Qué orgullo de mujer

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Queden las palabras para el recuerdo, quizás para cuando mi sombra se haya perdido en la eternidad de la vida.

Nada le debes a quien nada te dio salvo promesas etéreas que se fueron con el primer viento del último otoño. Ahora a construir el presente, a luchar por el futuro, a ser feliz y a no esperar nada de quien nada te da. Cuántos amigos tenemos cuando no necesitamos nada…

Te estás haciendo fuerte como la roca, flexible como el junco y destilas luz. Yo te miro, te admiro y me siento muy orgullosa de estar en tu camino, de conocerte y de gozar de tu cariño y de tu amistad, porque ciertamente somos amigas, esa primera persona a la que llamar cuando algo nos sucede, bueno o malo, ese oído presto, ese abrazo tierno, esa cabeza que razona y aconsejando, guía.

Un toma y daca, un allá voy donde vayas tú, y al mismo tiempo, esa capacidad de dejar que corra el aire, el aire justo, el tiempo justo para no cansar o caer en el olvido.

Y porque te han echo daño demasiadas veces, llegó el momento de ser feliz, y porque has sabido utilizar tus armas, ahora empiezas a atisbar la recompensa y en ese trajín de vivir y no morir en el intento, cada vez brillas más y mejor se te ve. Esto va mejor que por buen camino y lo que más feliz me hace es estar para verlo y ser testigo de tu felicidad que es la mía.

Joer tía, qué bien, cómo te lo has currado y qué orgullosa estoy de ti. A peor ya fuimos, nos queda lo mejor, lo mejor, lo mejor. Tú invitas la próxima 🙂

 

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¿Cómo estás?

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Esta simple frase, corta ella y en principio inocente e inofensiva, tiene su aquel.

En ocasiones, demasiadas, la utilizamos a modo de saludo, ni siquiera esperamos respuesta, es como una coletilla que arrastramos, pero quizás deberíamos moderar su uso o simplemente hacerla cuando realmente estamos interesados en la pregunta, o mejor dicho, en la respuesta.

Algunas veces y según quién me lo dice le respondo: ¿de verdad quieres saberlo?

Recuerdo retazos de una conversación de pasillo y lo que me pudo dar tiempo a escuchar. A la pregunta “cómo estás”, la criatura que contestó dejó escapar un torrente de desgracias y desahogos por su boca que debía tener contenidas en su pecho y le oprimían demasiado; quizás no tenía con quien hablar, o quizás en su vida diaria sobraba descender a los detalles o a las profundidades o a las honduras de un corazón que siente y padece y que necesita comunicarse y sentir consuelo.

Yo cuando hago esta pregunta, realmente tengo interés en la respuesta; cuando se me escapa, me arrepiento, creo que es una frase que debe ser pronunciada con respeto a la persona a la que se le dice. No está bien decirla sin dar la oportunidad de contestarla…digo yo.

La pregunta es:

¿Cómo utilizas tú estas dos palabras y cómo las recibes?

¡Arriba, al cielo!

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La Humanidad camina hacia la Patria definitiva.

Esto es lo que creemos quienes esperamos en la resurrección, ésta es la esencia de la vida cristiana, alcanzar el Cielo y hacia él caminamos, cada cual a su ritmo, a veces con cierto desánimo, a veces despistados, o serenos y confiados…

Lo cierto es que todos estamos abocados a la muerte y a la Vida. Quienes ya hacemos de este ideal una forma de vida, de alguna manera ya participamos de esa felicidad prometida, aunque la realidad está a años luz, nunca mejor dicho, de nuestras mejores expectativas.

Hoy tengo mi corazón en Navarra, y pienso en Julio, un buen navarro, padre de una amiga muy querida a la que me gustaría abrazar aunque sea en la distancia. Me gustaría estar ahí simplemente para acompañarla, para compartir su dolor y su esperanza, para desgranar juntas el Rosario, para celebrar la Misa y rezar por Julio, un buen navarro, padre de familia numerosa, médico de profesión y amante esposo hasta el mismo momento de su muerte, una larga vida, un largo matrimonio, una larga existencia que, como un peregrino más, finalmente ha alcanzado la meta.

La muerte nos deja el dolor de la ausencia y la alegría del Cielo, también nos deja el modelo de vida de quien nos antecede, por descontado la ayuda que recibiremos si nos confiamos a él para que interceda por esas cosas que siempre pedimos porque siempre estamos necesitados.

Me gustaría estar en Navarra pero las obligaciones no me lo han permitido, aunque de alguna manera me siento allí y de alguna manera, mi amiga sabe que estoy con ella.

Me impresionan mucho estas palabras fuertes de San Pablo, que hoy sin duda, Julio puede hacer suyas.

He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida.

Un fuerte abrazo para toda la familia.

Cataluña, ese trozo de mí

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De esta parte de España hay mucho y bueno que decir, mucho y bueno que mostrar, mucho y bueno que compartir y disfrutar. Cataluña es señorial, tiene riqueza, industria y hasta mar. Cataluña es hermosa. Nadie lo discute.

Se discute, eso sí, tristemente, si Cataluña debe ser una nación independiente. En ese debate deberíamos estar todos, porque la soberanía de España reside en sus gentes. Es de sentido común que lo que nos afecta a todos, se decide entre todos. Lo otro puede ser una dictadura…

Dicen que para bailar un tango, hacen falta dos…

Para que haya diálogo, tiene que haber voluntad de llegar a entendimientos. La manera rastrera en que el gobierno de la Generalidad arengó a las masas hacia un referéndum fallido, ha dejado tristes fotografías para el recuerdo. No acabamos de aprender y seguimos pensando que la imposición de una idea por la fuerza bruta es una opción. No lo es, porque España es un país democrático y la soberanía reside en el pueblo español,como ya he dicho, existen unos parámetros legales para modificar la Constitución, hay recursos políticos para negociar aquello que más conviene, siempre pensando en el bien de los españoles, siempre pensando en la mayoría de los españoles. Lo que no puede ser es el bochornoso espectáculo al que hemos asistido, urnas de plástico en mitad de la calle y la gente creyéndose que A)estaba votando y B)pensando que su voto podía tener utilidad…

Qué manera más titiritera de destrozar una convivencia social, cuya fractura será difícil de recomponer, qué manera más escandalosa de despilfarrar el dinero público que tanto esfuerzo cuesta ganar…

Qué fácil es manipular las cifras Sr. Puigdemont, qué fácil seguir mintiendo impunemente, qué fácil inventarse datos e ir de víctima por la vida. Una víctima millonaria a la que se le pueden imputar unos cuantos delitos…a ver cuando le vemos en los tribunales, que quien la hace la paga…¿o es Puigdemont un personaje VIP que no responde ante la Justicia ni tiene por qué respetar las leyes?

Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se desplazaron a Cataluña para proteger a la ciudadanía y para impedir que se cometiese un delito, y yo se lo agradezco enormemente.¿Hubo carga policial? Pues no lo sé exactamente, las imágenes son impactantes pero no significan nada sino se contextualizan y se explican las circunstancias. Dejo aquí el testimonio de quien sí estuvo en primera línea.

Lo que yo ví fue cómo la gente le lanzaba piedras a la policia nacional y a la guardia civil, vi cómo les gritaban y les insultaban, vi cómo les empujaban y les atacaban y les escupían, vi con estupor y vergüenza cómo los Mossos se encaraban a la Guardia Civil…Los Mossos, que se lavan las manos, que se quitan de en medio desobedeciendo un mandato judicial, que incumplen con su obligación…¿podríamos llamarles cobardes y desleales?¿dieron muestras de no merecer estos adjetivos?

Desde luego coincido absolutamente con todos los que afirman rotundamente que no se tendría que haber llegado a esto, me duelo con todos los que viven asustados en sus propias calles, me solidarizo con quienes ayer fueron atacados y reivindico el único camino posible en democracia: hacer cumplir la Ley.

Cuando cumplimos la ley damos muestras de civismo, cuando cumplimos la ley estamos dentro de los márgenes de la convivencia, cuando cumplimos la ley aseguramos la paz de una sociedad entera, pero esa ley no puede ser prostituida al capricho de un mal político que, despreciando la ley, nos desprecia a todos.

No desandemos nuestros pasos porque pudiéramos llegar a donde nunca querríamos ir, a donde nunca querríamos volver.

El niño preferido

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El niño preferido en una casa puede llegar a convertirse en un monstruo. Es el típico niño malcriado que pide todo y todo se le da, a veces incluso antes de que lo pida. Así, el pobre, acaba convirtiéndose en un ser deforme que está lejos de captar la realidad de las cosas, pierde todo criterio objetivo y acaba siendo injusto y tirano.

Esto es lo que pasa.

Además, los progenitores acaban arredrándose ante las crecientes exigencias y amenazas del enano que va creciendo un poco descerebrado, cada vez más violento y chulesco y convencido siempre de estar en el derecho de merecerlo todo. ¿Incluso a costa de sus otros hermanos? Por supuesto. Sobre todo, por encima de sus hermanos, del Papa de Roma o de Carlos V.

Los hermanos ven afligidos a unos padres débiles y dubitativos y a un hermano que a toda costa quiere desvincularse de lo que no puede desvincularse nunca, porque aunque sea un monstruo egocéntrico y malcriado, lo cierto es que es hijo de esos padres, hermano de sus hermanos y miembro de esa familia. Por más que le fastidie.

Ejemplos tenemos muy actuales, como el caso de  los separatistas, golpistas en Cataluña, región por cierto, que ha sido siempre favorecida, siempre mimada, siempre abusadora…y todos los “papás estado” que han tratado con ella han sido sumisos, permisivos y excesivamente generosos y, bueno, ahora tenemos la patata que tenemos. Patata, por cierto, de elevadísimo precio que principalmente, no se engañe nadie, van a tener que pagar quienes viven en Cataluña, sean lo que sean.

Y vista la situación, el lendakari sale frotándose las manos y como otro niño malcriado, pide, exige, quiere, demanda, reclama un montón de juguetes que “papá estado”…no sabemos aún qué hará.

Ojito con la mala educación de los hijos, que sale cara, muy cara, y aquí sí, aquí pagamos todos, todos, todos.

Si yo estuviera en el Gobierno dejaría de mirar para Tarifa, ahora y en los próximos cien años. A más no me alcanza la vista.

Desde la planta de arriba

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Escribo desde la planta de arriba de la casa unifamiliar donde batallan mis padres cada día.

El tiempo y la enfermedad hacen estragos en el cuerpo y  en cada jirón del alma y en ellos, la vejez se va aposentando con la misma naturalidad que el día persigue a la noche hasta completar la oscuridad.

Él está fuerte como un toro, o como dos, o como tres; ella no, ella está frágil como un gorrión recién salido del cascarón, o como dos, o como tres…

Aquí el tiempo se sucede de manera distinta, no es el ritmo al que estoy acostumbrada, concediendo que todo tiempo tiene un espacio común y sin embargo se mueve de distinta manera, de tal modo que pudiera ser un viento huracanado o una brisa juguetona o una calma chicha, según por quién y por dónde pase.

Mi madre está recibiendo una de sus clases de fisioterapia y rehabilitación en un intento desesperado por frenar lo inevitable.  Creo que esas clases le hacen bien y a la vez la agotan, pero sobre todo, espantan el tedio y la inmovilidad que puede ocasionar la quietud o el aburrimiento.

Mi padre andará metido en sus lecturas; es un hombre culto e instruido que a sus ochenta y dos años ha tenido que solicitar que le permitan “aparcar” la tesis doctoral en la que ha estado investigando el último año, porque ahora mismo su asignatura pendiente, su matricula de honor es ella, siempre ella, desde hace casi sesenta años ella, solo ella.

A mí me vais a perdonar el post autobiográfico pero, de uvas a peras, es bueno mirar hacia adentro, mirar alrededor, mirar a los demás, los protagonistas de mi personal película y dedicarles unas líneas.

En esta ocasión y en expresión taurina, va por ellos, mis padres.