Cuando los jueves hacen historia

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Hay jueves en la vida de las personas que marcan historia, la historia que forjan sus pisadas, la historia que surcan sus arrugas, que encanecen sus cabellos y que le dan ternura a sus maneras.

Hay jueves en la vida de toda persona que quedan para el recuerdo, que son objeto de alegría y cambios, jueves que abren una puerta por la que entra aire fresco y limpio, luz de la mañana y algún que otro pajarito cantarín y poeta.

Posiblemente todos tenemos ese día, nuestro jueves intimo y personal, el día que vive en nuestros sueños y aviva el fuego de nuestro corazón, a veces triste, a veces helado y siempre enamorado.

Me repito, lo sé, hablo de amor ¿Acaso hay alguna otra razón para vivir?

Si pudiera te lo diría al oído pero entonces dejaría de ser nuestro secreto porque siempre hay oídos indiscretos que hacen de altavoces de vidas ajenas. No piense nadie que me he vuelto misteriosa, todo lo contrario, los años me van haciendo transparente hasta el punto en que un día me diluya en el espacio y mi alma vuele hacia mi Amado ¿Acaso hay alguna otra razón para vivir?

Señores, hoy es jueves y en MIC celebramos la vida y el amor ¿Alguien se apunta?

Patéticas películas televisivas

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La programación televisiva en torno al tiempo de Navidad, es patética…infumable.

Ayer celebramos el primer domingo de Adviento, tiempo de esperanza y purificación para la venida del Niño Dios. Bien, pues, llegado este momento, abarrotados los comercios de productos y motivos navideños, la programación televisiva no se queda atrás y ya ha comenzado con su patética serie de películas navideñas. Están en todos los canales. La temática pastelosa es siempre la misma. Chico, chica, amor y buenos y nobles sentimientos,grandes mesas surtidas de fuentes de comida y pinos, muchos pinos, muchas luces y mucho papá noel. Es lo que tienen las pelis americanas.

Se hace difícil encontrar una sola película que sea potable y es por eso que, especialmente en estas ocasiones, me alegro tantísimo de la existencia de internet y las posibilidades que ofrece.

En fin, se ha estrenado la temporada, cada cual sobreviva como pueda…

La pregunta es: 

¿Por qué en todas las cadenas de tv emiten las mismas películas pasteleras infumables?

Todos la mataron y ella sola se murió

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La repentina muerte de la senadora Rita Barberá ha sido el tema de interés para una nación que ayer despertaba con la noticia,la triste noticia de la muerte de una mujer que ha dedicado su vida profesional al servicio de los demás.

El Congreso iniciaba su jornada con un minuto de silencio en señal de respeto a la compañera fallecida. Algunos, gente sin peso ni fuelle, han tenido el gesto asqueroso y execrable de no permanecer en el hemiciclo durante ese minuto. Y es que desgraciadamente, de todo hay en el Congreso…

Y se abre el debate, la reflexión, las críticas encarnizadas que insisten en condenar a quien no ha sido condenada por ningún tribunal, y los elogios de aquellos que ahora hablan bien de la mujer a la que quizás de una manera u otra, hayan podido dar la espalda cuando más les necesitaba. No lo sé.

Yo no voy a hablar de unos ni de otros, hablaré de mi. Obviamente yo también me formé una opinión de Rita Barberá, yo también pensé que era imposible que la alcaldesa de Valencia no hubiese tenido conocimiento de las tropelías que se produjeron en su Ayuntamiento, yo también puse en tela de juicio su honorabilidad y por lo tanto, también yo soy culpable de haber contribuido al malestar, a la angustia, a la pesadumbre y al desaliento de una persona que, de tener las manos limpias, habrá sufrido enormemente por culpa de la brutalidad de un pueblo que no respeta las bases de la justicia y por ende, la presunción de inocencia.

La noticia me ha producido tristeza; lo primero que pensé es que me daba pena que hubiese muerto sola, en un hotel…qué frialdad para ir al otro mundo; después he sabido que estaba su hermana con ella y eso me ha reconfortado.

La noticia está en los medios y es tema de conversación, y es que los españoles hablamos mucho, creo que de más. Solo se necesita un minuto para destruir la honra de una persona y después hace falta toda una vida para restituirla. A Rita no se le ha dado esa oportunidad. Su ausencia definitiva impide esta restitución y sinceramente, me parece lamentable.

Mi propósito es no volver a hacer juicios de valor, no volver a condenar a nadie sin pruebas concluyentes y sentencias firmes, no colaborar con mis conversaciones a difamar a nadie, no dejarme manipular por los medios de comunicación.

Si Rita tenía las manos limpias, todo un país le ha fallado…

A la Virgen de los Desamparados le pido que la acoja en su regazo maternal.

Te animo a que hagas testamento

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Si has pasado de los treinta, como mucho, te animo a que hagas testamento, sí, sí, testamento, ya sabes, ante notario. Para aquellos que no lo sepan, el precio de un testamento no supera los cincuenta euros y se puede cambiar tantas veces como se quiera.

Lo cierto es que nadie sabe ni el día ni la hora y creo que los padres-en mi caso, madre-tenemos la obligación de facilitarles a los hijos la vida y también la muerte.

La brevedad a la hora de heredar, la facilidad de papeleo, el ahorro económico y el embrollo burocrático que podemos ahorrar a los hijos-en mi caso porque soy madre-, creo que es una obligación moral, que no nos cuesta más de cincuenta euros y que agiliza mucho el tedioso papeleo cuando alguien fallece sin haber testado.

En fin, reconozco que se ha apoderado de mí cierta impaciencia por dejar atados todos los cabos, quizás sea mi particular declaración de guerra al sistema burocrático que asfixia a este país, el caso es que, a la mayor brevedad, voy a hacer testamento. Y tan feliz, oiga.

La pregunta es:

¿Has hecho testamento?¿Te animas a hacerlo después de leerme?

Contenta, preparada y enamorada

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Para cuando hubiese cantado el gallo, Ana ya había amanecido varias veces, había preparado el café y se había enfrascado en la escabrosa tarea de poner al corriente la correspondencia, los papeles del banco, la documentación que se acumulaba fuera del A-Z donde permanecería los próximos cinco años hasta que pudiese liberarla con carácter definitivo…

El café humeaba aburrido en su taza color chocolate, taza descascarillada por los años pero impecable en su función despertador.

Todavía estaba reciente su viaje a Madrid, la noche de teatro, el largo paseo de Atocha a Chamartín en un día frío y soleado . Allí se había despedido de su hija, el último bastión de su imperio, la última en nacer, la última en alcanzar esa edad olvidada y maravillosa que tiene dieciocho unidades y millones de sueños.

Las novedades se agolpaban en su vida con ritmo palpitante y tenía la ilusión de una niña recién despertada la mañana de Reyes. Era momento de arremangarse, de mirar de frente, de empezar de nuevo sin mirar atrás y estaba contenta y preparada y enamorada.

Soñaba con volver a ocupar el sillón aterciopelado del teatro, con el beso que estamparía en la mejilla de sus hijos, con el abrazo de la visita inminente que adornaría su existencia la próxima semana. Todo estaba bien y en marcha y seguía con esa sonrisa bobalicona en la mirada, esa sonrisa delatora y cantarina, esa sempiterna sonrisa que la perfilaba como una mujer alegre por encima de cualquier otra realidad.

Para cuando hubiese cantado el gallo, Ana estaba lista, requeteguapa y bien dispuesta. Yo la miré y me sentí muy orgullosa.

Cuando Sara creyó estar en su columpio

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Sara se dejó mecer como si fuese una niña, como si estuviese en su columpio, como si hubiese alcanzado las nubes.

Aquella tarde, no sabía por qué, se estaba cuestionando su vida, el camino que había elegido, la vocación a la que había sido fiel. Pensó que podría haber tomado diferentes sendas y todas ellas habrían sido válidas…o no; no podía desandar toda una vida y ya nunca podría saber si habría sido más feliz de otra manera.

Ciertamente había piedras en el camino que le habían hecho caer o peor aún, dudar, pero la duda, se dijo, era buena, porque daba opción a reafirmar las personales convicciones, así que ese no era el problema. ¿Había realmente algún problema? Posiblemente no, aunque el cambio de horario con esa oscuridad tan precipitada, esos días tan cortos, ese frío de otoño, no favorecían especialmente su ánimo.

Tenía que reconocer que estaba cansada, pero quién no lo estaba-pensó Sara. Quizás después de un descanso, un cambio de aires, una ruptura de la rutina, o una buena copa de vino, podrían devolverle la ilusión, algo de la ilusión de aquellos años cuando comenzar era lo más apasionante que podía imaginar.

Definitivamente no, no iba a permitirse entrar en el laberinto funesto del “y si”…y si hubiese trabajado en esto o aquello, y si me hubiese quedado en aquella ciudad, y si…

Su vida estaba llena de cosas positivas, de gente buena, de proyectos en curso, era realmente afortunada aunque aquella tarde de otoño hubiese deseado por encima de todas las cosas, ser una niña y dejarse mecer hasta alcanzar las nubes.

La pregunta es:

¿Te has preguntado alguna vez si, de haber elegido otro camino, habrías sido más feliz?