desplazarse le obligaba a hacerse con una herramienta imprescindible: un vehículo.

Accedió a la web en busca de opciones y ofertas que pudieran interesarle, algo que fuese de su gusto, algo que pudiese pagarse, algo que le ofreciese garantías.

Una página le ofreció la oportunidad de “diseñar” su coche y personalizarlo.

Parecía divertido y empezó a incluir extras al vehículo. Consideraba imprescindible los elevalunas, los asientos ergonómicos y térmicos, la radio, el bluetooth y el detector de radar, sobre todo eso, que no quería líos con tráfico…

Finalmente se decidió por uno que reunía todas sus exigencias, tomó la decisión, fue al garaje, rebuscó en el armario y con el martillo en mano subió hasta su dormitorio donde guardaba una hucha con forma de cerdito. Le dio un martillazo y billetes de todos los tamaños aparecieron ante sus encantados ojos. Los recogió, los contó, los ordenó por colores y se fue más ancho que pancho al concesionario más próximo.

Siempre había soñado con algo así. Entró y se dirigió con paso decidido a un vendedor y señalando el coche le dijo con tono firme: quiero ese.

La pregunta es:

¿Quién no ha hecho algo así alguna vez?