Mi país, España

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Mi país es España, mi lugar de origen, mi tierra patria, mi hogar. Es donde está mi gente, donde están mis playas, donde está mi vida, el sol que me calienta y la noche que me arropa.

En España hablamos español, éste es el idioma oficial; además está el vasco, el gallego y el catalán, lenguas todas, digamos de segundo orden a la hora de representar a mi país.

En España se habla español, bueno, aquí y en medio mundo, siendo un idioma con una expansión brutal. Es un idioma muy valorado fuera de nuestras fronteras, una lengua bonita y difícil de conjugar, como difícil por estúpido o incomprensible es oír hablar en catalán con traductores simultáneos en las televisiones públicas o privadas de España dada la magnitud de la noticia y el momento que estamos viviendo.

Cuando el mundo entero vuelve la vista hacia Cataluña por razón del triste atentado terrorista, las autoridades catalanas pretenden comunicarse hablando catalán.

Pues mal, muy mal, una vergüenza más que nos hacen pasar los independistas catalanes que han visto la posibilidad de tener su minuto de gloria, a pesar de la tragedia, y han dicho: ahí vamos.

Mi país es España y en éste país se habla español, además de otras lenguas de segundo orden, como digo, en cuanto a importancia y representatividad.

Algunos impresentables no llegan a entender esto siquiera.

Y luego hablan de unidad…

Las lágrimas de una Reina

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España llora por la tragedia de Barcelona, por el cruel y horroroso atentado de los terroristas islámicos, que, una vez más riegan de sangre las calles de nuestra civilización; también lo hacen en países asiáticos y africanos que sufren su asedio y su barbarie a diario, digamos que es un ataque globalizado y es el mundo entero su objetivo y todos y cada uno de nosotros.

Recuerdo las lágrimas de una Reina, Dª Sofia, cuando abrazaba y daba el pésame a los familiares de las víctimas de Eta, otra lacra social que aunque ya no mata, sigue hiriendo con su actitud chulesca y proetarra. Recuerdo el dolor que expresaba aquel rostro regio, que era expresión del dolor de todos.

Ayer los Reyes de España también acudieron a abrazar y a dar su calor a las víctimas del atentado de Barcelona, gesto bonito que se une a miles de gestos solidarios que vuelcan su cariño en Cataluña, porque Cataluña somos todos, porque nuestra nación, España, ha sido atacada.

Éste artículo escrito en 2014 por Pérez Reverte es muy expresivo de la realidad en la que estamos inmersos y aunque hay un esfuerzo enorme por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y en su conjunto de las naciones, tengo la sensación de que es un mero esfuerzo defensivo y preventivo.

Mientras, la población árabe se beneficia de ayudas sociales que nosotros no tenemos, se les subvencionan mezquitas, se quieren prohibir nuestras costumbres ancestrales  culturales y que provienen del cristianismo como es el belén en Navidad o las procesiones de Semana Santa o la simple presencia de un crucifijo en una clase, no vaya a ser que hiramos la sensibilidad de los musulmanes que han hecho de nuestro país el suyo, aunque ellos no se han integrado,sencillamente han implantado aquí sus costumbres y nos van arrinconando, mientras voces demagogas nos animan a ser solidarios.

Solidarios sí, siempre, idiotas no.

No veo implicación por parte de la comunidad musulmana para defendernos de estos ataques, no les veo protestar por esta barbarie, no sé dónde están a la hora del terror salvo en algún lánguido comunicado. Cierto es que hay musulmanes buenos no, mejores que nosotros, cierto es que no podemos mirar con desconfianza a todos aquellos que nos puedan parecer yijadistas por el mero color de su piel, pero señores, somos humanos y aunque Barcelona grita que no tiene miedo, miedo hay cuando no se sabe ni cómo ni dónde volveremos a ser masacrados.

Los políticos tienen la llave para poner solución a esto, obviamente Defensa tiene que tener una mayor partida económica y obviamente hay que tomar medidas que puedan parecer impopulares, pero que son justas. Los españoles, igual que el resto del mundo, estamos siendo atacados y mi pregunta es : ¿En una guerra, podemos ganar escondidos en las trincheras?

Ojalá alcancemos la paz, ojalá el mundo pueda vivir en armonía, ojalá no hicieran falta las fronteras, ojalá todas las religiones adoraremos a Dios sin distinción, hermanados, tolerantes y pacíficos. Ese es mi deseo y mi oración pero mientras esa paz llega, entiendo que hay que poner los medios.

Triste y doloroso golpe en Cataluña que a todos, al menos a los buenos, nos llena de dolor. Mi cariño para esta parte de España que ha sido atacada sinsentido y brutalmente.

Buenas noches España

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Buenas noches. A ti, que terminas de cenar y ya mismo te regalas con unas horas de sueño; a ti, que estás cansada después de un día de viaje, aviones, aeropuertos…; a ti, que mañana madrugas porque sigues currando y no alcanzas a ver la luz al final del túnel; a ti, que no tienes tiempo para leer un puñetero libro en todo el año; a ti, que paseas de su mano y te sientes invencible; a ti, que tienes el corazón roto de dolor por la muerte de tu hermano; a ti, que acabas de ser abuela y todo te parece novedoso y familiarmente conocido; a ti, que esperas en la estación de tren y no ves el momento de darle un abrazo enorme; a ti, que quieres irte de vacaciones unos días y no encuentras lo que buscas porque todo está ocupado; a ti, que no distingues si los días son grises o soleados; a ti, que no puedes oír y vives en un mundo silencioso; buenas noches a todos, a los que sois felices, a los que estáis un pelín amargados; a los que soñáis imposibles y a los que vivís en una larga espera; a ti, que estás en Rusia, lejos de tu campo andaluz; a ti, que llevas casi un año de baja por problemas de salud; a ti, que vas conduciendo y contemplas la luna llena; a todos, a cada uno, a los que sí y a los que no; a los famosos, a la gente anónima, a los amantes y a los que nunca supieron lo que es amar; a los hijos que viven la noche; a los padres que la pasan en vela; a todos, buenas noches, buenas noches España.

Yo, más que desearos felicidad eterna, que también, os invito a hacer el bien, sólo eso, como quien deja pasar primero a alguien en el ascensor, o le cede el asiento, o le ayuda en el cajero del banco porque es mayor y no sabe, como quien se toma un minuto para preguntar sinceramente cómo estás, como quien se da cuenta de una necesidad y la cubre sin ruido de trompetas…cosillas, fáciles, pero tan agradables…Buenas noches España, desde el calor maravilloso que hemos alcanzado hoy llegando a los 41º. Terral malagueño que le llaman…casi muero.

El grito de Venezuela

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Venezuela llora, Venezuela grita, padece hambre e injusticia y sobrevive al terror de una dictadura.

El pueblo venezolano está sufriendo y “les están matando”según relato de los propios venezolanos.

Es un horror contemplar lo que está pasando, cómo  Maduro desgobierna y aplasta a su propio pueblo. Un hombre sin escrúpulos y a lo que se ve, sin cerebro, que vive al margen de la ley, al margen de la democracia y que encarcela a quienes levantan la voz como un solo grito de libertad y plantan cara y se resisten con enorme valentía a riesgo de su propia vida. Así están las cosas.

Y mientras, el mundo mira hacia Venezuela y piensa, dónde está la presión internacional, dónde la ayuda urgente e inmediata, la ayuda contundente y efectiva que necesitan los venezolanos.

Venezuela llora y también lloro yo al contemplar el horror que sufre nuestro pueblo hermano.

Supongo, espero, deseo, rezo para que cada día que pase estén un paso más cerca de alcanzar la libertad y de vivir en paz y recuperarse en su devastada economía.

Quiero expresar mi total repugnancia al régimen de Maduro y a todos aquellos partidos políticos que expresamente no denuncian publicamente tan descomunal injusticia y el brutal atropello a los más elementales derechos del ser humano.

Venezuela llora y grita al mundo “que les están matando”…y a mi se me parte el alma.

 

 

¿Puedo llamarte idiota, por favor?

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Me ataca la duda y pienso…¿puedo llamarte idiota?¿puedo llamarte egoísta? ¿puedo decirte que eres un cerdo? Obviamente así dicho, la respuesta rotunda sería no, nadie tiene derecho a insultar o atacar a nadie.

Y sin embargo a mí me pasó el otro día. A mi me lo dijeron, hablaron sobre mí y toda mi estirpe y se permitieron el lujo de insultarnos, atacarnos, juzgarnos y condenarnos pero eso no es lo llamativo, porque quien más quien menos todos estamos expuestos a la vara ajena, lo increíble es que me lo dijeron tal que así: “creo que tengo todo el derecho a decirte esto ya que te lo estoy diciendo con respeto”.

¡Pues menos mal! jajajajaja Reconozco que el tono de voz era pausado y melódico, tranquilo y hasta armonioso pero el escupitajo que recibí en toda la cara me supo igual que si me lo hubieran dicho a voces o de mala manera.

Y claro, al hilo de esto, entiendo que no hay límites para la expresión y a partir de ahora, cuando en mi opinión, sesgada, subjetiva, parcial, interesada y carente de información vital, yo entienda que debo decirle cualquier cosa a cualquiera, siempre podré hacerlo con la tranquilidad de decirlo respetuosamente.

Ejemplo: Mira, eres una hija de la gran puta y tu esposo un cabrón,pero te lo digo desde el respeto…

¿Lo dejamos así? Quiero decir…¿ encajamos la opinión de quien nos recrimina o le paramos los pies?

Obviamente para hacernos entender tendríamos que dar explicaciones(primer error) y además sería inútil porque toda mi vida, mis experiencias, mis vivencias, mis carencias, mis relaciones, mis afectos, mis desengaños, mis limitaciones, las limitaciones ajenas, el ambiente social, cultural y en definitiva, hasta la marca de vaqueros, me ha llevado a ser lo que soy y a hacer lo que hago. Mi experiencia es inmanente y absolutamente imposible de trasladar al cerebro entrante, el cerebro pensante que ha decidido que, con todo respeto, te puede insultar y quedarse más ancho que pancho.

Yo, sencillamente, creo que se equivoca y en mi obstinación vital voy a empeñarme en no ser receptora de más pensamientos y juicios ajenos que no vienen a ayudarte sino a escupirte.

¿Tú qué dices?

Historia de una niña preciosa

 

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Lucía era una niña preciosa, morena, de ojos grandes y expresivos y con una sonrisa conmovedora, era sobre todo una niña dulce y buena, de especial sensibilidad, siempre deseosa de agradar, siempre presta a querer.

Conforme los años le fueron alcanzando, su niñez se transformó en una suerte de juventud como suelen serlo todas, contradictoria; había una lucha interna absolutamente necesaria para dejarse crecer y en esa huida hacia adelante siguió conservando su dulzura pero descubrió las espinas de las rosas y se hizo una herida tan  profunda, que ni curada, ni sanada, ni desinfectada. Herida que sigue recibiendo golpes y por esa sólo razón no deja de sangrar.

Quienes la conocen bien saben el porqué de sus lágrimas, la causa de sus angustias, la  raíz de sus males, razones más que suficientes para haberse venido abajo sin retorno de no ser por su fuerza interior, aunque ella piensa que es débil.

Es una buena hija y una buena madre, y aunque el cielo se desmorone ella es de esas personas que cada día se levantan para combatir la vida, no tanto por la vida en sí, sino por los estúpidos obstáculos, a veces mal intencionados y otras sencillamente absurdos, con los que tiene que bregar y lo que te rondaré morena.

¿Y eso por qué? posiblemente por una deformación de lo que está bien y mal, por falta de generosidad de quienes la necesitan y le exigen sin valorar sus posibilidades, sus necesidades, sus dificultades, que si los hijos, que si el trabajo, que si una enfermedad, que si el paro, etc

Y ahí la tenemos, invencible, luchadora, con el alma destrozada, con los nervios a flor de piel, agotada y hundida.

Yo que la conozco sé que no hay derecho, nadie tiene derecho a hacer daño a nadie y menos a quien da todo lo que tiene y todo lo que puede, y a pesar de eso, lejos de compartir mi criterio, me la siguen vapuleando, me la siguen zahiriendo y me la siguen maltratando, por supuesto sin ánimo de herir, ni de vapulear, ni de maltratar, en el convencimiento de llevar razón  y tener derecho,cuando, sencillamente no es así.

Pues le pido al Apóstol Santiago que saque su espada por mí, entiéndase, que le eche un cable, que ponga las cosas en su sitio, y en todo caso y si todo lo anterior fuese imposible, que le meta en su cabecita dolorida esta idea: tú, preciosa, no has hecho nada mal, nada en el sentido de todo lo que aquí se ha escrito y tú y yo estamos pensando.

Quédate tranquila, pasa el duelo y ponte las pilas, cuídate, curate y cuando estés lista, sólo cuando estés lista, vuelve si es que quieres volver, si es que puedes volver. Te quiero.