Ahora estás, ahora no estás

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Así nos sorprende la vida, o mejor dicho, la muerte. Ahora estás y al minuto siguiente no estás. Esta es la última muerte que nos sorprende por inesperada, porque quien muere tiene popularidad y porque ha muerto joven y eso siempre impresiona y causa tristeza.Descanse en paz.

Pero en ese mismo domingo de Ramos, además de la muerte de Carme Chacón, han sido asesinados y masacrados los cristianos coptos que estaban celebrando su fiesta cristiana, la llegada triunfante de Jesús a Jerusalén a lomos de un simple pollino. Descansen en paz.

El odio y el terror han dado muerte a nuestros hermanos coptos que no hacían daño a nadie…pero estamos tan acostumbrados a este tipo de noticias…nos pillan tan lejos…que no sentimos apenas un estremecimiento. Digamos que hay vidas de primera y vidas de segunda. Muertes sorpresivas que causan profundo pesar y muertes sorpresivas que no le duelen a nadie, o al menos, no duelen hasta el punto de hacer algo por remediar semejante barbarie.

Ahora estás, ahora no estás. Esto es lo que nos va a tocar a todos. Y la pregunta del millón sería…¿estamos preparados para morir?¿Yo estoy preparada para morir hoy?

Estaréis conmigo en que la respuesta causa canguelo y sin embargo, esta es una de las realidades más frecuentes en el día a día, solo que todavía no nos ha llegado nuestro minuto de gloria, ese paso de éste mundo a otro mundo, de ésta vida a otra vida.

No sé, quizás estamos en unas fechas muy oportunas para pensar, además de broncearnos en la playa y comer espetos.

Pensar, meditar, considerar la posibilidad de nuestra propia muerte como una realidad…y bueno, quizás cambiar algunas cosillas, tomar otro rumbo y dejar de pensar que a mí eso no me va a pasar.

El club de las madres buenas

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El club de las madres buenas es un club muy selecto y al mismo tiempo muy numeroso, ya que en la naturaleza consta impresa con una fuerza desgarradora ese instinto maternal que, por encima de toda razón o entendimiento, ama sin medida a los hijos.

Ya hay muchas mujeres a las que en su día conocí que forman el Club de las Madres Buenas, madres guays, madres top, madres diez, madres, sencillamente madres, que con su entrega, sus triquiñuelas, su capacidad para guardar secretos y para anticiparse a lo que va a ocurrir, han colmado de entrega millares, millones, qué digo, miriadas de hogares. Los han impregnado de olor a rosquillos fritos, o a tortilla de patatas o simplemente a colonia de madre; madres tiritas para los desgarrones de la vida o abrazos ante la adversidad, o  silencios oportunos o espera paciente y abnegada; madres de risa extravagante, de bailes vergonzantes, madres dulces y amorosas de frases lapidarias y noches de insomnio. Madres imperfectas que se han equivocado muchas veces y han errado en sus decisiones, simplemente madres.

Muchas son candidatas al Club de las Madres Buenas, pero sólo alcanzan a ser admitidas aquellas que finalmente llegan a la meta, esto es algo que sólo consiguen las que echan toda la carne en el asador hasta entregar la última lágrima, el último aliento, la última oración desbrozada en unos labios temblorosos ante el dolor, la enfermedad o la propia muerte, nuestra eterna amiga y compañera, por más que nos repugne la idea de morir.

Todo es un tránsito, de tal modo, que aquellas que llegan al Club quedan encantadas, maravilladas, alucinadas, sin palabras… ante la luz, el sol, las vistas, las pistas de padel, los caballos de raza y las tartas de chocolate y nata cero calorías que pueden disfrutar sin límite y todo ello con vistas al mar, con vistas a la montaña, con vistas a lo más bello y hermoso que hay en la vida y que nos está vedado aún en su totalidad…porque aún seguimos en el camino.

Toda madre puede ser aspirante a socia y, llegado el caso, disfrutará enormemente de su pertenencia, gracias a esas tertulias,a esos paseos entre nubes, a esas  risas celestiales y gracias al cascabeleo de las faldas orientales al son de la música más bonita que se pueda imaginar; serán socias disfrutonas y deslumbradas ante el esplendor  de los colores más intensos que ninguna paleta consiguió; paladearán los sabores más ricos, recibirán todas las ternuras,y en definitiva, vivirán y sentirán lo mejor, lo nunca soñado, lo infinito, lo increíble…el Amor.

A esas madres en el camino, próximas a la meta, futuras socias del Club de las Madres Buenas, quiero dedicarles con todo mi amor y gratitud su titánica tarea por sacar a éste mundo adelante. Sin ellas…nada.

 

La ideología de género, una sinrazón

Éste vídeo explica en pocos minutos el trasfondo de la ideología de género, un negocio que alguien se sacó de la manga y que ha conseguido confundir los más básicos esquemas mentales de muchas personas que cuando oyen hablar de “género” entienden que hablamos de “masculino o femenino”. Nada más lejos de la realidad.

“La ideología de género es la última rebelión de la creatura contra su condición de creatura. Con el ateísmo, el hombre moderno pretendió negar la existencia de una instancia exterior que le dice algo sobre la verdad de sí mismo, sobre lo bueno y sobre lo malo. Con el materialismo, el hombre moderno intentó negar sus propias exigencias y su propia libertad, que nacen de su condición espiritual. Ahora, con la ideología de género el hombre moderno pretende librarse incluso de las exigencias de su propio cuerpo: se considera un ser autónomo que se construye a sí mismo; una pura voluntad que se autocrea y se convierte en un dios para sí mismo” (Cardenal Joseph Ratzinger).

La defensa de la identidad humana, la defensa de la biología y la defensa de la distinción de sexos, nada tiene que ver con el tema de la transexualidad, o dicho de otro modo, afirmar lo primero no significa atacar lo segundo. Máximo respeto a las personas transexuales. Máximo. Que nadie manipule el hecho de que defendamos que lo blanco es blanco.

Ya pasó con la batalla perdida del “matrimonio” como concepto que definía un estado. Al admitir como matrimonio cualquier unión, queda vacío de contenido el sentido originario del término, es decir, que un matrimonio es la unión de un hombre y una mujer. Y afirmar esto no va en contra de las uniones homosexuales, sencillamente las diferencian, porque no son lo mismo. Máximo respeto a estas uniones de personas del mismo sexo. Máximo. Que nadie manipule el hecho de que defendamos que lo blanco es blanco.

El caso es que poco a poco nuestros cerebros se deforman y llegamos a dar por válido lo que es de suyo, absurdo e irracional. Ahora toca “deconstruirnos”…no quiero pensar qué puede ser lo siguiente.

Y voy a referirme al programa de la Sexta presentado por Iñaki López, que dio un ejemplo perfecto de lo que puede llegar a ser la prepotencia, la ignorancia y la violencia que contiene esta ideología de género, con afirmaciones tales como que la sexualidad no está en los genitales sino en la cabeza, algo que, afirmaba con vehemencia y faltando al respeto del supuesto “entrevistado” que apenas pudo articular palabra. Cero para el Sr.López. Cero.

A este señor me gustaría preguntarle, llegado el caso de una futurible paternidad,si ha sido niño o niña, aunque mucho me temo que su respuesta será un coherente “no tengo ni puñetera idea” ya que no sé qué hay en su cabecita. Lo mismo es conveniente que no le inscriba en el Registro Civil, porque ponerle un nombre determinaría un sexo…y desde luego que le vista con colores neutros, nada que pueda confundir al bebé y hacerle tender hacia uno de los sexos, y todo ello, insisto, con la negación más absoluta y chulesca de la certeza de la biología.

En fin, el mundo está lleno de necios, pero que no nos vendan la burra y sobre todo, que no adoctrinen a nuestros niños en las escuelas, que no les confundan, que no los programen. Para educar están los padres en concreto, y la familia en general. Para arengas y discursos políticos está el hemiciclo.

Como el agua entre los dedos…

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Así se le escapaba la vida, como el agua entre los dedos, lentamente y sin remedio.

Ella sólo era consciente a medias, para consuelo de los suyos, sentía el pesar de los años y la embestida de la enfermedad pero el calor de su marido la arropaba en los días más fríos y cuando la noche llegaba, él estaba siempre ahí, a su lado, amable, enamorado, con el alma rota, como cada noche desde aquella primera vez a la que siguieron muchas lunas, no siempre de miel, porque la vida no da tregua, pero siempre juntos, que no hay mayor alegría que la del amor correspondido.

Ella se estaba yendo y lo hacía a la vista de aquellos ojos cansados que cada vez veían peor, que cada vez atisbaban más sombras a pesar de esa esperanza que siempre busca la luz. Ella, su amor, su mujer, su esposa, su compañera de camino, la que supo aguantar sus vientos, la que le consoló en tantos desconsuelos, con quien emprendió mil batallas, la madre de sus hijos, aquella morena, alta y guapa, su incondicional, su todo, su mitad, se le escapaba como agua entre los dedos y él no podía hacer nada.

Una lágrima surcó aquella cara de varón valiente y aguerrido, un caballero andante ya sin espada, ya sin cabalgadura, un hombre frente a su mujer a la que tanto amaba y que se le iba…

Mientras, ella le buscaba con insistencia y él la besaba con dulzura, ella le llamaba constantemente y él acudía a su llamada una y mil veces, cada día, ayudándole a caminar en lo que sin duda, era el último tramo de un camino frondoso, de espléndidos frutos y no pocas espinas.

Pudiera decirse que él gustaba la hiel de la viudedad, cruel y prematura puesto que ella se le estaba yendo,seguía allí, sí, pero sólo a ratos, cada vez más escasos…

Se adentraba en las profundidades de un mundo inexistente…pero indiscutiblemente auténtico en su mente. Y lo hacía con miedo a veces, otras tambaleante y siempre de su mano, siempre él, el hombre que la llevó a la luna y que conquistó los mares para ella, el hombre que la hizo feliz… el hombre que la hace feliz, que sigue acunando sus sueños y descubriéndole cada madrugada un nuevo amanecer.

Forjaron un amor sólido que cuajó y llegaron a multiplicarse y fueron fieles y todavía celebran el haberse conocido, todavía y siempre, y renuevan aquel sí que un día se intercambiaron y ahora, cuando cae la tarde, lo único que cuenta es el amor, lo único que queda es el amor, todo lo demás, la hojarasca, ha desaparecido para bien.

Ella se le escapa como agua entre los dedos y él la sujeta con firmeza y con ternura mientras le susurra al oído dulces palabras de amor.

Una lágrima triste y solitaria resbala por la mejilla de su amado…

Voy a ser madre

Voy a ser madre y no me lo creo, la cabeza me da mil vueltas, el corazón me palpita, las emociones se disparan y siento muchas ganas de llorar, y lloro.

Lo hago por la alegría de ser madre, por este regalo maravilloso que es el hijo que se gesta en mis entrañas, esa persona a la que amaré incondicionalmente mientras me quede un aliento de vida, ese bebé dulce y tierno que irá dejando atrás los años y se convertirá en un hombre especial, único, irrepetible y yo tendré el orgullo de ser su madre. Esa suerte tengo.

Voy a ser madre pero el muy tunante se resiste a venir al mundo y el médico me advierte:

  • o nace o te provocamos el parto.

A mi no me gusta que me provoquen nada, de nunca, pero entiendo que todo tiene un límite y rezo en silencio y hablo con él: ¡ánimo hijo mío!

Como él no se decide, definitivamente me ingresan una tarde de febrero con intención de provocar el parto al día siguiente pero…esa misma noche, prácticamente en un visto y no visto, me veo pasillo adelante empujada por un celador que me lleva a paritario: ¡voy a ser madre!

Nacho nació a las 22.20 de la noche, era viernes y fue un día muy especial, el día en que por fin pude acunarlo en mis brazos después de nueve meses de espera.

Regordete y rubito, un bombón de bebé, mi hijo, qué situación más normal ¿verdad? y sin embargo, única, especial y conmovedora.

Os dejo con un vídeo suyo que hizo hace unos días aprovechando el oleaje de ese mar mediterráneo que guarda tantos misterios, ese mar salado que tanto me gusta, que tanto nos gusta…

¡Feliz cumpleaños Nacho! Tu madre que te ama 🙂

***Por razones del parto, adelanto la publicación del jueves a hoy, 22 de febrero, un día especial.

Me desdigo de todo lo dicho…

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Me desdigo de todo lo dicho si lo dije mal, si cuando hablé fue con intenciones magistrales o con el aguijón preparado o con la furia desatada. Muchas veces lo hice así y lo hice mal, pero los errores no caducan, permanecen en la memoria de quienes hirieron y de los agredidos. No es fácil perdonar, no es fácil…

Cierta es aquella frase machaconamente repetida por mi padre “niña, que no es lo que dices, sino cómo lo dices”. Y es que pulir las formas lleva tiempo, lleva años, a veces toda una vida y acaba uno muerto y sin conseguirlo.

Creo que la palabra es poderosa y es una responsabilidad grande emplearla bien, con mesura, con capacidad de diálogo, la palabra debe estar presta a la escucha, incluso a ser retirada si ha habido equívocos, no pasa nada.

Mi alma guerrera ha empezado distintas cruzadas que poco a poco he ido abandonando,  no por falta de interés, sino de conocimiento.

Ahora que sé más, entiendo mucho más y sobre todo, soy consciente de las enormes, inmensas, infinitas lagunas que hay en mí y por lo tanto, y precisamente por eso, no estoy en disposición de afirmar casi nada.

Afirmo algunas cosas, sí, siempre, sin duda, pero son las menos, muy pocas y desde luego, ninguna referida a cosas mundanas…ninguna dicha con acritud, no de ahora en adelante. Toda una declaración de intenciones.