Por qué no felicito las fiestas

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Desde que tengo sensibilidad lingüística no felicito las fiestas cuando hablamos de la Navidad; dicho de otro modo, cuando llega Navidad felicito la Navidad, no felicito las fiestas. Cuando me dicen : “Felices Fiestas” siempre pienso…¿cuáles?

Soy fan de la palabra Navidad, me gusta, me gusta usar la palabra que se ajusta a aquello que quiero expresar; la Navidad es tan especial, tan exclusiva, tan bonita y tan diferente a todas las demás fiestas que merece ser felicitada por su propio nombre.

Y sí, la Navidad es ni más ni menos que la celebración del nacimiento del Niño Dios y eso es lo que la Humanidad celebra; algunos lo hacen con excepticismo, otros sin ganas, muchos sin fe, pero eso no altera el hecho de que el origen, la esencia y la razón de ser de este parón mundial es el hecho histórico del nacimiento de Dios, para algunos solo Jesús de Nazareth…que no es poco;  sin ahondar en exactitudes teológicas ya sabemos que para los creyentes Jesús es Dios.

Me gusta decir “¡Feliz Navidad!“. Os la deseo a todos de corazón.

Para el resto del año ya están todas las demás fiestas que adornan nuestro calendario, descansan nuestro trabajo o nos animan a actividades varias.

En un mundo necesitado de paz y de amor, la Navidad es la joya de la corona de todas las fiestas y por eso merece ser felicitada por su propio nombre.

La pregunta es:

¿Tú cómo felicitas este tiempo tan especial?

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Justicia, jueces, fiscales…y yo

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Llevo exactamente treinta y tres años levantándome muy temprano para llegar a mi trabajo a horas que, particularmente a mi, me parecen indecentes y antinaturales, y no por tardías sino por todo lo contrario. Esa presión mañanera del quehacer cotidiano que quiere airear estancias y poner orden antes de salir a las calles, esa prisa de quien por mucho que madrugue si o si, va tarde. Faltaba el perro…

El caso es que hoy celebro aquel primer día y todos los demás, aquel primer sueldo y todos los demás, aquellos primeros compañeros de trabajo y los que vinieron después…he sido muchas cosas, quiero creer que he sido muchas cosas y todas buenas, al menos esa es la idea.

Durante muchos años, de algún modo, he sido juez y finalmente me he asentado como fiscal.

Ni mucho menos soy juez o fiscal pero de alguna manera misteriosa, todo el trabajo que he desempeñado, esas mini misiones que me han encomendado han sido eslabón en una larga cadena que finalmente ha terminado impartiendo Justicia. Cierto es que no he añadido un ápice de sabiduría a sus Señorías, pero las he servido fielmente, con ganas, a veces con descaro y siempre con alegría. En ocasiones les he mimado, les he alimentado, les he divertido, les he enfurruñado, pero por encima de todas ellas, he trabajado incansablemente, y siendo mi cometido de menor rango y envergadura, no es menos cierto que gracias a todos esos movimientos previos, ellos, los jueces y fiscales con los que he tenido el honor de trabajar, han podido sentarse a fundamentar Derecho, dictar sentencias o calificar.

Si tuviera que hacer un balance, posiblemente me daría un vahído así que voy a quedarme en lo más elemental, fundamento de una vida honrosa, esto es, la gratitud, a todas y cada una de las fichas con las que me he movido en éste ajedrez, incluso a las que me han arrancado algo más que alegrías, vive Dios, que también de ellas he aprendido.

Quiero pensar que en muchos hogares alguien ha descorchado una botella para celebrar una resolución judicial que ha impartido Justicia y quiero creer que de alguna burbuja chispeante también soy copartícipe o responsable, directamente.

Es verdad que habiendo dos partes siempre en conflicto, a la mitad del justiciable les he tenido que hacer la puñeta, pero llegado el caso, bien puedo excusarme y alegar en mi defensa, que yo, simplemente, soy una minúscula mota de polvo en el universo judicial.

Sea como fuere, hoy es un día festivo y hay que celebrar.

A los que ahora “sufren” mi día a día les mando un abrazo enorme y a todos los rostros, de todas las personas que han pasado por mis estancias laborales en calidad de cualquier cosa, entiendase, les deseo paz, esto es, Justicia, que no siendo lo mismo, no se puede alcanzar la una sin la otra.

 

 

Abrázame, por favor

 

Abrázame, por favor, y espanta los fantasmas del pasado; dame calor y cobijo entre tus brazos y estrechame fuerte contra tu pecho hasta hacerme sentir segura.

Abrázame, por favor, y cubre de besos mi noche oscura, no me dejes que tengo miedo a morir en soledad.

Abrázame, por favor, y cura una a una mis viejas heridas que no cesan de sangrar, protégeme y no permitas que me hagan más daño, por favor.

Abrázame, por favor y quiéreme mucho, quiéreme siempre, quiéreme hasta que me veas partir, no te alejes de mí, no me niegues tus brazos, no me abandones.

Abrázame, por favor, y llena de luz mis más dolorosos secretos, hazme saber que cuento contigo, que tú siempre estarás para darme la mano, que tú no, que tú no me vas a traicionar.

¿Puedes abrazarme, por favor? ¿Puedes hacerme sentir que no estoy sola, que tengo dónde apoyarme, que tengo con quien compartir la risa y el tiempo? ¿Estarás siempre ahí o saldrás huyendo cuando caiga el telón y me harás buscarte entre bambalinas para descubrir que te has ido?

Abrázame, por favor.

 

La la land, banda sonora de diez

Vi en el cine la película. Me gustó mucho.

Vi la película en casa. Me gustó más. Pude descender a esos detalles que no percibimos la primera vez.

Confieso que la banda sonora me tiene subyugada, produce sobre mí un hechizo misterioso y cuanto más la escucho más me envuelve.

Los actores también son bastante culpables de esa atracción que ejerce La La Land sobre mí y sí, reconozco haberme enamorado de Ryan Gosling, que además toca el piano y canta y baila. Tuvo que prepararse muy bien para hacer esta película y el éxito ha debido compensar el esfuerzo. Brillante también Emma Stone, tiene garra, me gusta.

Adoro el claqué, el romanticismo que envuelve la película sin caer en el empalagamiento y finalmente lo que pudo haber sido y no fue…cuántos sentimientos pueden despertar en el espectador…

A todos los que no hayáis descubierto esta banda sonora, por favor, escuchadla, cerrad los ojos y dejaos llevar a la Ciudad de las Estrellas.

Qué orgullo de mujer

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Queden las palabras para el recuerdo, quizás para cuando mi sombra se haya perdido en la eternidad de la vida.

Nada le debes a quien nada te dio salvo promesas etéreas que se fueron con el primer viento del último otoño. Ahora a construir el presente, a luchar por el futuro, a ser feliz y a no esperar nada de quien nada te da. Cuántos amigos tenemos cuando no necesitamos nada…

Te estás haciendo fuerte como la roca, flexible como el junco y destilas luz. Yo te miro, te admiro y me siento muy orgullosa de estar en tu camino, de conocerte y de gozar de tu cariño y de tu amistad, porque ciertamente somos amigas, esa primera persona a la que llamar cuando algo nos sucede, bueno o malo, ese oído presto, ese abrazo tierno, esa cabeza que razona y aconsejando, guía.

Un toma y daca, un allá voy donde vayas tú, y al mismo tiempo, esa capacidad de dejar que corra el aire, el aire justo, el tiempo justo para no cansar o caer en el olvido.

Y porque te han echo daño demasiadas veces, llegó el momento de ser feliz, y porque has sabido utilizar tus armas, ahora empiezas a atisbar la recompensa y en ese trajín de vivir y no morir en el intento, cada vez brillas más y mejor se te ve. Esto va mejor que por buen camino y lo que más feliz me hace es estar para verlo y ser testigo de tu felicidad que es la mía.

Joer tía, qué bien, cómo te lo has currado y qué orgullosa estoy de ti. A peor ya fuimos, nos queda lo mejor, lo mejor, lo mejor. Tú invitas la próxima 🙂

 

¿Cómo estás?

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Esta simple frase, corta ella y en principio inocente e inofensiva, tiene su aquel.

En ocasiones, demasiadas, la utilizamos a modo de saludo, ni siquiera esperamos respuesta, es como una coletilla que arrastramos, pero quizás deberíamos moderar su uso o simplemente hacerla cuando realmente estamos interesados en la pregunta, o mejor dicho, en la respuesta.

Algunas veces y según quién me lo dice le respondo: ¿de verdad quieres saberlo?

Recuerdo retazos de una conversación de pasillo y lo que me pudo dar tiempo a escuchar. A la pregunta “cómo estás”, la criatura que contestó dejó escapar un torrente de desgracias y desahogos por su boca que debía tener contenidas en su pecho y le oprimían demasiado; quizás no tenía con quien hablar, o quizás en su vida diaria sobraba descender a los detalles o a las profundidades o a las honduras de un corazón que siente y padece y que necesita comunicarse y sentir consuelo.

Yo cuando hago esta pregunta, realmente tengo interés en la respuesta; cuando se me escapa, me arrepiento, creo que es una frase que debe ser pronunciada con respeto a la persona a la que se le dice. No está bien decirla sin dar la oportunidad de contestarla…digo yo.

La pregunta es:

¿Cómo utilizas tú estas dos palabras y cómo las recibes?